Tapa Conflicto en Colombia

 

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Parte I

Capítulo I

Estado, Gobierno y Orden

Hay que establecer diferencias entre la necesidad de mantener el orden, e incluso satisfacer la necesidad de justicia, reparación y perdón para las víctimas -de un lado y del otro-, con la necesidad de una Paz con justicia social en un país, en el que hay muchas demandas insatisfechas en lo social, laboral, desarrollo territorial etc. Que guerrillas como las FARC, el ELN -o varias otras anteriormente-, hayan cometido faltas que deban ser reparadas judicialmente, no anula la necesidad de justicia equitativa y distributiva en cuanto a la conformación y función del Estado.

En los procesos de “pacificación” se toma como eje, al Estado -los Gobiernos que lo conducen mediante legislaciones inamovibles que establecen los parámetros dentro de lo que debe ocurrir, todo para conveniencia y beneficio de ellos y los sectores corporativos que los acompañan y sostienen- ya que, teóricamente, constituye la variable legítima sobre la que habría que girar para sanear la situación.

En el caso de Colombia, como en otros casos que cabrían, el “eje del proceso” debe estar fuera, ya que, independientemente de que, formalmente, el Estado es el actor legítimo, en los hechos no es tal, debido a que ha sido “cooptado” 16 por grupos que lo conducen según sus intereses corporativos y no nacionales. De esta manera, todo debe estar orientado a encontrar puntos de equilibrio entre las partes, pero según variables que deben ser fijadas nuevamente desde el eje externo. Esto requiere, desde ya, la “refundación del Estado” en el que deben participar todos los sectores del país, no las dirigidas por determinados sectores que terminan acomodando todo a sus intereses sectoriales, sino por Constituyentes resultantes de Asambleas populares que agoten el debate de cada sector de la sociedad.

El marco institucional vigente, más las adendas que van haciendo los Gobiernos para fortalecer sus políticas y posiciones, es el freno para todo tipo de demanda y búsqueda de cambio. Cualquier actividad que vaya contra este marco institucional, es frenada con total legalidad, reprimida y castigada. ¿Cómo modificar un marco institucional que es el sustento del Estado en lo interno y el elemento central de configuración en el contexto mundial?

La tesis de este trabajo:

Conflictos como el de Colombia, ocurren, porque el poder es utilizado por los Gobiernos para satisfacer aspiraciones y necesidades de grupos corporativos, relegando al pueblo, que prácticamente está subordinado a “legitimar con el voto” a los gobernantes, criminalizándose sus demandas. Si los pueblos -desde “abajo”- no aprenden a participar activamente, defendiendo sus propios derechos, desde “arriba” no serán respetados y sus demandas no serán satisfechas. Esto no implica vivir en un permanente estado de conflictividad, pero tampoco de parálisis expectante de que, porque se eligió un Gobierno, éste ya debe satisfacer todo, dado que es su obligación. Donde no hay controles, no hay justicia.

Como dice Tucídides, la justicia sólo es entre iguales, ya que entre desiguales, el poderoso aplica la justicia, desde su perspectiva, al débil 17. Esto lleva a considerar que en todo proceso de negociación -en el que no hay convergencia ni funciona el derecho-, es necesario tener un poder suficiente para contrarrestar al oponente, ya que éste tratará de imponer su posición. Este es el tema de las guerrillas -y de la sociedad civil en general-, fundamentalmente en sistemas donde la “democracia” es un simulacro electoral, pero no existe participación real ni permitida, ya que cualquier demanda es criminalizada.

Una sociedad no puede vivir en la anarquía, de la misma manera que tampoco puede vivir en un estado de orden cerrado, sin justicia para las demandas. Si no se encuentra un equilibrio entre orden -en términos de gobernabilidad- y justicia -en términos de satisfacción de demandas en forma equitativa y distributiva-, el sistema se mantiene en una condición de inestabilidad destructiva 18. La única manera de resolverlo, es yendo a las causas profundas o cambiar de sistema, más que reprimir al proceso.

Las conversaciones de Paz deben derivar en un nuevo pacto social, fundador de un nuevo Estado y no en la continuidad del Estado tal como viene desempeñándose. No deben haber limitaciones, si se quiere que la Paz sea estable y duradera 19.

Teorema del Poder, el Orden y la Justicia

La cuestión central sobre la posibilidad de solución pacífica al conflicto colombiano, radica en ver en qué medida el Gobierno aceptará modificar el orden vigente, para satisfacer las demandas de justicia, no sólo en los temas planteados por los grupos insurgentes en la Mesa de negociaciones de La Habana sino, y fundamentalmente, por los diferentes sectores de la sociedad colombiana, que no sienten que estén representados ni por la insurgencia ni por el Gobierno.

Resulta muy complejo que haya un punto de equilibrio entre:

a. la distribución del poder;

b. el establecimiento y mantenimiento del orden; y

c. la administración de justicia.

El problema generalizado, es que el orden distribuya justicia, en términos equitativos, para todos, y no desde el punto de vista y según los principios de los ordenadores. Para alcanzar el objetivo de una mayor justicia en el orden, tendría que hacerse mediante una “ecuación”, que permita un equilibrio entre distribución de poder, establecimiento de orden y administración de justicia. En términos teóricos esto es factible pero, en la práctica, resulta muy difícil y complejo; por ello, al tratamiento de esta temática lo he denominado “teorema”, ya que puede plantearse, aunque resulte difícil de resolverlo en los hechos 20.

En un sistema 21, en el que el poder de generación de pautas de régimen lo tienen unos pocos, la única alternativa para que el orden contemple las aspiraciones de la mayoría, es que haya una mayor “difusión” del poder -Ver Gráfico sobre “Posibilidad del Orden Justo”-. En este caso, la difusión de poder, está vinculada al grado de conciencia y participación activa de la población; tema que, en el caso de América Latina, es muy bajo, ya que hay una cultura verticalista y personalista, de seguir al caudillo o al líder o de delegar las decisiones, desentendiéndose totalmente de cómo actúen los que deciden, más allá de la queja.

Gráfico 1: Posibilidad del Orden Justo

Posibilidad del Orden Justo

 

Se presume que en el ámbito estatal, al haber elecciones, las posibilidades de equidad son altas; no obstante, los hechos, -en mayor o menor medida, dependiendo de los Estados y el funcionamiento de sus sistemas políticos- muestran que la equidad está subordinada a las asimetrías existentes, especialmente en el terreno de la distribución, aunque en muchos casos esto también se refleja en lo judicial 22. El hecho es que en la región, le llamamos “democracia” a los “sistemas electorales”, independientemente del grado de participación de la población 23 y del grado de representación de los elegidos. El término “representante” es más formal que real, dado que una vez electos, toman decisiones, en muchos casos, opuestas al discurso emitido y a la voluntad electoral y, si hay demandas o quejas, la respuesta es: “en las próximas elecciones cambien el voto”, lo que no resulta posible, porque el sistema funciona como una “calesita”: siempre se reciclan los mismos. La posibilidad de cambios o de acceso a quienes tengan voluntad de cambio, es muy baja.

La modificación de las pautas de poder, en términos de alcanzar una mayor difusión, genera “desorden”. Todo cambio tiende a desordenar-reordenar. Los ordenadores que detentan el poder, buscarán permanentemente que no haya difusión del poder. Tratarán por todos los medios de establecer mecanismos fragmentadores para que la “periferia” no maximice poder y presione para el cambio de manera efectiva.

El poder es la variable crítica, generadora y “sustentadora” del orden, y el orden vigente tiende a conservarse, a través de los mecanismos de mantenimiento, generados por sus ordenadores 24. Todo lo que se sobrepase de estos parámetros resulta “antisistémico”, por lo tanto es sancionable. De aquí sacamos como corolario que, para que sean “legítimos” los cambios, se requiere del poder suficiente. En última instancia, el poder es la variable crítica -también- para -entre otras cosas- “modificar” el orden vigente.

La búsqueda de la justicia dentro de un orden, genera desorden, provocado por los cambios. Por otra parte, el statu quo favorece la injusticia.

Los sistemas políticos, tal y como existen en América Latina, tienden al statu quo, y no facilitan la equidad y el cambio, por lo que terminan siendo fuentes de conflictividad e inestabilidad.

El Conflicto y sus Características

Con frecuencia se dice que “no es lo que parece”, en circunstancias poco claras y muy confusas, cuando se quiere justificar conductas. Hablemos de “lo que parece” el caso Colombia: Se parece a un conflicto basado en posiciones irreconciliables en las que una de las partes, el Gobierno 25, lo que defiende, son intereses de grupos terratenientes y empresariales y un modelo neoliberal de economía, bajo el concepto de “democracia” electoral; mientras que por el otro, la guerrilla -en términos genéricos-, busca un modelo en el que todo lo que se parezca a neoliberal sea eliminado y se logre una justicia social soberana, con un Estado que mantenga afuera siempre a cualquiera que pretenda algo que no esté dentro de esos cánones. Uno y otro pueden tener su racionalidad, pero desde un principio son irreconciliables. Entre medio, está la sociedad civil en general, con toda su diversidad de sectores que, no necesariamente se siente representada por el accionar de la guerrilla, independientemente de que esté disconforme o tenga reclamos insatisfechos con los diferentes Gobiernos.

La libertad termina donde comienzan los derechos del otro: neoliberalismo o socialismo imponen y restringen. En los hechos se trata más de un problema de poder para defender los derechos propios que, en el marco del “pacto social”, ha sido delegado al “Estado”, pero cuando éste se confunde con el Gobierno vigente y deja de cumplir con el objeto para el que fue creado, pasa a ser un problema individual -o sectorial- y en función de la capacidad de poder de que se disponga, ya que éste es asimétrico 26.

La historia de la humanidad, es la historia de los que generan y controlan el sistema y adoptan políticas “statuquistas”, porque están conformes con el estado de cosas y evitan que hayan cambios, mientras que los que están disconformes con el sistema, buscan cambios y se transforman en “conflictores” y anti-sistémicos en última instancia. Esto puede transformarse en un ciclo 27.

En Colombia es necesario preguntarse, por un lado: ¿por qué aún hay personas que, generación tras generación, se unen a grupos armados y luchan?; por el otro: ¿por qué los Gobiernos eligen la vía militar y no la política y de negociación? ¿Los que acceden al Gobierno, defienden intereses del “establishment” 28 pero no de la Nación?

¿Negociar la Paz o hacer Justicia (judicial)?

La idea es que la Paz, implica hacer justicia, atendiendo a la satisfacción de las demandas en términos equitativos y distributivos, sino estaríamos hablando de “Pax”. No implican una alternativa: Paz o justicia en esos términos. Sí, para el caso de que se busque la Paz, y se deba resolver el tema de las posibles sanciones vinculadas a los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, para todas las partes y no sólo para algunos o una de las partes, pensando en términos de “poder”.

La acción eficaz de la justicia acata el deber de todo Estado de garantizar, mediante el esclarecimiento de los incidentes, la denuncia y la sanción de los responsables de los crímenes más graves, que estos hechos jamás vuelvan a repetirse. Para lograr la Paz no es necesario sacrificar la justicia, por el contrario, hay que lograr que la justicia siente los fundamentos de una Paz sostenible 29, que considere la reconciliación de las víctimas de la violencia y un perdón de fondo entre víctimas y victimarios.

La Paz, debe ir acompañada de dos tipos de justicia:

a) Por un lado, la que hace que los responsables de los crímenes sean sancionados, en tanto se identifiquen los crímenes y a los responsables de todas las partes en un conflicto.

b) Por el otro, la justicia en términos de satisfacción de las demandas, origen del conflicto.

Ambas justicias no son incompatibles y, por otra parte, necesarias para que la Paz sea con reconciliación y sea estable, que no deje el trasfondo del conflicto latente.

La impunidad no es la solución a un conflicto armado; construye sociedades frágiles. La teoría de la Paz por encima de la justicia está muy cuestionada. La Paz, a largo plazo, no es posible sin la justicia. Si en una sociedad la justicia no es prioridad, no se harán avances reales y tarde o temprano se crearán situaciones más explosivas 30.




© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, “Paz o Pax” en América Latina: Conflicto en Colombia, (Córdoba, Edic. del Autor, 2017), ISBN: 978-987-33-2238-9, eBook, CDD 327.1


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET) 1988-2013.
e-Mail: luisdallanegra@gmail.com



16 Llamándole “democracia” a la cooptación de votos, que legitimarán su accionar, independientemente de que se cumpla o no con lo prometido en las campañas electorales.

17 Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Libro V, parágrafo 105.

18 Se acelera la entropía del sistema en la dirección de su destrucción.

19 Tal como se verá más adelante en este trabajo, en el proceso de negociación encarado por el Gobierno de Santos, -siguiendo pautas similares a las de anteriores Gobiernos-, las “limitaciones” han sido el eje de las negociaciones -según las pautas establecidas por el Gobierno-, por lo que el conflicto no será resuelto, sino pacificado.

20 Este tema lo he estudiado en profundidad para el caso del sistema internacional en, Dallanegra Pedraza, Luis, El Orden Mundial del siglo XXI, (Buenos Aires, Edición de la Universidad, 1998), págs. 201-206. El modelo funciona perfectamente para el caso del sistema estatal.

21 Sea internacional o estatal.

22 La justicia alcanza siempre a los de “abajo”, mientras que resulta débil e insuficiente para las faltas o delitos cometidos por los de “arriba”. La justicia es un concepto abstracto, no existe en el sentido de aplicación igual para todos; el más fuerte siempre impondrá su voluntad. La justicia se manifiesta entre iguales y no entre fuertes y débiles, caso en el que sólo es posible una relación de dominio. Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Libro V, parágrafo 105.

23 En las elecciones en Colombia participa menos del cincuenta (50) porciento; esto no significa que, luego de emitir el voto, continúan participando como ciudadanos comprometidos. En países como Argentina, el voto es obligatorio, de manera tal que participa prácticamente todo el electorado, pero el grado de conciencia electoral es bajo, así como el de participación política. Siempre se vota por el líder o por el que tiene el mejor discurso, o por el “menos malo”, cuando no se ven alternativas claras -voto castigo-.

24 Aquellos que detentan la ideología dominante y direccionan al sistema.

25 Como si fuera un actor independiente del pueblo que lo elige para administrar sus asuntos.

26 Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (Madrid, Akal, 1989), Libro V, parágrafo 105.

27 La Revolución Francesa es un buen ejemplo. Los “disconformes” pasaron a ser los conductores del nuevo “sistema”.

28 En la jerga política, se considera establishment al sector que opera como factor de poder dentro de un sistema político; al grupo dominante visible o élite que ostenta el poder o la autoridad -más allá del Gobierno formal- en una Nación. En Colombia, acostumbran decir “establecimiento” haciendo referencia al mismo concepto. Prefiero hacer uso del término en inglés, que es más frecuente y entendible, y no se presta a confusiones.

29 No hablo sólo de la justicia en términos “judiciales”, sino, y fundamentalmente, de justicia en términos de equidad y distribución.
30 Durán Núñez, Diana Carolina, Prometer Amnistías no es la Solución: Entrevista con Serge Brammertzen, Jefe de Fiscales del Tribunal para la Antigua Yugoslavia, en Diario El Espectador, Bogotá, 15-5-2013, http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-422219-prometer-amnistias-no-solucion.