CHINA PRESENTE Y FUTURO
©  Alberto DELFICO (1)
INTRODUCCION

China no es simplemente una región de casi diez millones de kilómetros cuadrados, el 7% de la superficie del planeta, en la que vive el 22% de los habitantes. Es por sobre todas las cosas una realidad cultural y económica que crece aceleradamente, y es además una realidad política a escala planetaria que nadie puede ignorar. Tampoco puede ignorarse ni por un instante que su población, a pesar del rígido sistema de natalidad, crece en quince millones por año.

China está viviendo profundas transformaciones sociales que trasciende las experiencias conocidas tanto en el campo del capitalismo como del socialismo.

Los cambios económicos en Asia, particularmente en el este asiático, son probablemente el fenómeno más importante en la política mundial a partir de la Segunda Guerra Mundial, solo comparable con la caída del Muro de Berlín y la formidable revolución operada en la electrónica y las comunicaciones

Este crecimiento económico si bien ha provocado una explosión en el comercio mundial, no significa de modo alguno que el mismo afianzará las condiciones de estabilidad del planeta. Pero algo es cierto, ha llegado para instalarse un nuevo actor, impensable hace apenas dos décadas.

El crecimiento económico, para muchos expertos tanto economistas como militares, terminará incrementando la intensidad de los conflictos entre las sociedades asiáticas y el mundo occidental, y alienta a esas sociedades a aumentar su apuesta en el conflicto con una región que históricamente la sojuzgó. En esta hipótesis, innegablemente la China de los años 90 aparece como la cabeza visible, hegemónica, que puede llevar a muchas naciones con base de población china o no, a plegarse a esta política de enfrentamientos, no necesariamente militares, con el mundo occidental.

Conocer China en particular y la región en general no es una tarea simple. Los vertiginosos cambios que se produjeron en China en pocos años llevaron al mundo occidental, poco conocedor de aquella realidad, a interpretaciones poco precisas. Recién en los últimos tiempos hemos comenzado a tener más claridad de la evolución del gigante asiático. La personalidad de Mao cubrió China en todo sentido hasta poco después de su muerte. Su famoso Salto Hacia Adelante entre los años 1958-62 estuvo influenciado por los acontecimientos políticos que vivía el mundo en aquellos años. Recién ahora se sabe con precisión, cuales fueron sus consecuencias y hasta donde esa maniobra de Mao fue un rotundo fracaso, paralizando no solo la vida cultural de los chinos, sino además su economía.

Por supuesto China no es simplemente la Gran Muralla, sus palacios imperiales, la milenaria utilización de la acupuntura, o la Gran Marcha que terminó con la instalación del comunismo en el país más poblado de la tierra. Los guardias rojos por otra parte solo incidieron -de manera muy negativa- en la vida de China durante una década (1960-70).

La declinación de los temibles guardias rojos quedó sellada cuando el primer ministro Chou-En-Lai, decidió invitar a Nixon a visitar China en ocasión del célebre partido de ping pong. Ni siquiera la matanza de Tiananmen en 1989, es un tema central para la China de hoy (2). El ejército chino había recobrado el protagonismo al lado del partido.

Es además, lo más importante para entender la China de hoy, el país con el desarrollo económico más explosivo de la última década, el cual, de continuar a este ritmo la convertirá en el país de mayor PBI del planeta en apenas tres décadas más. A esto debemos agregarle que cientos de millones de chinos, a pesar de la explosión económica, aun viven en condiciones muy precarias.

China significa también el único lugar de la tierra donde un partido único, tras la debacle de la URSS, gobierna con mano de hierro el presente y traza el futuro, lo cual no fue ni es impedimento para que adoptara un modelo económico similar al de sus vecinos asiáticos.

Hay una ancestral disciplina política ejercida por un poder central, una cultura que tiene sus orígenes en Confucio y Buda (más de 2.000 años), la cual enfatiza el trabajo, la educación, la jerarquía.

Los cambios que están viviendo los chinos y transformando el país, aparecen en un marco de equilibrio, un poco como la propia vida y cultura de los chinos; el agua-fuego, sol-luna, hombre-mujer, ying-yang, bien-mal. Así han planteado su modelo: propiedad estatal-propiedad privada, planeamiento centralizado-mercado competitivo, autoritarismo político-libertad económica, todo ello conducido por una ideología, el marxismo que no nació precisamente en China.

Penetrar en el presente y en el futuro chino, tanto político, como económico y social no es tarea simple, salvo para aquellos que creen conocer todo de todo. Pretendemos hacer proyecciones a través de los datos que hoy conocemos. ¿Quién podría suponer al comenzar la década de los ochenta, hace apenas quince años, que China adoptaría este camino? En esos años no se veían carteles publicitarios típicos en nuestras sociedades, anunciando automóviles, comidas, viajes en avión, alimentos, o simplemente suponer que los famosos Mc Donalds, probablemente el producto más "típico" del capitalismo de estos años, se popularizaran tanto en sus ciudades. Eran los años también en que los chinos aceptaban introducirse en las tecnologías de Occidente, pero se negaban a copiar las modas de Occidente. Todavía permanecían aferrados al uniforme azul de los tiempos de la revolución. Hoy, unas cien mil fábricas chinas producen ropa occidental de las grandes marcas, no solo para exportar; y en sus grandes ciudades funcionan discotecas y centros de entretenimiento considerados "contrarrevolucionarios" unos años antes, cuando decenas de miles de personas, chinos por supuesto, exhibiendo el Libro Rojo de Mao, saludaban su retrato al grito de viva el presidente Mao.

Estaban de moda a fines de los setenta, las reuniones en lo que llamaban salones de respeto y miles de militantes repetían incansablemente frases como no te tomes libertades con las mujeres, acata las órdenes.

LA REGION ASIA-PACIFICO.

Al comenzar la década de los sesenta, la región que podríamos denominar Asia-Pacífico (Japón, China, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Tailandia, Malasia Indonesia, Filipinas) apenas representaba el 4% de la riqueza mundial. Al terminar este siglo, solo cuatro décadas después, estos diez países que concentran casi la mitad de la población mundial, representarán un tercio de esa riqueza.

Sería una ingenuidad suponer que este espectacular resultado es obra de algún "milagro". Ha sido la combinación de tres factores centrales, tecnología, productividad, competitividad. Para no pocos expertos que analizan el tema, tiene también importancia la formación cultural de esos pueblos, aunque es justo decirlo, las razones económicas que destacamos son el primer factor de esta transformación.

El próximo siglo (¿o ya?), estará caracterizado por una economía global concentrada en el eje del conocimiento. Ya las únicas ventajas competitivas son el manejo del desarrollo tecnológico, las habilidades y el ingenio de la fuerza de trabajo en el marco de una cultura de productividad y competitividad.

Este aspecto que estamos analizando pasó de tener serias desventajas en el sector agropecuario (no lograban producir los alimentos necesarios) a visibles ventajas competitivas en lo que podríamos denominar industria moderna. La región en general, y China en particular cuentan con una red de instituciones apoyadas por sus gobiernos, cuya función esencial es promover la productividad y la competitividad para introducir tecnología aplicada y capacitar sus recursos humanos.

En el caso concreto de nuestra región -América Latina-, hemos vivido un proceso distinto de desarrollo económico. Lo que podríamos llamar la primera etapa se basó en la exportación de materias primas. Luego vino la etapa que conocimos como de sustitución de importaciones (el cepalismo), para entrar en esta década a una desordenada liberalización y apertura, resultado de las concepciones neoliberales que han estado predominando en el mundo en esos años. Ello nos lleva a pensar que nuestra región necesita un nuevo modelo de desarrollo, uno que quizá con algunas semejanzas con el modelo asiático, no descanse exclusivamente en la existencia de recursos naturales.

En apenas un par de décadas Japón dejó de ser el único gran referente, el competidor de Occidente en el mundo asiático, para compartir ese lugar con China, lo cual no significa que Japón haya desaparecido de la escena. Se plantea así, un estado complejo en las relaciones internacionales.

El caso de Taiwan, nos demuestra en datos, que su experiencia exitosa en las exportaciones, fue lograda a través de sus pequeñas y medianas empresas.

Por supuesto que nuestro planteo no es creer que la región convertirá a Occidente en el corto plazo en algo obsoleto, pero debemos aceptar que la región de Asia-Pacífico se ha convertido en una nueva frontera y el centro más dinámico de oportunidades en el mundo actual.

Han superado muchos decenios de subyugación por las grandes potencias europeas. Indonesia por los holandeses, Singapur y Malasia por los ingleses. Hoy, estos países están afirmados en campos que tradicionalmente fueron del dominio americano, inglés o alemán como es la innovación tecnológica, producción industrial y el mercado. Están a la cabeza, en la producción de microchips, circuitos integrados, telecomunicaciones, automóviles, computadoras, astilleros, refinerías.

Hay además algunos datos más que sugestivos para corroborar esta explosión de desarrollo. La ruta área más utilizada en estos momentos en el mundo no es Nueva York-Londres o París-Nueva York. Las tradicionales rutas áreas, las más pobladas y transitadas durante décadas, han sido superadas por la ruta Seattle-Tokio. En estos últimos años el tránsito aéreo entre los países del Asia-Pacífico y EUA, creció a casi el 15 % anual. Además en esta región están los bancos más grandes del mundo.

De manera parecida está sucediendo con el transporte marítimo. De los diez puertos del mundo con mayor movimiento de contenedores, seis están en la región del Asia-Pacífico, y es esta región la que construye el 60% de los barcos del mundo.

Por otra parte, es importante recordar que el éxito de este modelo no significa que no haya otros países más productivos (Suiza o Suecia por ejemplo), y con mayores niveles de desarrollo tecnológico (EUA), o con mayores niveles de competitividad (Alemania). Así como es importante recordar y reconocer a estos países del mundo desarrollado, también debemos reconocer que los países del Asia-Pacífico han logrado un llamativo equilibrio en tecnología, productividad y competitividad, en plazos relativamente cortos.

No pecamos de exagerados si decimos que hay una guerra en pleno desarrollo, una guerra que ocupa las 24 horas del día todos los días del año. Es la guerra por la investigación y el desarrollo. Es la guerra por no quedar rezagados en la competencia, a nivel mundial.

Basta echar una rápida mirada a las inversiones de las grandes corporaciones a nivel planetario para comprender. IBM destina alrededor del 20% de su presupuesto en investigaciones. De manera parecida se comportó la Boeing para perfeccionar su avión 777, y la japonesa Sharp, para multiplicar los usos de las pantallas de cristal líquido, elevó de manera exponencial sus inversiones en investigación y desarrollo.

La alemana Siemens es otra de las grandes corporaciones que dedica un alto porcentaje de sus gastos en I&D, lo cual la mantiene entre las empresas más evolucionadas y competitivas. Las empresas japonesas sin embargo tienen una especie de liderazgo en el campo de las inversiones en I&D, ya que de las diez que más invierten en el mundo, seis son de origen japonés.

El mercado en el Océano Pacífico ya superó al Atlántico, y lo que es más importante aún, el mercado interno de Asia, ya superó al mercado externo de Asia con el resto del mundo.

Poco antes de abandonar su cargo de secretario de Estado de EUA, George Shultz comentó en enero de 1989: "Una nueva economía global basada en la información y la apertura tecnológica, está progresivamente reemplazando viejas decisiones basadas en fronteras nacionales y rivalidades ancestrales." El secretario de Estado no imaginó en esos momentos con cuanta rapidez se cumplían sus pronósticos.

Una característica sobresaliente en los países de la región, entre los que se destaca Taiwan, es la gran dinámica de las pequeñas y medianas empresas en este proceso. Aplicaron un proceso que se lo conoce como "ingeniería al revés", que consiste en comenzar desde el producto final e ir entendiendo y reproduciendo cada producto hasta sus componentes básicos (chips, microchips, semiconductores, pantallas de cristal líquido, etc). Aprenden desarmando y copiando, pero con conciencia de tecnología y método, o como suelen llamar a este sistema en Hong Kong: imitación creativa.

En 17 países de Asia, funcionan organismos nacionales coordinadores, los cuales coordinan políticas de productividad y tecnología al más alto nivel de decisión y compromisos gubernamentales. Los resultados demuestran que el fenómeno de crecimiento exitoso del Asia-Pacífico se debe en gran medida a estas organizaciones, las que son, por otra parte, una concepción y producto esencialmente asiáticos.

Los asiáticos utilizan una palabra que suena como "Zenshin", que significa avance gradual hacia lo mejor, o desarrollo continuo, y es la concepción de este término la que podría explicarnos esta cultura de productividad y competitividad basada en la transferencia de tecnología, necesaria en una doble infraestructura, la institucional y la física.

La primera, la institucional, gira alrededor de un organismo rector que coordina todos los esfuerzos encaminados al mejoramiento continuo. Así es como funcionan activamente los consejos nacionales de tecnología y productividad, cuya función es encauzar todas las acciones hacia la mejora de la calidad, hacia la adecuación de normas internacionales de calidad y la coordinación y financiación de organizaciones sectoriales y regionales que logren mejorar los procesos de producción.

También en el campo de la infraestructura, los países del Asia-Pacífico ya ocupan los primeros lugares en materia de mayor inversión (3).

China decidió destinar más del 35% de su PBI a la inversión productiva e infraestructura, cifra que no está lejos del promedio de toda la región (Malasia 35.000 millones, Taiwán 300.000 millones de dls.)

Tampoco puede ignorarse que en el este asiático existen de hecho abundantes puntos de conflictos, (las dos Corea, las dos China), aunque en este último caso, los hechos demuestran que las diferencias ideológicas van perdiendo significación, y frase "una nación dos sistemas" toma cada vez más importancia. En realidad, son muy pocos los observadores y expertos de las grandes potencias que creen efectivamente que incluso los coreanos (del norte contra el sur) terminen enfrentándose militarmente. Medio Oriente es a todas luces una región mucho más conflictiva que Asia.

En el caso concreto de China, el pensamiento oficial y generalizado es que "deben existir límites para las peleas entre los miembros de una familia". Las coincidencias culturales por un lado, y las estrechas relaciones de intereses entre ambas chinas, disminuyen cualquier posibilidad cierta de enfrentamientos.

En este marco, la influencia y la presión de la China continental es ya ineludible e imposible de ignorar.

Los hechos ya dicen de manera elocuente que China es una especie de Estado central y polo de atracción de toda la región. Ello es verificable a través de la presencia de China en la política mundial, el acercamiento de los chinos en el extranjero a China que los ha llevado a aumentar aceleradamente las inversiones en su patria de origen y además en las explosivas inversiones de todo tipo en su tierra.

Para el gobierno chino, quienes tienen ascendencia china, no importa que ciudadanía tengan, continúan siendo chinos (ius sanguinis), y de alguna manera están sujetos a la autoridad del gobierno, una apreciación que no pocos chinos que viven fuera del territorio, reconocen como válida. Es que son chinos quienes comparten la misma raza, la misma sangre, la misma cultura.

Hay lazos que podríamos definir como culturales que dan validez a estas apreciaciones. ¿O cómo se ven a sí mismos los italianos, españoles, alemanes que viven en América Latina? No reniegan de sus ancestros.

Importa, por sobre todas las cosas, analizar y averiguar con toda rigurosidad cómo se manejan las políticas integradas de desarrollo económico y social, las que no sólo han conseguido en China, sino en toda la región, un éxito productivo, sino también erradicar formas de pobreza milenaria y mejorar simultáneamente la distribución del ingreso.

Es posible que hayan influido las culturas de estos pueblos para producir armonización antes que incompatibilidades entre producción y distribución adecuada a la todavía baja renta nacional.

Las políticas públicas nos demuestran que se buscó y se continúa buscando armonizar los temas sociales con los objetivos económicos. En el caso muy concreto de China, no podemos olvidar ni por un instante el gobierno autoritario que preside las decisiones. El Estado está permanentemente presente.

POLITICA AGRARIA EN CHINA

Un tema que muy poco conocemos en Occidente es el resultado que alcanzaron los chinos a partir de 1978/79 al impulsar la reforma económica en el sector agrario. La tasa de crecimiento del sector, que en la década de los sesenta apenas superó el 2,4% anual, a partir de las reformas económicas superó el 7% anual (más que se triplicó).

Poco antes de la muerte de Mao en 1974, la agricultura estaba totalmente colectivizada, pasando a partir de 1986 a lo que podríamos denominar una agricultura familiar. En las primeras décadas el campo contribuyó de manera efectiva, debido a la organización que le impuso el partido comunista al desarrollo del sector industrial.

El agricultor se encontró sujeto a distintos niveles de administración. En el vértice estaba la provincia, a la que seguía en orden de importancia la prefectura, el condado, la comuna, la brigada y el equipo de producción. En los dos mil condados había unas setenta mil comunas, y estas comunas a su vez tenían unas 750.000 brigadas las que reunían a unas doscientas familias en lo que podría llamarse una aldea.

El Estado tuvo en toda esta época el monopolio del grano y a través del mismo regulaba los precios y le indicaba al agricultor qué producir y en qué cantidad.

Los campesinos tenían asegurado sus granos si permanecían en sus comunas únicamente. No tenían otra alternativa que quedar fijos en su región. Los terratenientes habían sido reemplazados por el Estado. Era también el Estado el que fijaba la cantidad de grano que correspondía a cada grupo y el excedente lo disponía para sus planes.

Después de la muerte de Mao se produjo un cierto aflojamiento en los controles y la manera de tratar al agricultor, lo cual dejó en descubierto que la política aplicada hasta allí, no solo no cubrió las expectativas del campesino, sino que además no alcanzó las metas que se fijaban. A partir de 1978 se produce un cambio muy importante en las relaciones agricultores-Estado, vigente hasta hoy. Los campesinos han logrado algunas formas más liberales para producir y comercializar sus productos.

EL MODELO INDUSTRIAL

El modelo stalinista de industrialización que puso en marcha Mao desde el momento que accedió al poder, no tenía demasiadas similitudes con la realidad de la URSS, donde José Stalin privilegió la industria pesada por sobre todo, la cual llevaba ya varias décadas de aplicación y una guerra mundial incluso. Es que la economía china de esos años se asentaba principalmente en la actividad agrícola.

A pesar de todo, se lograron en los primeros años, algunos éxitos, como por ejemplo (nada menos) que la inmensa mayoría de los chinos pudiesen comer su ración de arroz

El famoso "salto adelante" de 1958 estuvo presente en la jerarquía china mucho antes. Estaban impresionados por la necesidad de desarrollar la industria pesada a través del socialismo, y apostaron a ello una parte importante de los esfuerzos y recursos.

El monopolio estatal sobre la industria de aquellos años se vio favorecido por el hecho que antes de la revolución los nacionalistas, a través de la Comisión Nacional de Recursos, habían estatizado el 70% del sector industrial. Los técnicos de la comisión permanecieron en el continente cuando cayó el régimen nacionalista, lo cual sirvió de base para poner en marcha un modelo similar al soviético.

Sin embargo el gran salto hacia adelante, complicó los proyectos, los cuales se entorpecieron aún más cuando Mao, preocupado por el curso de los acontecimientos, puso en marcha "la revolución cultural". El modelo de una industria mixta quedó enterrado. Por otra parte, los cuadros militantes del partido tenían experiencia en la economía agrícola no la industrial y su influencia en la escena fue negativa. Se establecieron grandes objetivos que eran poco menos que imposibles de alcanzar. Además la gran influencia de la URSS en la economía china era más una traba que un aporte en el desarrollo del país, lo cual se notará con los años con los durísimos enfrentamientos entre los dos partidos comunistas.

El Segundo Plan Quinquenal preparado por el buró en 1956 no llegó a ponerse en práctica. Las dificultades hicieron que Mao movilizara el gran salto hacia adelante". Le importaba de manera superlativa que los intelectuales se sumaran al gobierno y abandonaran esa posición crítica que tenían frente al mismo.

LA EDUCACION

En los momentos iniciales de la revolución, los chinos copiaron el modelo educacional soviético, sin tener demasiado en cuenta las diferencias que había entre una y otra realidad. Se centralizó la educación y en 1952 se puso en marcha un ministerio de Educación copiado del modelo soviético. Se abandonó la enseñanza del inglés y se puso en vigencia el ruso.

Los miles de chinos que habían viajado a Occidente a capacitarse, al regresar se encontraron con la novedad que debían adecuar sus conocimientos a las normas que establecían los técnicos soviéticos.

En 1956-57 los intelectuales fueron inducidos a través de lo que se llamó "las cien flores" a que criticaran las decisiones de los cuadros del partido. Ello trajo como resultado que miles de intelectuales quedarán "marcados" y aislados del proceso.

LA REVOLUCION CULTURAL (1966-76)

La revolución cultural se produce en China en momentos de gran convulsión en el mundo, principalmente en nuestra región. La revolución cultural solo puede ser entendida a partir de un partido único y un líder ferréamente decidido a imponer sus ideas. Para los chinos que durante milenios siempre tuvieron personalidades con absoluto poder en el gobierno, Mao era una especie de emperador que continuaba aquella tradición. El poder de Mao descansaba, en primer lugar, en la adhesión y fidelidad que las fuerzas armadas tenían hacia su persona. Al frente del ejército profesional había miles de militantes del partido. Lin Piao fue una de las piezas de mayor importancia en esta estrategia de Mao. Cientos de jefes de alto rango tanto del partido como del ejército fueron destituidos. El "Libro rojo de Mao" se constituyó en un factor de gran poder dentro de China. Sus citas eran leídas en todos lados y en todo momento. La muerte de Mao en setiembre de 1976, es el punto central del cambio que comenzará a vivir China, luego de las luchas palaciegas para controlar el poder.

LAS REFORMAS (1978-88)

Con las reformas a comienzos de la década de los ochenta, el partido comunista intentó recuperar la producción rural, la administración industrial, el comercio exterior, la inversión, la ciencia y la tecnología, para lo cual era imprescindible recuperar el liderazgo.

Para ello es fundamental modificar de manera radical muchas actitudes válidas hasta esos momentos. Había que atraer inversiones extranjeras, incorporar también tecnologías externas, poner en marcha en forma inmediata un programa de modernización de todo el aparato productivo. Estas decisiones adoptadas en el más alto nivel solo fue posible alcanzarlas luego de grandes debates internos. Para muchos jerarcas la estrategia de puertas abiertas era una actitud "capitalista", una invitación a la explotación de la mano de obra barata china por el capital internacional. El final del debate lo conocemos. China decidió abrir sus puertas. Comprendieron que el país debía estar abierto y no cerrado al mundo exterior, porque en la actual era de las comunicaciones es imposible mantener cualquier sociedad aislada.

Entre los tantos planteos que se dieron en esos primeros años, no podemos dejar de señalar la reforma que se dio finalmente en 1993, la que decidió convertir a la mayoría de las empresas estatales en corporaciones con inversión estatal. Ello significa que el Estado pasa a ser un inversionista más y controlador de sus propios activos. Por supuesto que estas empresas aceptan también inversiones privadas, y si no funcionan pueden quebrar.

No fue ni es fácil para los comunistas reformistas conciliar lo que ellos definen como su ideología marxista con aquello que en el pasado se hubiera concebido como una economía capitalista. Al principio llamaron a este régimen economía socialista de mercancías (1984), para llamarla unos años después (1992) economía capitalista de mercado. En sus discursos y documentos, el gobierno sigue llamando a la propiedad como propiedad pública, concepto que han extendido a otros sectores del Estado, a empresas colectivas y cooperativas. El término socialismo de mercado, se usa rara vez en el lenguaje oficial.

LAS CUATRO MODERNIZACIONES

La ideología pasó a un segundo plano en estos años. China abrió sus puertas al mundo, y la normalización de las relaciones con EUA fue un hito en esta política, la que iniciada en 1972, se completó en 1979.

En esos momentos, más de diez mil chinos, todos profesionales, estaban capacitándose en los EUA, y decenas de miles de turistas norteamericanos se asombraban con la Gran Muralla, mientras dejaban sus dólares en el país comunista.

Empezó aquí la etapa más rica y valiosa para la nueva China. Comenzaron a llegar capitales extranjeros mientras se iniciaba el traspaso de tecnología. Las Cuatro Modernizaciones debían producirse en la agricultura, la industria, la ciencia y la tecnología. En ningún momento los gobernantes chinos aceptaron hablar de modernización en el campo político.

Para su líder en esos momentos, Deng Xiao Ping, los Cuatro Principios Cardinales eran el gran objetivo. China debía continuar en la senda socialista, la dictadura del proletariado, el liderazgo del partido y el marxismo-leninismo unido al pensamiento de Mao. Así quedaba garantizado el monopolio del poder.

El gobierno conducido por Deng no dudó en reconocer sus errores con millones de campesinos en los años cincuenta, o de los cientos de miles de chinos condenados arbitrariamente durante la revolución cultural. Si a ellos se les sumaban las familias, millones de personas habían sido injustamente juzgadas y condenadas, y el gobierno lo admitía. La Campaña de Rehabilitación se puso en marcha. Quedaba por resolver el tema Mao, quien durante su vida en el gobierno fue todo. Fue Lenín y fue Stalin al mismo tiempo, y fue un emperador con poderes absolutos.

Discretamente la figura de Mao desapareció de la escena. Lo que importaba y sigue importando eran las Cuatro Modernizaciones. El congreso del Partido (1982) decidió separar a millones de afiliados que habían cometido excesos, y se jubiló además a más de otro millón de dirigentes que habían cumplido su ciclo.

Ya en 1984, más de la mitad de los funcionarios del partido tenían título universitario, y los militares veían cómo pasaban a retiro miles de camaradas comprometidos con las "ideas anteriores".

LOS GRANDES CAMBIOS

El principal cambio en la producción agrícola se centró en lo que se llamó sistema de responsabilidades de producción, el que contempla una cantidad de variaciones pero a través de contratos. Los administradores firmaban un contrato con cada familia para que éstas dispusieran determinadas parcelas de tierra. Estos contratos establecen las metas de producción y la compensación que la familia debe percibir. Entregar la responsabilidad de la producción a la familia campesina genera un gran estímulo, ya que cuanto más trabajan y producen, saben que es para ellos. Millones de campesinos se convirteron así en una especie de empresarios.

Seguramente una de las medidas más audaces y más efectivas al mismo tiempo, impuesta por Deng fue la apertura al comercio, la tecnología y la inversión extranjera. Estas reformas industriales sin embargo no pueden ser consideradas como un resurgimiento del capitalismo, pues tanto el partido como el Estado dominan la escena y continúan optando por el colectivismo. Sin embargo importa señalar que la autoridad está representada por los administradores, no por los comité del partido. Las empresas estatales, en lugar de devolver todas sus utilidades (o pérdidas) al gobierno llevan sus propias cuentas, y deben pagar impuestos sobre sus utilidades. Esta mayor autonomía de las empresas y un mercado más abierto incentivaron notablemente la producción.

Nos cuesta siquiera intentar comprender que significa el término de "economía socialista de mercado". En los hechos, y dicho muy esquemáticamente, significa que hay propiedad pública en algunos casos y gestión privada de los bienes de producción. Ello demuestra que el Estado estuvo y está presente en lo que debemos calificar como políticas de centralización.

El PBI más que se duplicó en la última década, y sería ingenuo suponer que este formidable crecimiento del PBI pudo lograrse sin avances tecnológicos importantes, a lo cual debe sumarse también el incremento de la productividad de los trabajadores chinos.

Todo ello en el marco de una política de pleno empleo (deberíamos pensar por un momento qué pasaría en un país donde hay más de ochocientos millones de trabajadores activos, qué ocurriría si se aplicara de manera salvaje las políticas de eficiencia y flexibilización aplicadas por en muchos países de nuestra región), la cual estuvo sustentada en rígidos programas de controles de precios en la primera etapa y de subsidios muy importantes a los alimentos básicos.

MAO: AYER Y HOY

Hoy, recorrer las calles de sus ciudades más importantes como Beiging nos lo demuestran. Hace apenas una década, la inmensa mayoría de los chinos vestían el clásico traje Mao. Encontrar a alguien en sus grandes ciudades en 1997 con ese atuendo es simplemente una exageración. De la misma manera que ha sido "borrado" de la escena pública la figura de Mao. Solo por excepción puede verse su imagen en las calles, cuando apenas unos años antes, su rostro se reflejaba en todo lo que tenía que ver con China y su futuro.

Solo en la aldea natal de Mao, Shaoshan, donde hace apenas dos décadas cientos de miles de peregrinos cantaban ininterrumpidamente sus consignas, se conserva en la estación de trenes un retrato de Mao con una leyenda que parece haberse escrito cuidadosamente: Mao Zedong fue un gran marxista, un gran revolucionario proletario, un gran estratega teórico. Curiosamente no lo mencionan como estadista, que fue lo que Mao siempre se consideró.

En 1979, el constructor de la China Actual, Den Xiaoping, visitó EUA, y la pregunta reiterada de políticos y periodistas sobre qué había de cierto sobre los cambios de su país, el líder chino dio a todos la misma respuesta: "todo cambia. Yo cambio. La vida cambia". Estaría pensando el jefe chino sobre las primeras etapas de la revolución cuando el partido movilizó a decenas de millones de personas para combatir lo que se llamó la campaña contra las cuatro pestes: ¿impedir que los gorriones se posaran en las ramas de los árboles, combatir los mosquitos, las moscas y las ratas, verdaderas plagas milenarias en China?

Algo era seguro: estaban definitivamente superadas esas etapas cuando Lin Piao, un general de los primeros tiempos de la revolución, propuso aplastar los cuatro vestigios del pasado, quemar templos, convertir monasterios en fábricas de zapatos, suprimir la moral burguesa, liquidar al conciliador Confucio, lo cual llevaba además a perseguir intelectuales burgueses, quemar sus libros, hacer que a maestros burgueses se le pusieran orejas de burro. Lin Piao, una vez desaparecido Mao, murió en un accidente de aviación.

CHINA HOY

China ha logrado en las últimas dos décadas el desarrollo económico más espectacular del planeta. La economía del este asiático está cada vez más centrada en China y más influenciada por los chinos. No podemos dejar de considerar ni por un momento que son chinos los habitantes de Hong Kong, los de Taiwan y los de Singapur, y han sido los chinos de estos tres países los que han proporcionado la mayor parte del capital que hizo que China creciese del modo que lo está haciendo en los años noventa.

Los programas oficiales en materia de viviendas, educación, y salud pública han sido permanentes, tanto que algún visitante poco observador, podría confundir las ciudades de Beiging o Shanghai con ciudades del mundo capitalista, si no tuviese en cuenta los caracteres de escritura china.

Por supuesto que tienen los chinos muchos desafíos por delante, pero los resultados alcanzados a partir de la conducción de Deng Xioping, enterrando las políticas practicadas por Mao a partir de 1978 son más que visibles. Hay ya más de un cuarto de millón de empresas extranjeras registradas en China, las que contribuyeron y están contribuyendo de manera decisiva a afirmar el comercio exterior, y provocó al mismo tiempo una fuerte industrialización y creación de empleos.

Todo este crecimiento, en el cual también debemos agregar el funcionamiento de la Bolsa de Shanghai, se ha logrado casi sin libertad económica (4). Este tema no fue impedimento para que las empresas extranjeras, continúen invirtiendo en China como no lo hacen en otros lugares del planeta.

Según datos de Poverty Reduction, un organismo del mundo occidental, China ha reducido en dos décadas, su nivel de pobreza absoluta del 33% en 1970, a menos del 10% en 1992, un resultado alcanzado también de manera parecida por otros países del Asia Oriental. Corea del 23% a 5%, Indonesia de 60% a 15%, Tailandia de 26% a 16%.

Por otra parte, mientras las exportaciones en América Latina en las últimas dos décadas (1975/95), crecieron a un ritmo promedio del 4%, las exportaciones tanto del Asia Oriental, como las de China, casi las triplicaron.

LA CONTUNDENCIA DE LAS CIFRAS

Un funcionario taiwanés, Koo Chen Fo decía: "Antes de 1980 el mercado más importante para Taiwan eran EUA, pero durante los años 90 sabemos que el factor más importante en el éxito de la economía de Taiwán es el continente" (5). Es que la mano de obra barata del continente era una atracción irresistible para los empresarios de la isla que estaban enfrentando en esos momentos escasez de mano de obra. Se autorizaron los viajes hacia y desde el continente, y unos cuatro millones de taiwaneses visitaron China, mientras que empresarios de Taiwan contrataban marineros continentales para tripular sus barcos.

Esta es la realidad que hoy marca la región. El Banco Mundial prevé que para el año 2002, las importaciones chinas superarán los 650.000 millones de u$s, mientras que las del Japón estarán en el orden de los 500.000 millones.

Desde 1993, China está recibiendo más inversiones que Japón (unas cuatro veces), y casi el doble de las inversiones que ingresan a territorio americano, y gran parte de estas inversiones son de lo que podríamos denominar la burguesía china, unos sesenta millones de chinos radicados en Taiwan, Hong Kong, Singapur etc..

El coloso de Asia ofrece un enorme mercado de trabajo para el resto del mundo. Pero este dato debemos complementarlo con otro realmente inquietantes. Cada año, unos diez millones de chinos se suman al mercado laboral en sus ciudades y poblados, mientras que en el campo se estima que hay unos cuatrocientos millones de trabajadores.

LAS FORMAS DE TRABAJO

En el siglo XXI, de persistir las condiciones actuales, la reconversión llevará a unos trescientos millones de trabajadores a reclamar empleo, más que toda la población de EUA.

Frente a estas apubullantes cifras, poco se sabe de las condiciones tanto salariales como de horarios y tecnológicas con que se trabajan en los grandes centros fabriles. También poco y nada se sabe con relación a los derechos de los trabajadores y sus organizaciones sindicales.

Si bien los derechos de los trabajadores están reconocidos y formulados en la Constitución, están protegidos verbalmente. La Ley de Trabajo aprobada en julio de 1994, referente a ingresos mínimos, seguridad y salud en el lugar de trabajo, horas y beneficios, desempleo y supervisión de la gestión por instituciones públicas y sindicatos, a pesar de que han pasado ya cuatro años aun no ha sido puesta en vigencia.

Lo que sí ha entrado en vigencia es la semana de trabajo de 44 horas, reemplazando la semana de 48 horas. En general se coincide que los ingresos mensuales son de unos 40 dls., los que mejoran de manera relativa como consecuencia del bajo costo del alquiler, el transporte y los otros servicios en general, incluida la comida (viajar en taxi durante cuarenta minutos cuesta unos tres dólares, tomar una coca cola 25 cts., comer una hamburguesa completa tal cual se come en cualquier ciudad del mundo en los locales de los Mc. Donalds chino, cuesta 1,2 dólares).

Hay temas que no parece posible responder en estos momentos con responsabilidad, como es cual será la reacción de millones de chinos que han quedado desfasados frente a otros compatriotas que como ellos, una década atrás se ocupaban de labrar el campo o compartían un puesto en las fábricas colectivas, pero millones de ellos, "ascendieron" en la escala económica y ahora son dueños de mansiones y tienen personal de servicio. La mayoría de los observadores suponen que no será un tema conflictivo en el futuro. Los chinos con sentido de la oportunidad suelen decir que "mientras el partido sostiene que solo el socialismo puede salvar a China, otros chinos, más jóvenes afirman que solo China puede salvar al socialismo".

LOS GRUPOS DE PODER

La base del PC chino está dada esencialmente en el campesinado y en las fuerzas armadas. Estos sectores son el apoyo más visible y más importante del sistema, y son estos grupos los que más reclaman por medidas contra la corrupción generalizada en las estructuras del gobierno.

Tampoco hay que olvidar que a pesar de ser minorías en países como Filipinas (1% de la población) y en Indonesia (apenas el 3%), esos asentamientos chinos controlan alrededor de la mitad de los capitales privados de esos países. Una sola empresa de Indonesia controlada y dirigida por chinos, produce el 5% del PBI del país. Malasia, otro de los países mencionados constantemente como uno de los "milagros económicos" en el sudeste asiático está habitado por un tercio de población china. Solo Japón y Corea en la región están fuera de esta influencia.

Por ello estas reflexiones son importantes para situarnos en la realidad de lo que significa hoy China, un país que si bien es cuestionado por su interpretación de los derechos humanos, es considerada por EUA como nación más favorecida en materia de comercio.

En 1992, el 80% de la inversión extranjera en China (doce mil millones de dólares) procedió de chinos radicados en el extranjero, principalmente en Hong Kong, aunque también llegaron capitales de Taiwan, Macao y Singapur. En esos momentos la inversión de EUA representaba el 4,6% del total y la japonesa se elevaba al 6,6%. De la inversión extranjera acumulada hasta allí, unos cincuenta mil millones de dólares, el 68% procedía de fuentes chinas.

Algunos datos -impresionantes- muestran estas tendencias. Las exportaciones de Taiwan hacia China que en 1986 eran poco menos que insignificantes, seis años después significaban el 8% del total de las exportaciones de Taiwan. De manera similar podemos decir de las exportaciones de Singapur hacia China, las que crecen a un ritmo superior al 20% durante estos años.

El general Mural Weidenbaum, un especialista en los temas estratégicos, económicos y comerciales de Asia escribía: "Pese al actual dominio japonés de la región, la economía asiática de base China está surgiendo rápidamente como nuevo epicentro de la industria, el comercio y las finanzas. Esta zona contiene volúmenes importantes de potencial tecnológico (acaban de firmar con Brasil un convenio sobre la utilización de cohetes para colocar en órbita satélites de comunicación y con la CEE un acuerdo de más de tres mil millones de dólares para fabricar en conjunto el exitoso avión comercial Airbus en sus diferentes versiones) y manufacturero, notable perspicacia empresarial, de servicios, una buena red de comunicaciones, una enorme reserva de capital financiero y muy grandes recursos de mano de obra" (6). China continental es hoy, potencialmente, el mayor de todos los mercados en expansión.

Otro especialista reconocido por los análisis de estrategia y futuro, Samuel Huntington, dice: "La combinación de creciente poder económico y cultura china común llevó a Hong Kong, Taiwán y Singapur a profundizar cada vez más sus tratos con la madre patria china. El gobierno de Singapur, tradicionalmente anticomunista (lo sigue siendo), ha hecho inversiones muy importantes en la china continental, desplazando las mismas de regiones tradicionales como Malasia e Indonesia hacia China. Sus inversiones son ya cuantiosas, y están concluyendo la construcción de una ciudad industrial en las afueras de Shangai" (7).

Los chinos de Hong Kong se prepararon para la transferencia de poder y comenzaron a adaptarse al mandato de Pekín y no al de Londres. Los hombres de negocios y otros líderes se volvieron reacios a criticar a China o hacer cosas que pudieran ofenderla. En 1994 cientos de hombres de negocios cooperaban con Pekín y desempeñaban la función de asesores de Hong Kong en lo que de hecho era un gobierno en la sombra. A mediados de los años noventa la integración económica de Hong Kong y China continental estaba prácticamente completada, quedando por consumar la integración política en 1997. Esa frase que todos aceptan, "una nación dos sistemas", tiene una gran vigencia en toda la región.

LAS MULTINACIONALES Y LAS EXPORTACIONES

Exportar se ha convertido en la obsesión de todos los gobiernos, sean estos de países desarrollados o no. La consigna parece ser o exportamos o desaparecemos, y todas las estrategias apuntan a esta prioridad.

Los países del Asia-Pacífico así lo entendieron y la historia parece darles la razón en este mundo globalizado ya que hicieron de las exportaciones su principal objetivo. A pesar de que se asegura constantemente que han disminuido las barreras que impiden el libre tránsito de productos y conocimientos de uno a otro país, la realidad no es esta. Si bien es cierto que las barreras arancelarias han cedido a algunas presiones y se han constituido foros regionales, las barreras y obstáculos no han desaparecido. El sector agropecuario de los países desarrollados es el ejemplo más visible y fácil de constatar.

En este marco las compañías multinacionales se han extendido de manera más que acelerada. Según la UNCTAD, un organismo de las Naciones Unidas, existen unas 40.000 empresas, las que operan con unas 230.000 afiliadas o sucursales en todo el mundo. Los activos de estas empresas son equivalentes a cuatro veces los de Alemania o dos veces los de Japón y similares a los de EUA. Pero lo destacable de todo esto es que el 60% de estos activos es controlado por apenas unas cien empresas, y tan solo veinte de ellas controlan el 40% de las ventas de bienes y servicios. Si clasificáramos las 40 mayores entidades en el mundo, entendiendo por entidades a países o corporaciones, las cinco primeras de la escala serían países, y las cinco siguientes, empresas, todas de origen japonés.

Es que la corporaciones se han ido concentrando cada vez más en la producción de artículos de alta tecnología para el mercado internacional. Así podemos ver Singapore Telecom, Telecom de Malasia, NTT de Japón, Singapore Airlanes, Hyundai de Corea, Formosa plásticos, etc..

Por otra parte las corporaciones emplean a unos 75 millones de personas en el mundo, pero el 60% de ellas trabajan en sus países de origen. El 40% restante que trabajan en las sucursales o afiliadas representan solo el 1% de la fuerza laboral del mundo. Así vemos que la innovación es la base del éxito y que la tecnología es la mercancía más preciada en este competitivo mundo.

Los países del Asia-Pacífico sin excepción percibieron estas realidades en sus comienzos, y comprendieron al mismo tiempo la imperiosa necesidad que tenían de asimilarse a las nuevas formas de producción. Es que la globalización que vivimos no tiene doble intrepretación, o se acepta esta realidad, o se queda marginado.

Gran parte de los recursos y aun de los subsidios a veces visibles y otras encubiertos, fueron canalizados por la región hacia las industrias exportadoras, que aceptaron el desafío de capacitarse para aumentar su competitividad.

Estos estímulos según el país adoptaron diversas formas. En China una gran influencia del aparato estatal orientando su política de alentar las inversiones, en Corea lo hacen con bonos en la tasa de cambio, en Taiwan con grandes subsidios al crédito, Japón incentivó de manera superlativa las compras del Estado, Singapur recurrió a todo el crédito disponible y alentó fuertemente su desarrollo, mientras que los malayos incentivaron pagos para promocionar las exportaciones.

En 1995, el NAFTA concentró el 22% de las exportaciones, la CE el 18% y la región del Pacífico compuesta por los 18 países que conforman la APEC (Foro para la Cooperación y el Desarrollo de los Países del Asia y el Pacífico, por sus siglas en inglés) concentraron el 52%.

Si medimos el desarrollo económico por medio del PBI, se observa que Japón, que en 1980 tenía un PBI de 8,9%, en el 2004, según proyecciones de Naciones Unidas pasará a representar el 14%. China que en 1980 apenas significaba el 0,8%, en el 2004 llegará al 8,3%. EUA, según estas proyecciones, casi no se moverá, pasará del 23% en 1980, a 23,2 en el 2004, mientras que la CE descenderá del 23,4% en 1980 a 17,7% en el 2004, y América Latina se mantendrá casi sin variantes: del 4,2% de 1980 pasará al 4,4% en el 2004.

De manera parecida los datos nos impactan cuando vemos cómo evoluciona la pobreza absoluta en la región del Asia-Pacífico. En 1970, 400 millones de personas (35%) estaban en esas condiciones, y dos décadas después, esas cifras se redujeron a 180 millones de personas (10%).

SU POSICIÓN FRENTE AL MUNDO

China comenzó a modificar su política frente al mundo, antes de las grandes reformas económicas, cuando se retiró de aquella actitud de "financiar la revolución mundial".

Pese a los cambios operados hasta el presente, el mundo sigue mirando con ojos críticos su actitud frente a los derechos humanos, el control de la natalidad, el problema del Tibet, aunque vio con buenos ojos la solución sobre Hong Kong, y seguramente la que se dará con Macao antes de finalizar el siglo.

El programa obligatorio de planificación familiar aparece como un tema sin espacio para discutir. Para el gobierno chino, antes y después de Mao, el control de la natalidad es la única medida racional que puede adoptarse para evitar una explosión demográfica que amenazará entre otras cosas según el gobierno chino, los recursos naturales y el medio ambiente, llevándolo a puntos sin retorno. Esta política de rígido control demográfico legalizó el aborto, la esterilización y otros métodos coercitivos, los cuales obviamente son violatorios de los derechos humanos.

La política de solo un hijo es una realidad en los grandes centros urbanos y en las zonas rurales avanzadas de China. A ello debemos agregar la queja constante del mundo occidental sobre el encarcelamiento por motivos políticos, y los tratos inhumanos en los campos de trabajo forzado de China. Estos temas seguirán pendientes en una sociedad que hace apenas dos décadas no encontraba respuestas mínimas a sus graves problemas sociales, Para los chinos de hoy, China es un gran país en construcción y no en destrucción.

EL PARQUE INDUSTRIAL DE SHANGHAI

El Parque Industrial de Suzhou una ciudad de 70 kilómetros cuadrados situada en los suburbios de la antigua población, y a 90 minutos de Shanghai, alivia muchas de las conocidas pesadillas que trae consigo hacer negocios en la República Popular de China.

El parque trata de ser una Singapur en miniatura, es decir, una estructura legal segura para hacer negocios, respaldada por una infraestructura sólida y fiable.

"El lugar se parece más a Singapur que a China. Se ven plantas, flores y calles limpias. No es como estar en casa, pero es casi como estar en Singapur", dice Clifton Hong, director general de Rexton Hearing Systems, una filial de Siemens.

El parque fue proyectado e iniciado hace apenas tres años, en 1994 por el viceprimer ministro chino Li Lanqing y el anciano estadista de Singapur Lee Kuan. Componen el parque un consorcio compuesto por veinte firmas de Singapur, tres compañías internacionales y un 35% de empresas estatales chinas.

El proyecto forma parte de un ambicioso plan de expansión regional de Singapur, cuyo fin es crear pequeños “Singapures” por toda Asia donde las empresas multinacionales puedan trabajar en las mismas condiciones que en la Ciudad-Estado.

En Suzhou, cuando se finalice dentro de 15 ó 20 años, el complejo empresarial habrá costado a los inversionistas de Singapur (de visible raíz china), 30.000 millones de dólares. Pero el esfuerzo no se puede medir sólo en términos monetarios. Ha sido, en efecto, una tarea de titanes.

"Formamos sólo a funcionarios menores de 35 años que hablen inglés. La próxima generación será muy importante para China. La generación actual tiene demasiadas rémoras del pasado. Les parecemos arrogantes, pero la verdad es que no estamos aquí para hacer cambios sociales", afirma Choog Lit Cheoog.

Cada fábrica tiene que estar rodeada por una valla de 1,8 metros de altura. Los apartamentos sin ascensor del complejo Singa Plaza son casi un calco de los conocidos rascacielos color pastel de Singapur, y en la calle principal, la Jinji Hu Road, amplias isletas con césped y árboles dan al recinto un aspecto ajardinado muy parecido al de las grandes arterias de la Ciudad-Estado.

Hasta el momento el parque ha atraído a 89 compañías. Treinta y seis de estas empresas están ya el servicio, número que se espera que aumente a casi 60 a finales de este año (1997). El volumen de inversiones previstas en firme asciende a 2.500 millones de dólares, de los que 1.900 irán a parar al sector industrial.

Los chinos y sus socios singapurenses citan con orgullo los nombres de algunas grandes compañías extranjeras que, según ellos, constituyen un síntoma del halagüeño futuro de este ambiciosa proyecto. Entre ellas se encuentran la empresa fabricante de microprocesadores Adavanced Micro Devices, Becton Dickinson Medical Devices, La compañía farmacéutica Eli Lilly, Sumitomo Electric y Productos de Belleza L'Oreal.

Con el fin de captar inversiones el Consejo de Estado de Gobierno chino ha otorgado al proyecto los codiciados incentivos fiscales de que disfrutan las cinco Zonas Económicas Especiales del país, áreas situadas a lo largo de la costa que han atraído decenas de miles de millones de dólares y que se han convertido en motor del desarrollo chino. Las compañías que gozan de este beneficio están sujetas a una tasa fiscal del 15%, la misma que la de Hong Kong, cuando lo normal es que sea de un 33%.

El parque, no obstante, tiene ventajas adicionales, ya que en él pueden operar empresas de capital extranjero, mientras que en las Zonas Económicas Especiales tienen que ser compañías de capital mixto.
Desde la apertura económica china, miles de compañías extranjeras han visto frustrarse sus previsiones de beneficios y sus directores foráneos han tenido problemas al tratar de adaptar sus planes a sus socios chinos.

Otra ventaja es el inusual grado de autonomía concedido al Comité Administrativo del Parque Empresario de Suzhou, órgano de dirección del parque. Integrado por representantes de China y Singapur, el Comité tiene la facultad de aprobar todos los proyectos de inversión, con independencia de su tipo y de su tamaño, con lo que se evita la famosa burocracia china comentan los directivos de empresas extranjeras ya instaladas en el Parque.

En las Zonas Económicas Especiales, los comité de dirección tienen que someter al gobierno central la aprobación de los proyectos cuyo costo supere los 30 millones de dólares. No obstante, el parque no controla, como es lógico, lo que sucede en Beiging y un decreto inesperado sobre política económica puede tener una gran repercusión en las provincias chinas.

En abril de 1996, el gobierno central retiró repentinamente las exenciones arancelarias a la maquinaria básica importada por empresas extranjeras. De pronto, los fabricantes tuvieron que hacer frente a aranceles aduaneros de casi un 40%. Esta medida tuvo una repercusión enorme sobre el Parque Empresarial de Suzhou. Estaba previsto un flujo de inversiones de 1.000 millones de dólares en 1996, pero a finales de año solo había afluido la mitad de esa cantidad. Se espera que a finales del año actual estén en explotación unos cinco de los 70 kilómetros cuadrados del parque.


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


e-Mail: luisdallanegra@gmail.com
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(1) Alberto Delfico, integró una delegación de funcionarios, empresarios, profesionales e intelectuales argentinos, que durante tres semanas visitaron la realidad que es hoy China. Este es su informe. © Delfico, Manuel Alberto,  China: Presente y Futuro, http://luisdallanegra.bravehost.com/chinadel.htm.

(2) La muerte de Hu Yaobang en abril de 1989 inició una ola de manifestaciones a favor de la democracia, que aumentaron en mayo cuando el dirigente soviético Mijail Gorbachov visitó Pekín para poner fin a las desavenencias entre la URSS y China, que ya duraban treinta años. Los manifestantes ocuparon la plaza de Tiananmen hasta la mañana del 4 de junio, en que las tropas armadas tomaron por asalto el centro de la ciudad. Las manifestaciones en favor de la democracia continuaron con la petición popular de la dimisión del máximo dirigente chino Deng Xiaoping y de otros líderes (dirigentes) comunistas. Según las estimaciones, entre 3.000 y 5.000 estudiantes y ciudadanos murieron, resultando heridos otros 10.000 y siendo arrestados centenares de ellos. Fue la primera vez que el Ejército chino era utilizado para reprimir revueltas populares.

(3) Diez entre los quince primeros, Rodrigo Villamizar, "Los países del Asia-Pacífico".

(4) Recomiendo leer el informe de la Fundación Heritage.

(5) The Economist (1-5-93).

(6) The Economist (16-4-94).

(7) "El choque entre civilizaciones".