PARADIGMA DE RELACIONAMIENTO INTERNACIONAL
DE AMERICA LATINA *

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA **

La vinculación internacional de América Latina debe ser analizada a la luz de su relacionamiento e inserción en el contexto mundial. En el caso de México, Centroamérica y el Caribe Español, desde su independencia, y en el de América del Sur, especialmente desde la segunda guerra mundial, su vínculo dominante ha sido con Estados Unidos.
El paradigma de relacionamiento histórico de América Latina con EUA se ha basado en dos variables centrales, establecidas por los intereses globales de EUA: Desarrollo y Seguridad. Este paradigma ha funcionado especialmente desde fines de la segunda guerra mundial hasta mediados de los '80, que es la etapa en que se desarrolló la “guerra fría”.

Con posterioridad, especialmente a partir de la Cumbre de Reykjavik entre Reagan y Gorbachov en 1985, el gobierno norteamericano estableció un nuevo paradigma de relacionamiento, vinculado al nuevo status internacional vigente, en el que la seguridad ya no es el elemento esencial en el sistema de relaciones global. Por ello, ahora el paradigma de relacionamiento es "democracia y desarrollo". La "democracia", desde el punto de vista de EUA, debe ser "controlada".

Para explicarnos el funcionamiento del “modelo de relacionamiento”, debemos establecer ciertos “códigos básicos” o definiciones conceptuales.

Partimos de aquellos que tienen capacidad de establecer reglas –régimen- del juego. Los denominamos “repartidores supremos” y “reparten” potencia –podés- e “impotencia” –no podés-.

En un proceso de "polarización", aquellos que alcanzan el nivel de actores polares, son los que se transformarán en supremos repartidores de "potencia" e "impotencia". Esto visto en términos políticos, ya que en términos jurídicos se habla de derechos y obligaciones. Como las connotaciones son diferentes, prefiero tratar la temática desde la perspectiva de la política internacional.

Ejemplos de supremos repartidores en el siglo XIX, son las grandes potencias europeas. Desde 1945 hasta los '80, EUA y la URSS. También los países de la Comunidad Económica Europea (CEE); así como las empresas multinacionales y los actores transnacionales. En la actualidad, EUA, Japón, Alemania unificada –la “Tríada”-, la banca privada transnacionalizada, son supremos repartidores.

Los repartidores establecen “principios supremos de reparto” o reglas del juego, generando un “orden de reparto” (1).

Los repartidores supremos establecen principios y normas de reparto en los diferentes ámbitos de aplicación: económico-financiero, estratégico-militar, político. Es más, tienen capacidad de cooptar –controlar- los organismos internacionales que son creados por la comunidad internacional, sea captando la mayoría de los votos a través de presiones, concesiones, etc., o mediante el sistema de “voto ponderado” –FMI por ejemplo-.

Los "reguladores" son aquellos que se encargan que las reglas establecidas por los repartidores se cumplan. En materia monetaria el FMI o el Banco Mundial. En materia de comercio el GATT hoy la OMC; en materia estratégico-militar OTAN, Pacto de Varsovia –hoy desaparecido-, TIAR/OEA, etc.. No cabe duda que países como Argentina o los latinoamericanos en general, son miembros del FMI, o el GATT/OMC, o el TIAR/OEA, pero no tienen la capacidad de "repartir", ni siquiera de modificar las reglas establecidas y, a su vez, deben subordinarse a los reguladores, ya que tampoco pueden "polarizar".

La forma en que el FMI obliga comportamientos en América Latina es un muy buen ejemplo. Se trata de un regulador, pero se asemeja a un repartidor por la forma en que opera. Sin embargo esto lo puede hacer para obligar a países latinoamericanos o africanos a modelos de estabilidad y pago de deudas, pero no para rescatar en situaciones de crisis global, como “Efecto Tequila”, o la “crisis asiática” con repercusiones en Rusia y Brasil.

ETAPA POST SEGUNDA GUERRA MUNDIAL HASTA REYKJAVIK (1985)

En el contexto latinoamericano, tomamos como actores relevantes en el manejo de los sistemas políticos, o como factores de poder o como grupos de presión significativos a:
1) las Fuerzas Armadas –desde los ´30 en adelante, particularmente de la 2da post-guerra mundial, han sido un factor de poder en América Latina-.
Han controlado la seguridad; en los momentos en que EUA o determinados grupos de las elites internas lo creyeron necesario, gobernaron anulando a los partidos políticos; definieron las hipótesis de conflicto, previamente entrenadas por EUA en el problema del conflicto Este-Oeste en sus escuelas, a la vez que aquellas hipótesis de conflicto que tienen que ver con problemas de carácter limítrofe y hace a la “presunta” defensa soberana de los países latinoamericanos. Digo “presunta” defensa soberana, porque mientras se peleaban con los vecinos generando una imagen de defensa nacional y gastando mucho dinero y presupuesto nacional en armamento, permitían que las empresas multinacionales ingresaran a nuestros países e hicieran lo que quisieran con nuestras economías en aras de una economía más abierta e integrada a la economía mundial. Por último, mediante sus golpes de Estado –salvo excepciones como las de Juan Velasco Alvarado en Perú, Alfredo Ovando Candía y Juan José Torres en Bolivia y Omar Torrijos en Panamá que han hecho golpes de Estado de izquierda- apoyaron a los grupos de poder económicos neoliberales a cambio e los beneficios que estos les otorgaban.
2) Los partidos políticos. No ha sido un sector con mucho poder en América Latina, salvo aquellos que llevaron a cabo políticas funcionales a los intereses de la elite dominante y bien vistos por Estados Unidos y los grupos económicos y financieros internacionales. Han estado condicionados por la ideología imperante, encuadrada en el conflicto Este-Oeste, y el rol de las fuerzas armadas apoyado por Estados Unidos a través del Pentágono, la CIA e incluso las escuelas militares como West Point y las de contrainsurgencia en Panamá –comando Sur-, Puerto Rico, Miami, etc., a la vez que por aquellos grupos económicos, empresas o banca que se vieran afectados o perjudicados por medidas de corte nacionalista. Gran parte del tiempo han estado interdictos por los grupos golpistas.
3) no cómo actores, pero sí como situaciones relevantes que marcan una forma del funcionamiento del sistema político latinoamericano, los conflictos, cuyas hipótesis, primariamente son dictadas por EUA –basado en el concepto de guerra fría- y en el contexto regional por las fuerzas armadas. Debemos hablar de tres tipos de conflicto en el marco hemisférico:
a) Conflictos de carácter colonial: generados, especialmente, por Gran Bretaña y aún no resueltos.

Los casos típicos son: para Guatemala, Belice, que hoy es un Estado independiente, por lo que debería dejar de existir ese Estado independiente para que Guatemala recupere el territorio reclamado. Venezuela, la Guayana Esequibo. Territorio que hoy está bajo la soberanía de Guyana, independizada –o descolonizada- por Gran Bretaña. Ahora Venezuela se tiene que ver con Guyana y no con gran Bretaña y eso también dificulta las negociaciones al tratarse de un Estado pequeño al que se le restaría una porción importante de territorio –reclamado por Venezuela-. Argentina, las Islas Malvinas. Luego de la guerra de 1982 el proceso de negociación se ha dificultado más por el hecho de la creencia de que el vencedor es el que se queda con el territorio tomado. No obstante ello, Argentina es la que en mejor posición está en el proceso de negociación en relación con Guatemala (debería desaparecer el Belice independiente) y Venezuela (negociar con un Estado más pequeño lo que inclina la balanza de la comunidad internacional hacia el más débil).

b) Conflictos limítrofes: generados a partir de la independencia, como resultado del trazado apurado de las fronteras.

Se han ido resolviendo en algunos casos, pero aún perduran, luego de casi dos siglo de independencia. Mantiene divididos a los estados latinoamericanos en luchas intestinas y de reclamo -supuestamente- soberano, mientras su soberanía es efectivamente tomada, cooptada o los Estados son neo-colonizados por las empresas multinacionales, transnacionales, banca privada, compra de tierras por parte de extranjeros, especialmente norteamericanos, o manipulados ideológica, económica y políticamente por otros Estados, como Estados Unidos durante la guerra fría o actualmente con diversas políticas económicas y militares. Esta ha sido una de las principales razones para mantener divididos a los estados latinoamericanos y que no funcionen procesos como los integrativos, que no tengan una coordinación de sus políticas exteriores, etc.. Los de afuera, agradecidos: “divide et impera”.

c) Conflictos de carácter hegemónico: generados por el manejo hemisférico que ha hecho Estados Unidos del conflicto Este-Oeste y, actualmente, debido a los problemas de lucha contra el narcotráfico y su metodología de “certificar/descertificar” a los Estados, sus presiones por ley de patentes demandadas por las empresas al gobierno norteamericano, su lucha contra el terrorismo, etc..

Los conflictos de carácter hegemónico se han manifestado, particularmente durante la etapa e la guerra fría, a través de un intervensionismo directo o indirecto, sea mediante Reuniones de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores con el objeto de intervenir un Estado o avalar ex-post-facto una intervención unilateral de Estados Unidos, debido a algún motivo que podía atentar a los intereses económicos o de seguridad de este país; o mediante otras metodologías. Actualmente se manifiesta en presiones del gobierno norteamericano por temas que tienen que ver con sus intereses económicos o de seguridad actualizados. Antes la lucha contra el comunismo, o las nacionalizaciones que algunos Estados latinoamericanos hacían de empresas cuya casa matriz tenía sede en Estados Unidos; ahora la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, o los problemas de leyes de patentes, endeudamiento, etc..

4) Los grupos económicos. Estos han sido un factor de poder, pero debieron tener el apoyo de las fuerzas armadas para llevar adelante sus objetivos. En América Latina, en el siglo XIX, en general, vencieron los sectores favorables a un aperturismo y comercialistas, frente a los defensores de una industria, aunque incipiente, protegida. Estos sectores aperturistas estaban ligados por intereses e ideológicamente con Europa, especialmente Gran Bretaña. Estos grupos dominaron los países mediante el fraude electoral y con gran apoyo internacional.

Cuando los sistemas políticos establecieron sistemas electorales donde el fraude no era factible o no funcionaba adecuadamente, entonces los grupos neoliberales no pudieron acceder al gobierno mediante elecciones, por lo que debieron hacer uso de la fuerza mediante golpes de Estado.

Los grupos económicos al acceder al gobierno mediante golpes de Estado –hubo excepciones, como los casos de Velazco Alvarado en Perú, Ovando y Torres en Bolivia, Torrijos en Panamá que han hecho golpes de Estado de izquierda-, les otorgaron a las fuerzas armadas ventajas, como mejores presupuestos e incluso mejores salarios o puestos en sectores de la administración pública a cambio de la seguridad y la represión. Ha sido la única manera de poder llevar a cabo estas políticas neoliberales. Los golpes de Estado se hicieron con el justificativo de la lucha contra el comunismo o de la ineficiencia y la corrupción de ciertos gobiernos; no obstante ello, los golpistas una vez instalados en el gobierno inmediatamente nombraban ministros de economía que implementaban políticas neoliberales.

Se ha dado una división de tareas. Los militares se ocupaban de los aspectos de seguridad y represión y los grupos económicos del manejo de lo económico-financiero-comercial.

El marco internacional, tanto en materia de seguridad, como de desarrollo económico neoliberal ha sido propicio, acompañado por un permanente divisionismo latinoamericano: “divide et impera”. La idea era mantener siempre dividida a América Latina para evitar que se conforme un grupo regional con capacidad de negociación internacional fuerte. Las elites internas funcionales a estos criterios contribuyeron a ello y utilizaron a los procesos integrativos en beneficio del comercio y los inversores y empresas transnacionales.

Las fuerzas armadas hablaron de la defensa de la soberanía, pero favorecieron, merced a los grupos económicos neoliberales a que las economías fueran controladas por actores transnacionales o por EUA, de la misma manera que la imposición ideológica por parte de este país en toso aquellos temas de su interés económico y de seguridad.

ETAPA REYKJAVIK (1985) EN ADELANTE

Luego del acuerdo entre Reagan y Gorbachov en la cumbre de Reykjavik en 1985, el gobierno norteamericano modificó el “paradigma de relacionamiento hemisférico” de “seguridad y desarrollo” a “democracia y desarrollo”.
Reagan y Gorbachov habían llegado a acuerdos sustantivos sobre el desarme –esta vez basado en el concepto “START” o eliminación de los stocks en vez del concepto “SALT” que se fundamenta en la disminución de la producción pero el mantenimiento de los stocks-, y sobre la finalización de los conflictos localizados en la periferia que tuvieran que ver con el conflicto Este-Oeste.
A partir de ahí, se generó una acelerada disminución de los conflictos internacionales y un comienzo real de procesos de negociación para llegar a acuerdos de paz en áreas, anteriormente inimaginables, como Medio Oriente por ejemplo, donde Israel inició negociaciones con la OLP. Se terminó con el apartheid en Sudáfrica y se inició el camino para un gobierno negro, el de Nelson Mandela; Cuba se retiró de Angola; se inició el proceso que derivó en la caída del Muro de Berlín (1989) y en la unificación de las “dos Alemanias” –idea en esa época totalmente inimaginable que no entraba en las hipótesis más descabelladas-, etc..
La URSS, con Gorbachov recién asumido, inició en 1985 un nuevo relacionamiento internacional que se denominó “Perestroika”, a la vez que una mayor transparencia y apertura en el ámbito interno que se denominó “Glassnost”. Todo esto se escapó de las manos del gobierno y derivó en la desintegración de la URSS y en el fin del bipolarismo.
Reagan salió, al tiempo, a decir que habían “ganado” la guerra fría. En realidad, seguramente la URSS la perdió, pero no porque la ganó EUA. Quedó en pie el que tuvo más resistencia en su economía para llevar adelante la tan salvaje carrera armamentista y este fue EUA, que tuvo, merced a la política del gobierno de Nixon de declaración de inconvertibilidad del dólar en oro y el inicio del “patrón dólar”, al mundo occidental como “colchón” de sus ciclos económicos; colchón con el que no contó la URSS.
El fin del bipolarismo marcó cambios significativos en el contexto mundial. Se han cambiado los roles de algunos actores, desaparecieron otros –v. gr. URSS- y aparecieron nuevos, que antes no existían como tales o eran muy débiles como para poder tener incidencia en el sistema político, incluso “mal vistos” no sólo por el sistema, sino por la gente en general, como aquellos que en los ´50 los ´60 o los ´70 defendían los derechos humanos o el medio ambiente.

En materia económica, el liberalismo continúa, esta vez mucho más expandido y sin que hayan, al menos en el corto o mediano plazo, alternativas en pugna que pretendan frenarlo o reemplazarlo, como en los últimos cincuenta años lo fue el comunismo y el socialismo.

El hecho de que la URSS haya desaparecido y con esta superpotencia una alternativa ideológica, favoreció la rápida expansión del capitalismo de mercado norteamericano, a la vez que permitió que otras economías, que estaban fuera del juego mundial, debido a la división del mundo en dos bloques ideológicos, ingresaran con sus propias alternativas y oportunidades. Hablo de las economías asiáticas, particularmente China con alrededor de 400 millones de personas económicamente activas –prácticamente el total de la población de América Latina-, pero con un costo salarial y social muy por debajo al del mundo occidental.

Mano de obra barata y productos a precios tan bajos que resulta casi imposible competir con ellos, fueron el detonante e inicio de una gran crisis económica.

La economía global, de un ciclo inflacionario iniciado en la etapa de la segunda postguerra, basado principalmente en el modelo económico Keynesiano, y que duró hasta fines de los ´80, pasó a un ciclo recesivo lo que, con la aplicación de modelos de convertibilidad ajustados al patrón dólar, disminuyeron la espiral inflacionaria y en algunos casos hiper-inflacionaria a niveles cercanos a cero. Este hecho ocurrió generalizadamente a escala mundial. No hubo ningún “milagro” económico, como algunos gobiernos pretenden auto-atribuirse. La economía mundial cambió su ciclo, esta es la realidad y los nuevos gobiernos latinoamericanos, ajustándose al “Consenso de Washington” de 1989 dieron lugar a la nueva economía y al nuevo rol y tipo de Estado. Todo esto acompañado e un fenómeno que comenzó a crecer como bola de nieve en los ´70, que es la “transnacionalización” del sistema mundial.

Con posterioridad, se generaron crisis financieras localizadas, pero con alcance global, debido a maniobras monetarias: como la del “tequila” en México a fines de 1994, o la asiática, que tuvo varias escalas, Tailandia en julio de 1997, Malasia en agosto de 1997, Singapur y Hong Kong en octubre de 1997 y Japón en diciembre de ese año. Esto repercutió en Rusia y en Brasil.

CONTEXTO LATINOAMERICANO POST REYKJAVIK

Las fuerzas armadas latinoamericanas perdieron importancia como “actores políticos” –pasaron de ser un factor de poder a un grupo de presión-, ya que el conflicto Este-Oeste había dejado de existir con la finalización del sistema bipolar; además resultaban peligrosas para los intereses de EUA y de los grandes grupos económicos transnacionales –empresas y banca- debido a que podían tener conductas nacionalistas o de otro orden –“carapintadas” por ejemplo en Argentina o Venezuela- y escaparse de las manos y el control en el hemisferio o generar situaciones de inestabilidad o “inseguridad jurídica” para el capital de inversión. Por ello, la democracia -controlada o tutelada- era el mejor camino.

Se inició una nueva gran “ola” democrática en América Latina, esta vez no como salida de una etapa de gobiernos militares en el típico corsi e ricorsi de los sistemas políticos latinoamericanos, sino como una nueva forma de controlar políticamente a la región.

Los partidos políticos, entusiasmados con volver al ruedo electoral y tener posibilidades de gobernar, estuvieron dispuestos-y así lo hicieron- a firmar “acuerdos” de no juzgamiento de lo actuado, en aras de la “pacificación nacional”, con los militares salientes, en ciertos casos derrotados, como en la Argentina, en otros sin derrota, como Brasil y en el caso de Chile, con una gran fortaleza, incluso por el modelo económico aplicado por Pinochet.

En algunos casos, los gobiernos civiles de las “transiciones” políticas a la “democracia”, promulgaron leyes de “punto final” a los efectos de evitar juicios a las juntas militares y sus miembros a la vez que cortar toda posibilidad de denuncia en el futuro. En casos de juzgamientos, se promulgó una ley de “obediencia debida” para limitar los juicios a las cúpulas y evitar que el resto de los miembros de las fuerzas pudieran ser juzgados. En otros casos resolvieron las cosas con leyes de amnistía o con indultos. Todo esto, agregado a leyes de “autoamnistía” promulgadas por los propios militares antes de salir del gobierno, para evitar su juzgamiento posterior.

En intentos posteriores de juzgamientos, como el del caso Pinochet detenido en Gran Bretaña (1998/99/ hasta febrero del 2000), a pedido del Juez Baltasar Garzón de España, por pedido de familiares de ciudadanos españoles torturados y muertos en Chile durante la etapa de la dictadura de Pinochet, los gobiernos “civiles” –Argentina con Carlos Menem y Chile con Eduardo Frei hijo- esgrimieron el principio de la “soberanía jurisdiccional” –soberanía que no ha sido esgrimida por ningún gobierno cuando las empresas transnacionales, banca o Estados extrarregionales, como EUA, tomaron decisiones sobre la economía de los países latinoamericanos, sus recursos naturales, sus empresas, su ideología, etc.- para evitar su juzgamiento. Principio que no puede ser esgrimido para casos de “crímenes de lesa humanidad”. La situación planteada por el sistema judicial español –fallida por decisión del Ministro del Interior de Gran Bretaña, Jack Straw- se debe a la falta de una Corte Penal Internacional, cuya vigencia es negada por EUA así como por China, Siria, Francia, India, que no creen conveniente la vigencia de este tribunal porque podría ser utilizado en su contra (2).

En el terreno económico, estos gobiernos que asumían por elecciones para que haya democracia se deben reunir muchos más requisitos que las meras elecciones- debían comenzar a ajustarse a nuevas pautas establecidas en un consenso, en el que no fue consultada América Latina, el Consenso de Washington de 1989_(3).

El objeto central es hacer que América Latina comience a adaptar su sistema político, económico y militar a las nuevas características mundiales: achicar el Estado y disminuir el gasto público, disminuir el presupuesto militar y aumentarlo en salud y educación –más allá de las supuestas  recomendaciones del “consenso” se han privatizado más que aumentado el gasto, en ciertas circunstancias el gasto fue a la construcción de escuelas, no a mejorar la educación-, privatizar las empresas del Estado, abrir el mercado, modificar e independizar el sistema judicial, etc..

Ahora, en vez de gobiernos militares que permitan la apertura de la economía a los sectores liberales, son los propios gobiernos civiles que, mediante el voto “legitiman” las políticas neoliberales.

Lo más significativo del caso, es que los países latinoamericanos, en vez de lograr un consenso regional para fortalecer su capacidad de desempeño y negociación y alcanzar objetivos propios de desarrollo y de resolución de sus propios problemas desde su propia perspectiva, giran, de manera desintegrada, alrededor de un consenso impuesto por EUA y gerenciado por el BM, el FMI -que se ha transformado en una “calificadora de riesgo internacional”, toda vez que perdió la capacidad para prevenir crisis u operar de manera eficiente en el rescate de aquellos Estados que tienen problemas monetarios- y, en el orden hemisférico, por el BID.

De esta manera, se observa que las fuerzas armadas perdieron capacidad de poder, aunque en algunos casos conservan una buena porción, pero particularmente para no ser juzgadas por lo actuado durante su intervención de facto en el gobierno. El caso Chile con Pinochet es un caso paradigmático.

En Chile las fuerzas armadas siguen siendo un factor de poder importante. Controlan la parte judicial (no se puede luchar por los derechos humanos ni juzgar a Pinochet; se verá qué puede hacer el nuevo presidente Lagos al respecto) los aspectos políticos (senadores vitalicios), un porcentaje importante de los ingresos por exportación de cobre para compra de armamentos o presupuesto militar; mientras que el gobierno -civil- sólo maneja el comercio exterior (salvo el tema del cobre) y aspectos que no tienen que ver con la seguridad en la política exterior.

En Argentina el tema con las fuerzas armadas no es tan complejo como en Chile pero, más allá que las leyes de punto final y obediencia debida de 1986 y 1987, han sido derogadas por el propio Parlamento Argentino en 1998, aunque esto no implica que se puedan juzgar los casos anteriores a su derogación.

En Uruguay tampoco es factible el juzgamiento de los militares.

En general, las fuerzas armadas, constituyen hoy, un grupo de presión más que un factor de poder (4). Los partidos políticos son los que se turnan en el gobierno, pero se han transformado en “gestores” más que en actores de la vida política. Son gestores de los intereses privados y “privatizantes” justificando la ideología imperante –el neoliberalismo- y actuando de espaldas al pueblo, en gran medida porque le mienten y en parte porque viven de espaldas con la realidad. Hoy una ONG o una Organización de la Sociedad Civil (OSC) satisface más plenamente las necesidades o demandas de la población, sea que se trate de la mujer en su condición de tal con los problemas que su condición o status implique, o las personas que demandan justicia por problemas de derechos humanos o de pobreza, de desempleo, etc., que el Estado o los partidos políticos.

Los conflictos en América Latina continúan. Particularmente los territoriales, aunque en algunos se van alcanzando ciertas soluciones que, de todas formas vuelven a detonarse con el tiempo, como entre Perú y Ecuador en la línea de frontera acordada en 1942 con la garantía (?) de Argentina –que terminó siendo acusada de vender armas a Ecuador en el conflicto que se armó- Brasil, Chile y Estados Unidos; o entre Nicaragua y Honduras o Nicaragua y Colombia, los problemas argentino-chilenos, etc.. También continúan los coloniales. Los conflictos que durante la guerra fría eran de carácter hegemónico ahora han sido reemplazados por el problema del narcotráfico, la guerrilla y el terrorismo.

Los sectores económicos liberales continúan, a los que habría que agregar a los actores transnacionales que aumentan en la búsqueda del reparto. Estos son un factor de poder, junto a la banca, fondos de pensión y de seguro, que deciden hoy hacia dónde va la inversión, que mayoritariamente se mueve en el circuito especulativo más que en el productivo.

Ahora son los gobiernos “civiles” los que prestan total apoyo a los sectores neoliberales, tanto empresarios como banca, especialmente a partir del ajuste de las variables macroeconómicas y la seguridad jurídica.


Foto AutorEsta página fue hecha por Luis DALLANEGRA PEDRAZA

** Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


*  © Este trabajo es la versión actualizada y renovada de uno que fue realizado durante mi dirección del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) entre 1977-1981. Fue publicado en la "Revista Argentina de las Relaciones Internacionales", Vol. V, Nro 13, Enero-Abril 1979, CEINAR, Buenos Aires. El análisis abarca fundamentalmente la etapa 1930-1960, con algunos aspectos de actualización a la realidad de hoy especialmente en el marco metodológico y paradigmas de comportamiento del sistema político latinoamericano.
e-Mail: luisdallanegra@gmail.com 
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(1) Ver sobre esta forma conceptual, Puig, Juan Carlos, “Derecho de la Comunidad Internacional”, (Bs. As., Depalma, 1974), Vol. I.
(2) Para que el Estatuto del Tribunal Penal Internacional entre en vigencia hacen falta que lo ratifiquen 60 países.Hasta julio de 1999 sólo lo han hecho tres: Senegal, Trinidad y Tobago y San Marino. Estos Estados han depositado el instrumento jurídico de ratificaciónante el secretario General de la ONU, tal cual determina el tratado.
(3) Sobre el tema recomiendo leer el documento elaborado por Shahid Javed Burki y Guillermo E. Perry (et al) “Más Allá del Consenso de Washington: La Hora de la Reforma Institucional”, (Washington DC, Banco Mundial, 1998)
(4) Si se considera la escala de mayor a menor, los que más incidencia tienen en la toma de decisiones, desde la perspectiva de la teoría política, son los factores de poder, en la etapa de postguerra hasta fines de los ´80, los militares, los sindicatos en algunos países, como Argentina, los sectores empresarios, especialmente transnacionales, aunque también ciertos nacionales; hoy, la banca privada transnacional, las grandes empresas; en segundo lugar se encuentran los grupos de presión, hoy las fuerzas armadas o los sindicatos, también la iglesia, en los últimos tiempos los grupos de derechos humanos y los ecologistas; por último, los que menos incidencia tienen son los grupos de interés, a fines de los ´70 y principios de los ´80, las “Madres de Plaza de Mayo” constituían un grupo de interés. Se observaba su demanda, pero su peso era muy bajo; no obstante, hoy son un grupo de presión importantísimo.