UNIDAD DE AMERICA LATINA
Proyecto de Juan Bautista Alberdi en 1844 *

En estos momentos en que se habla tanto de la creación de un Area de Libre Comercio Americano (ALCA) de acuerdo con el mandato (?) de la Cumbre de Presidentes Americanos celebrada en Miami en 1994; a la vez que de la necesidad de que el gobierno norteamericano pueda obtener el "fast track", para que los paises de la región, comenzando por Chile -el gobienro de Menem de Argentina también manifestó reiteradamente su interés- puedan acceder al NAFTA/TLC; resutla interesante leer la Memoria de Alberdi, que se planteaba un proceso integrativo, pero alejado de los vínculos con EUA, aunque con relaciones estrechas con Gran Bretaña.

Aún hoy, no hay acuerdo serio entre los gobiernos para formar la Unión Sudamericana, ni voluntad política, ni entendimiento de qué significa, en términos estratégicos, para una región como la latinoamericana, el concepto de "integración".

La historia de América Latina desde 1889/90 (Primera Conferencia Panamericana) en adelante, ha sido la de "esperar" a ver qué le podía dar EUA, en vez de buscar, a través de proyectos regionales conjuntos, su propio destino.

ANALISIS DE LA MEMORIA

La formación de Alberdi era predominantemente jurídica con un acento historicista.

Su Tesis es un trabajo referido más que a la política internacional, a la unidad jurídica. De hecho esta idea de raíz kantiana es uno de los más firmes elementos de su liberalismo.

En "El Crimen de la Guerra", como en otras obras suyas, muestra su postulación positivista de organismos internacionales de mantenimiento de la paz, fundamentada en su idea de la unidad del derecho natural.

Muestra sin rodeos la perspectiva del desarrollo dependiente. Acepta la ley de hierro de la división internacional del trabajo. Desde siempre rechaza las posibilidades industriales de la América hispana, al menos a mediano plazo.

Toda la obra de Alberdi está sembrada de alusiones al carácter unitario de la vida internacional; porque en el sistema internacional "las partes viven del todo", un todo a veces concebido desde la óptica del pensamiento europeo.

Internacionalismo y liberalismo, son dos de las ideas centrales en el pensamiento de Alberdi. En última instancia no hay gran diferencia entre la etapa y el pensamiento de Alberdi y la "globalización" y el "liberalismo" de hoy.

En cuanto al estatismo lo reduce al aspecto de la constitución y centralización jurídica.

La "Memoria" es liberal, internacionalista y pacifista. También es una obra de sentido europeizante.

No obstante, hay un marcado interés latinoamericano en su internacionalismo. La predicada unidad internacional pasa previa y necesariamente por la unificación del bloque hispanoamericano, y el pacifismo encontrará una primera forma concreta en la proposición del desarme general de las repúblicas hermanas. El europeísmo también tiene fundamentos muy significativos, tales como el rechazo a la doctrina Monroe y el planteo de una alternativa basada en una cultura recibida de Europa por la vía más directa y económica.

Para Alberdi, la organización económico-política de las ex colonias, tal como se da en 1844, no se adapta al salto cualitativo determinado por la Independencia. En sus rasgos generales, la naturaleza económica de este salto no es otra cosa que la incorporación efectiva a un sistema de "libre comercio" internacional, crecientemente hegemonizado por Inglaterra. Dentro de este sistema, y gracias a él, América hispana podría desarrollar la explotación de sus riquezas tomando lo que necesita de donde lo hay; y lo que la América española necesita -según Alberdi- son brazos, capitales y bienes de producción, que necesariamente deberá tomar de Europa.

En este planteo perfila un implícito desdén por los intentos proteccionistas, que con el tiempo tiende a constituirse en una verdadera teoría de la dependencia.

Al margen de la perspectiva proteccionista, Alberdi concibe la recomposición del mapa hispanoamericano en virtud de la apertura hacia Europa. En la época de la Memoria, la creación de riqueza implica el desarrollo del puerto como condición necesaria, aunque no suficiente. El control extranjero de la salida al mar de Bolivia y Paraguay sería un factor decisivo en la pobreza de estos países, según Alberdi.

Cuando se lee la Memoria, todo aparece como si en última instancia una relación directa con Europa fuera el modo más eficaz de desarrollarse, al margen de la influencia creciente de Estados Unidos. Toda la ingenuidad que Alberdi muestra cuando habla de Inglaterra o Francia, se vuelve suspicacia o precaución contra Brasil y Estados Unidos. Los párrafos del texto hablan claramente: "...soy uno de los que piensa que solo deben concurrir al Congreso general las Repúblicas americanas de origen español. Menos que en la comunidad de su suelo, yo veo los elementos de su amalgama y unidad en la identidad de los términos morales que forman su sociabilidad". "Considero frívolas nuestras pretensiones de hacer familia común con los ingleses republicanos de Norte América."

Alberdi insiste en la necesidad de un equilibrio continental, que puede ser roto por el inevitable proceso de litoralización que se avecina. "La América mediterránea y central no debe ser explotada por la litoral y costanera", y propone que el Congreso trate la salida al mar de Bolivia, la independencia del Paraguay y la libre navegación de los ríos.

Lo que lleva hacia el liberalismo de la madurez tiene que ver con el rumbo político de las dos clases básicas del litoral: la oligarquía ganadera y la burguesía portuaria, clases que se van soldando progresivamente hasta constituir el bloque del ‘80 es decir, un fuerte grupo dominante, con un programa dependiente sólidamente conformado.

Un siglo antes de la Asociación Latinoamericana para el Libre Comercio (ALALC), Alberdi propone no solo un libre comercio en el interior del bloque, sino también medidas complementarias concretas, tales como la creación de la carretera internacional, la licitación de ferrocarriles interiores e incluso medidas políticas audaces como la gestación de la unidad monetaria común y la desmilitarización dentro del bloque como medio de unificación.

Los factores concretos que impidieron su puesta en movimiento, tuvieron que ver con la evolución internacional del imperialismo y el dramático perfil de la oligarquía argentina. Basta leer la carta del representante porteño, Rufino de Elizalde, a los organizadores del Congreso Continental, del que derivó el Tratado Continental de 1856 entre Perú, Chile y Ecuador, para comprender la verdad que empieza a perfilarse con el "mitrismo", que está de "espaldas" a la región con la que cree que Argentina nada tiene que ver, y estrechamente vinculada e interesada en Europa, particularmente Gran bretaña.


MEMORIA

Sobre la conveniencia i objetos de un congreso jeneral americano, leida ante la facultad de leyes de la Universidad de Chile para obtener el grado de licenciado, por J. B. Alberdi, abogado en la República del Uruguai.


Los congresos jenerales, a dicho el abate De Pradt, son en materias politices, lo qe las juntas de médicos en la curación de las enfermedades. Sus dictámenes pueden carecer de eficacia i acierto; pero su reunion supone siempre la presencia de un mal.

Un mal estar social i político aflije efectivamente a los pueblos de Sud América desde qe disuelto el antiguo edificio de su vida jeneral, trabajan i conspiran por el establecimiento del qe debe sucederle. Todos sienten qe las cosas no están como deben estar: una necesidad vaga de mejor órden de cosas se ace esperimentar en todos los espíritus. Exuberantes de juventud i fuerzas de vitalidad, dotados de una compleccion sana i vigorosa, nuestros pueblos abrigan necesariamente la esperanza de su curacion en el mal de qe se sienten poseidos. E aqí, señores, la situacion i espíritu qe an excitado constantemente a los pueblos de Sud América desde el principio de su emancipacion a ablar de la convocacion de un congreso jeneral o continental: i a fé señores qe los pueblos de Sud América no se eqivocan cuando llevan su vista a este médio curativo de sus padecimientos. Una enfermedad social los aflije. Este echo es real. Las naciones no están sujetas a esas dolencias nerviosas qe a veces acen sentir males qe no existen. Los pueblos ambicionan salir de este estado i a fé, señores, qe tienen razon. Ellos se fijan en la necesidad de una gran junta medical, de un congreso organizador continental, como en uno de los medios de arribar al fin deseado, i es mi creencia, señores, qe tampoco se eqivocan en este punto. Los Estados Americanos no piensan; ni an pensado jamas, qe la reunion de una asamblea semejante pueda ser capaz de sacarlos por sus solos trabajos del estado en qe se encuentran: pero creen qe entre los muchos medios de susceptible aplicacion a la estirpacion de los males de carácter jeneral, uno de los mas eficaces puede ser la reunion de la América en un punto i en un momento dados para darse cuenta de su situacion jeneral, de sus dolencias i de los medios qe en la asociacion de sus esfuerzos pudieran encontrarse para cambiarla en un sentido ventajoso.

En otra situacion, no ménos grave qe la presente, en la qe el peligro venia de otra parte, un ombre de instinto superior, señores, el jeneral Bolivar fué asaltado de este grandioso pensamiento, i el congreso de Panamá no demoró en verse instalado. El remedio abia sido excelente, pero su aplicacion vino extemporáneamente, porqe el mal se abia retirado por sí mismo. El mal de entónces fué la usurpacion americana ejecutada por la Europa. Desde qe vencida por nuestras armas, desistió seriamente del pensamiento de dominarnos, dejó de existir por ese mismo echo el mal cuya probable repeticion abia dado oríjen a la convocacion del congreso de Panamá. El congreso se disolvió sin dejar resultados, por qe el gran resultado qe debia nacer de él, se obró espontanearnente. Bolivar, señores, no fué un simple poeta, ni un poeta copista del poeta de Austerlitz, al pedir un congreso de todos los pueblos de América. En ello, por el contrario, se mostró ombre de Estado, i político orijinal: no siempre lo grandioso es del dominio de la utopia: nada mas grandioso qe la libertad, i ella entre tanto es un echo qe se realiza en muchas partes. Un filósofo, señores, un ombre qe piensa i qe no obra, qiero nombrar al abate de Saint Pierre, por ejemplo, puede ser un utopista; pero un ombre de espada, un ombre de accion, es lo qe puede aber mas positivo i práctico en la vida. De este jénero de ombres era el jeneral Bolivar: nadie ménos qe él pudo ser tratado de utopista; por la razon de qe es el ombre qe mas echos positivos nos a dejado en América. el qe a vencido grandes resistencias es justamente, señores, el mas acreedor a ser considerado como conocedor de los medios i posibilidad de vencerlas. Ai utopistas negativos, señores, como los ai dogmáticos, i esos son los espíritus escépticos, o mejor diré los espíritus sin vista. Si ai visionarios qe ven lo qe no existe, los ai tambien qe no ven lo qe todo el mundo toca: i no es la ménos solemne de las utopias la qe afirma qe es imposible la realizacion de un echo considerado practicable por el jénio mismo de la accion i por el buen sentido de los pueblos. Bolivar fué tambien orijinal en su pensamiento, pues la América del Sud ofrece tal omojeneidad en sus elementos orgánicos i tales medios para la ejecucion de un plan de política jeneral; de tal modo es adecuado para ella el pensamiento de un órden político continental, qe si no temiesemos violar la cronolojía de los grandes ombres, mas bien diriamos qe Bolivar fué copiado por Napoleon, Richelieu i Enrique IV. E aqí, señores, los ombres qe como Bolivar an pensado i propendido a la centralizacion continental del movimiento político: todos ellos son ombres de accion, espíritus positivos, grandes consumadores de echos. Como ombres de tacto, nunca se infatuaron con la presuntuosa creencia de qe llevarian a cabo lo qe empezaban i concebian: ellos no prometian dar acabado el trabajo concebido. El gran ombre sabe qe los grandes echos se completan por los siglos: el emprende i lega a sus iguales la continuacion de la obra. Asi el pueblo americano, gran empirista, sino gran pensador, acepta el pensamiento de su asociacion continental, i convoca un congreso, no para qe lo organize de un golpe de mano, sino para qe al ménos dé un paso en la ejecucion de este gran trabajo, qe debe durar como la vida de sus graduales i lentos adelantos. La sínodo o carta orgánica qe salga de sus manos no será lei viva desde la ora de su promulgacion: pero será una carta náutica qe marqe el derrotero qe deba seguir la nave comun para surcar el mar grandioso del porvenir. La Asamblea jeneral i la Convencion francesas icieron constituciones: ¿Qé son oi dia esos trabajos? No son leyes vijentes, ciertamente: pero son tipos ideales de organismo social ácia cuya ejecucion marcha el pueblo a pasos lentos; son la luz qe alumbra a las oposiciones liberales, el término a qe se dirijen todos los conatos i anelos del pais: son esperanza de un bien qe el tiempo convertirá en realidad ¿Se cree de buena fé qe nuestras constituciones republicanas promulgadas en América, sean en realidad ni puedan ser otra cosa por aora qe esperanzas i promesas, de un órden qe solo tendrá fiel realidad en lo futuro? Pues tambien la América qiere tener escrito i consagrado el programa de su futura existencia continental. Aun cuando el deseado congreso no trajese otro resultado qe éste, él no ebria sido infructuosamente convocado.

Este pensamiento tiene adversarios, i los tiene entre ombres dignos i corazones onrrados. Los ai qe le combaten como un medio temible qe los gobiernos tiránicos pudieran emplear para afianzarse mutuamente, en perjuicio de los pueblos qe mandan. Estos ombres merecen aplauso por su nobilísimo celo a favor de la libertad. Pero si aceptásemos sus temores, seria necesario tenerlos tambien por todos los establecimientos de órden político, desde luego qe no ai uno solo de ellos de qe no pueda acerse uso funesto en perjuicio de los pueblos: las mismas cámaras lejislativas, el jurado, serien en tal caso objetos de sospecha i temor, desde luego qe son susceptibles de convertirse en instrumentos de opresion i despotismo político, como vemos qe sucede en ciertos estados.

Otros combaten el Congreso continental suponiendo qe no podrá ser sino reproduccion literal del de Panamá I a fé, señores, qe no se engañan si en efecto se a de reunir ese Congreso para pactar medios de resistir a una agresion externa, qe no viene ni vendrá para la América. Pero es posible asegurar qe el venidero Congreso tendrá mui distintos fines qe el de Panamá.

Censuran otros con especialidad lo intempestivo qe fuera su convocatoria en la época presente, i yo estaria por este modo de ver, si se me designase cuál otro seria el momento mas oportuno de su reunion, i cuándo i con qé motivo deberá llegar ese instante.

Otros, en fin, le son adversarios, porqe no ven los objetos qe pudieran ser asunto de las deliberaciones de tal Congreso: i ciertamente qe su disentimiento no puede ser mas excusable, pues ¿qién podria estar por la reunion de una asamblea qe no tuviese porqé ni para qé reunirse? Pero a mi ver, son estos justamente los qe mas se eqivocan en su oposicion, i cuyo error merece ser contestado con anticipacion a los en qe incurren los otros opositores; pues con solo dar a conocer los objetos de interés americano, qe pudieran ser justo motivo para la convocatoria de una asamblea continental, se consigue desvanecer en gran parte las objeciones de temor e incertidumbre qe se oponen a su realizacion.

En vista de esto, señores, yo me ocuparé sucesivamente: 1° de numerar los objetos e intereses qe deberán ser materia de las decisiones del Congreso; 2° de acer ver las conveniencias accesorias qe una reunion semejante traerla a cada uno de los pueblos de América qe concurriesen a ella; 3° de refutar las objeciones qe se an echo sobre los peligros e inconvenientes, qe se seguirian de ella.

Colocaré a la cabeza de los objetos de deliberacion el arreglo de limites territoriales entre los nuevos Estados Este asunto tiene mas importancia de la qe descubre a primera vista. Esta importancia no reside precisamente en la mayor o menor porcion de territorio qe deba adjudicarse a los estados qe contienden sobre esta materia. En este punto el paño es abundante en América, i la tijera del congreso puede retasear fragmentos mas grandes qe la Confederacion Helvética, sin temor de dejar estrecho el vestido qe debe llevar cada Estado. El terreno está demas entre nosotros, i la américa no podrá entablar contiendas por miramientos a él sin incurrir en el ridículo de esos dos locos, a -tienes Montesquieu supone dueños solitarios del orbe, i disputando por límites. Sin embargo, no fuera difícil qe la preocupacion por el interés territorial, qe recibimos sin examen del ejemplo de la política europea, trajese desavenencias con ocasion de los conflictos de límites oi pendientes entre la República del Plata i Bolivia, entre el Estado oriental i el Brasil, entre Bolivia i el Brasil i algunas otras de este mismo órden entre otros Estados. Seria oportuno qe el congreso se ocupase de dar a este respecto un corte capaz de prevenir las desavenencias, qe pudieran orijinarse de la discusion directa i parcial de los interesados. Pero este es el punto estrecho de la cuestion de límites. A mi ver esta cuestion es inmensa i abraza nada ménos qe la recomposicion de la América política. La América está mal echa, señores, si me es permitido emplear esta expresion. Es menester recomponer su carta jeográfico-político. Es un edificio viejo, construido segun un pensamiento qe a caducado: antes era una fábrica española, cuyos departamentos estaban consagrados a trabajos especiales, distribuidos segun el plan industrial i necesario del fabricante: oi cada uno de los departamentos es una nacion independiente, qe se ocupa de la universidad de los elementos sociales, i trabaja segun su inspiracion i para sí. En esta ocupacion nueva, en este nuevo réjimen de existencia, no siempre encuentra adecuado i cómodo el local de su domicilio para el desempeño de sus multiplicadas i varias funciones, i tendria necesidad de variar el plan de su edificio; pero tropieza en los límites qe estableció la Metrópoli monárqica, i qe a respetado la América Republicana. Tomo por ejemplo a los pueblos de Bolivia, qe bajo el réjimen colonial eran fábricas de fundiciones i acuñamientos metálicos de propiedad española, i qe oi no pueden ser lo qe estan llamados a ser. Estados comerciales e industriales, porqe no tienen puertos de mar ni veículos de intelijencia marítima con el mundo exterior i europeo. Entre tanto es constante qe por medio de concesiones realizables de parte de otros Estados, Bolivia podria tener los medios qe oi le faltan para llenar su destino nacional. E aqí un jénero de intereses qe un congreso jeneral podia arreglar en beneficio de todos i cada uno de los actualmente perjudicados. Estos intereses afectan a una gran parte de la América mediterránea i central, qe no debe ser explotada por la América litoral i costanera: el centro vive de su márjen i viceversa.

Es cierto qe para la ejecucion de este designio seria preciso qe el congreso no fuese una simple junta de plenipotenciarios; sino tambien una especie de gran corte arbitral i judiciaria, qe como los congresos de Viena, Verona, Troppau, Laibach i Lóndres, pudiera adjudicar en calidad de árbitro supremo, costas, puertos, rios, porciones elementales de terreno en fin, al pais qe tuviese absoluta necesidad de poseer alguno de estos beneficios para dar ensanche i progreso al movimiento de su vida moderna. El congreso debe tener todo este poder por delegacion expresa de cada Estado, i porqe él nace del interés jeneral i Americano qe es llamado a formular en sus grandes decisiones.

Debe el congreso al delinear las nuevas fronteras no componerlas de simples filas de fuertes militares i oficinas de aduanas: sino qe, con un profundo conocimiento de la jeografía física de nuestro continente, debe establecer fronteras naturales, qe consistan en rios, montañas u otros accidentes notables del terreno. Este sistema tiene por objeto evitar e i empleo permanencia de fuerzas militares para custodia de límites i fronteras: uno de los medios de llenar otro gran interes del congreso i de la América, la abolicion del espíritu militar i el establecimiento de la paz por la ausencia de los medios de acer la guerra.

No se dirá qe esto es impracticable por la razon qe es grave, porqe esto seria suponer qe el congreso se reune para asuntos efimeros. Las divisiones de jeografía política no son cosas normales e inmutables como las qe son obra de la naturaleza: ellas son variables como la política qe las establezca. Echese una oleada comparativa a las cartas jeográficas de distintas épocas: en ellas se verá qe a cada cambio notable operado en el mundo político, viene inerente otro análogo en las divisiones territoriales de las naciones. La Europa del siglo V, no es la Europa de Cárlo-Magno: las divisiones de Napoleon no son las divisiones de Viena. ¿Escaparemos nosotros exclusivamente a esta lei? Dígase mas bien qe la revolucion moderna no a llevado su mano a todas las reformas exijidas. Evidemment, dice un publicista frances ablando de las divisiones territoriales de Sud América, "évidemment rien de toutes ces divitions n'est definitif ... L'Amérique est appelée à d'autres destinées...." en efecto asta aqí no nos an faltado cambios: se a formado i disuelto la República de Colombia: se a creado la República Oriental: el Paraguai se a echo estado aparte. Bajo el antiguo réjimen no fueron ménos variables las fronteras: recuérdense los virreinatos del Perú i de la Plata. ¿Porqé pues qedarian inalterables las demarcaciones existentes?

Será tambien el mas eficaz medio de establecer el eqilibrio continental qe debe ser base de nuestra politice internacional civil o privada Entendamos lo qe debe ser nuestro eqilibrio, como emos visto lo qe debe ser nuestro arreglo de límites. Mas qe de la ponderacion i balanza de nuestras fuerzas militares, él debe nacer del nivelamiento de nuestras ventajas de comercio, navegacion i tráfico, el nuevo i grande interes de la vida americana. En la santa guerra de industria i de comercio qe estos paises estan llamados a alimentar en lo venidero, nada mas qe por las-armas de la industria i del comercio, debe establecerse en todo lo posible la mayor igualdad de fuerzas i ventajas. Eqilibrada la riqeza es necesario eqilibrar tambien el territorio como parte de ella, no como medio de preponderancia militar: aqí repetiré la observacion qe ya ice de qe no valuo el precio del suelo por sus dimenciones, sinó por las ventajas de su situacion i conformacion jeográfica. En América el vasto territorio es causa de desórdenes i atraso: él ace imposible la centralizacion del gobierno, i no ai estado ni nacion donde aya mas de un solo gobierno. El terreno es nuestra peste en América, como lo es en Europa su carencia. Chile el mas peqeño de los Estados de América es mas rico, mas fuerte i mas bien gobernado qe todos. Mas chico qe él es el Estado oriental del Uruguai, i resiste a la grande i anarqisada República Arjentina.

Una cuestion concerniente al eqilibrio aliará para tratar el congreso en la de la independencia del Paraguai. Será ese congreso el qe deba deducir si está en la conveniencia mercantil i militar de la América del sud, el qe el Paraguai, con sus rios qe dan desaogo a los tesoros de una mitad de nuestro continente, deba ser adjudicado integramente a la República Arjentina, qe solo necesita de esta agregacion para reportar una preponderancia.

Despues de los límites i el eqilibrio viene el derecho marítimo entre los objetos qe a de tratar el congreso. Nuestra navegacion se dividirá en oceánica, qe es base del comercio exterior, i mediterránea o riverana, qe es el alma del comercio interior para ciertos estados, i para otros de todo su comercio externo i central. Regalar la navegacion es facilitar el movimiento de nuestra riqeza, cuyo mas poderoso veículo de desaogo i circulacion es el agua. Se abla mucho de caminos en este tiempo: no olvidemos qe los rios son caminos qe andan, como dice Pascal. Para acer transitables estos caminos caminantes, es preciso ponerlos bajo el amparo del derecho. Su propiedad aparece dudosa para ciertos estados, i su uso está sujeto a dificultades. Estos puntos exijen esclarecerse i determinarse cuanto ántes; i nadie mas competente qe un congreso jeneral para ejecutarlo. La navegación de los rios de Sud América, envuelve grandes cuestiones de interes material, entre las Repúblicas de la América occidental i las qe ocupan su litoral del oriente. Aqellas se apoyan sobre las ramas superiores de nuestros grandes rios; las otras poseen sus embocaduras. Nueva Granada posee los rios Guaviare i Meta, tributaros del Orinoco, cuyas bocas pertenecen a Venezuela: el Negro, el Vaupes i el Caqeta, tributarios del Amazonas, cuya embocadura está en territorio Brasilero i Guayanes. El Ecuador tiene tambien los rios Tungurugai i Ucayale, qe vierten sus aguas en la caja del Amazonas. El Perú, es propietario de las altas vertientes del Ucayale, qe mas abajo se ace ecuatoriano i despues brasilero, i del Madeira, qe tambien derrama sus caudales en el Amazonas. Bolivia posee tambien conexiones idraulicas con el Brasil, pues sus rios Mamore i Branoo desaguan en el mismo Arnazonas, i las tiene mas íntimas con la República Arjentina, por medio del Pilcomayo i el Bermejo, qe atraviesan su territorio antes de entrar al Rio Paraguai, sobre cuya parte mas alta reposa igual mente una porcion del territorio Boliviano. El Brasil a su turno, poseedor de las alturas del Paraná i el Paraguai, tributarios del Plata tiene ácia Montevideo i Buenos-Aires sobre todo, la misma subordinacion en qe estan respecto de el los Estados de Nueva Granada, Ecuador, Perú i Bolivia.

La ciencia internacional enseña qe la Nacion propietaria de la parte superior de un rio navegable, tiene derecho a qe la nacion qe posee la parte inferior no le impida su navegacion al mar, ni le moleste con reglamentos i gravámenes qe no sean necesarios para su propia seguridad El congreso de Viena sentó esta doctrina por base de los reglamentos de navegacion del Rhin, el Neckar, el Mein, el Mosela, el Meusa i el Escalda: izo mas todavía, declaró enteramente libre la navegacion en todo el curso de estos rios (san las palabras del Acta de Viena) desde el punto en qe empieza cada uno de ellos a ser navegable asta su embocadura... "El Vistula, el Elva, el Pó" an sido sucesivamente sometidos, en el uso de sus aguas navegables, al mismo derecho marítimo, por actos firmados en 1815 i 1821. Puede pues sentarse qe la Europa a reconocido la libertad casi completa de sus rios navegables. La América del Norte consagró este mismo principio, a propósito de la navegacion del Misisipi, en la época en qe (1792) poseedores los Estados Unidos de la parte superior de este rio i su orilla izqierda, la España era dueña de la boca i ámbas riveras inferiores. No ebria razon pues, para qe la América del Sud, no consagre esta misma doctrina en sus leyes de navegacion mediterránea. Ella debe dar absoluto acceso al tráfico naval de sus rios,, en favor de toda bandera Americana; i con cortas limitaciones, de cualesqiera otras banderas, sin exclusion. La frecuencia de la Europa en nuestras costas marítimas a sido benéfica para la prosperidad americana; por qe no lo seria tambien su internacion por el veículo de nuestros rios? Yo veo todavia en nuestros corazones fuertes reliqias de la aversion con qe nuestros dominadores pasados nos icieron ver el ingreso de la Europa en el seno de nuestro continente monopolizado por ellos: proibiciones odiosas establecidas en oprobio nuestro i para provecho del tráfico peninsular, qeremos mantenerlas como leyes eternas de nuestro derecho de jentes privado. Con violacion de estas máximas el Paraguai a capturado en años anteriores una nave americana, qe, con procedencia del Bermejo, acia un viaje de exploracion científica por las aguas del Paraguai en qe desagua aqel rio. El congreso jeneral deberá decidir si actos de esta naturaleza ayan de repetirse impunemente en la navegacion futura de los rios americanos.

En cuanto a la navegacion de los mares americanos, por las marinas de América, convendrá tambien qe se adopten medidas de aplicacion continental, capaces de excitar la prosperidad i aumento de nuestra marina naval. Este punto conduce a otro de los sérios asuntos de qe deba ocuparse el congreso americano: el derecho internacional mercantil. E aqí el grave interes qe debe absorver el presente i el porvenir de la América por largo tiempo: el comercio consigo mismo i con el mundo trasatlántico. A su proteccion, desarrollo i salvaguardia, es qe deben ceder las ligas, los congresos, las uniones americanas en lo futuro. Antes de 1825 la causa americana estaba representada por el principio de su independencia territorial: conqistado ese echo, oi se representa por los intereses de su comercio i prosperidad material. La actual causa de América es la causa de su poblacion, de su riqeza, de su civilizacion i provision de rutas, de su marina, de su industria i comercio. Ya la Europa no piensa en conqistar nuestros territorios desiertos; lo qe qiere arrebatarnos es el comercio, la industria, para plantar en vez de ellos su comercio, su industria, de ella: sus armas son sus fábricas, su marina, no los cañones las nuestras deben ser las aduanas, las tarifas, no los soldados. Aliar las tarifas, aliar las aduanas, e aqí el gran medio de resistencia americana. A la santa alianza de las monarqias militares de la Europa, qizo Bolivar oponer la santa alianza de las Repúblicas americanas, i convoco a este fin el congreso de Panamá. Señores, las oposicion entre las dos alianzas santas a desaparecido. No es el programa de Panamá el qe debe ocupar el congreso; no es la liga militar de nuestro continente, no es la centralizacion de sus armas lo qe es llamado a organizar esta vez. Los intereses de América an cambiado: sus enemigos políticos an desaparecido. No se trata de renovar puerilmente los votos de nuestra primera época guerrera. La época política i militar an pasado: la an sucedido los tiempos de las empresas materiales, del comercio, de la industria i riqezas. Se a convenido en qe es menester empezar por aqí para concluir por la completa realizacion de las sublimes promesas de órgano político contenidas en los programas de la revolucion. El nuevo congreso, pues, no será político sino accesoriamente: su carácter distintivo será el de un congreso comercial i marítimo, como el celebrado modernamente en Viena, Stuttgart, con ocasion de la centralizacion aduanera de la Alemania. El mal qe la gran junta curativa es llamada a tomar bajo su tratamiento no es mal de opresion extranjera, sino mal de pobreza, de despoblacion, de atrazo i miseria. Los actuales enemigos de la América están abrigados dentro de ella misma; son sus desiertos sin rutas, sus rios esclavizados i no explorados; sus costas despobladas por el veneno de las restricciones mezqinas, la anarqia de sus aduanas i tarifas; la ausencia del crédito, es decir, de la riqueza artificial i especulativa, como medio de producir la riqeza positiva i real. E aqí los grandes enemigos de la América, contra los qe el nuevo congreso tiene qe concertar medidas de combate i persecusion a muertes.

La union continental de comercio debe, pues, comprender la uniformidad aduanera, organizándose poco mas o menos sobre el pie de la qe a dado principio, despues de 1830, en Alemania i tiende a volverse a europea. En ella debe comprenderse la abolicion de las aduanas interiores, ya sean provinciales, ya nacionales, dejando solamente en pié la aduana marítima o exterior. Acer de estatuto americano i permanente, la uniformidad de monedas, de pesos i medidas qe emos eredado de la España. La Alemania está ufana de aber conseguido uniformar estos intereses, cuya anarqía acia casi imposible el progreso de su comercio. Nosotros qe tenemos la dicha de poseerla en plata i arraigada a nuestros antiguos usos, cuantos esfuerzos no deberemos acer para mantener perpétua e invariable su benéfica estabilidad.

Rejidos todos nuestros estados por un mismo derecho comercial, se allan en la posicion única i soberanamente feliz de mantener i acer del todo extensivas al continente las formalidades de validez i ejecucion de las letras i vales de comercio. Estableciendo un timbre i oficinas con rejistros continentales, las letras i vales vendrian a tener la importancia de un papel moneda americano i jeneral, i por este medio, se echarla cimientos a la creacion de un banco i de un crédito público continentales. La misma jeneralidad podia darse a la validez i autetididad de los documentos i sentencias ejecutoriadas; a los instrumentos probatorios de órden civil i penal, rejistrados en oficinas especialmente consagradas al otorgamiento de los actos de autenticidad continental. Las formalidades preparatorias i de comprobacion exijidas para entrar en el ejercicio de las profesiones científicas e industriales, es otro de los objetos qe debe arreglar el congreso americano. La uniformidad de nuestra lengua, leyes, creencias i usos, ace qe la competencia para el ejercicio de ciertas ciencias i materias, sea de suyo americana. En casos semejantes no debe seguirse en nuestros estados la práctica adoptada por los pueblos de Europa distintos respectivamente en lengua, leyes, creencias relijiosas i políticas, usos, etc. Será suficiente con qe se adopte el número de pruebas qe aga indispensable la necesidad de poseer aqella parte en qe la ciencia o profesion se aya localizado. Así la centralizacion universitaria en ciencias morales i filosóficas es un echo qe en América del Sud no presenta una ejecucion imposible; i es fácil ver de cuanto estímulo no serviría a los jóvenes en las vocaciones científicas i profesionales, la idea de qe un grado expedido en cualqiera universidad de un estado americano, les acia profesor en diez repúblicas.

Los inventos científicos, la produccion literaria, las aplicaciones de industria importadas, recibirian un impulso grandioso, desde luego qe un congreso americano concediese garantías al autor de un invento, un escrito o publicacion útil del ejercicio exclusivo de su privilejio en todos los estados de Sud América, con tal qe a todos extendiese su práctica. No es este uno de los menos importantes objetos qe el congreso jeneral tendria qe tratar.

La construccion de un vasto sistema de caminos internacionales a expensas recíprocas, qe trazados sobre datos modernos, concilien la economia, la prontitud i todas las nuevas exijencias del réjimen de comunicacion i rose interior: la posta exterior o de estado a estado, consecuencia precisa del establecimiento de nuevos vínculos e intereses jenerales, sometida a un impuesto único i continental: e aqí dos objetos mas dignos de particular atencion por parte del congreso.

La extradicion criminal civil: única extradicion admisible en virtud de la universalidad de la justicia i del crimen civiles. Qe el qe asesina en el Plata, sea aorcado en el Orinoco: nada mas bello qe este vasto reinado de la justicia criminal. Pero es necesario abolir para siempre en nombre de la libertad politice, la extradicion de los qe son acusados por el sofisma de partido civil político, como culpables de delitos de lesa patria: por la inviolabilidad del asilo político, cada estado a de poder ser tribuna de oposicion i censura inviolables de los demas: esta censura mútua i normal, no podrá ménos qe utilizar a todos. Otro punto es éste, qe no debe ser olvidado.

Una de las grandes miras del congreso debe ser la consolidacion jeneral de la paz americana: serán medios para obtener este resultado, a mas de todos los arreglos propuestos la amortizacion del espíritu militar, aberracion impertinente qe ya no tiene objeto en América. La independencia americana, su dignidad i prerrogativas no descansan en las bayonetas de sus pueblos: el Océano i el desierto, son sus invencibles guardianes: ella no e débil, comparada con la Europa; en su territorio, es fue te, como el mundo entero. Será otro medio preventivo de la guerra el no tener soldados, por el principio de qe donde ai soldados ai guerra. Se puede pactar e desarmamiento jeneral, concediendo a cada Estado el empleo de las fuerzas únicas qe ace indispensable el mantenimiento de su órden interior, i declarando ostil a la América, al qe mantenga fuerzas qe no sean indispensablemente necesarias. La guardia nacional i no los ejércitos asalariados, deben ser la base lícita de los poderes fuertes de la América. Toda república qe mantiene fuertes ejércitos atenta contra la santa lei de su comercio i prosperidad industrial con detrimento de la América; i la América qe ama el órden i necesita de él debe desarmarla en nombre de la paz comun. Se deben tambien abrogar la paz i neutralidad armadas en América, como estériles, para reemplazarla por la paz i neutralidad ocupadas i mercantiles. Para prevenir la guerra podria tambien, como en el foro civil, establecerse una judicatura de paz internacional, adonde acudiesen en conciliacion, ántes de ir a las armas los Estados dispuestos a ostilizarse: esta gran judicatura americana, para acerse efectiva en todo nuestro vasto continente, podria subdividirse en cortes parciales, correspondientes a tres o cuatro grandes secciones en qe la América Unida debe necesariamente dividir la administracion de aqellos intereses declarados continentales. El dictámen de la corte conciliadora importando tanto como la sancion moral de la América; pondria al desobediente fuera de la lei de la neutralidad; i contra él podrian emplear los demas estados, sino las armas, al ménos todas las medidas de reprobacion i coaccion indirecta susceptibles de emplearse contra un pais qe incurre en nuestra malqerencia.

Este punto qe conduce al derecho i práctica de la intervencion, no puede ser abolido donde qiera qe ai mancomunidad de intereses. Acer comunes las cosas i exijir la neutralidad de la indiferencia en su manejo es c establecer cosas contradictorias. La América tendrá siempre derecho de intervenir en una parte de ella: el órgano está sujeto al cuerpo, la parte, al todo. La intervencion en América es tradicion de 1810. La revolucion se salvó por ella: la neutralidad la ebria echo sucumbir. Buenos Aires interino en Chile: Chile i Colombia en el Perú, i la América se salvó por esos actos. En cualqiera época qe un mal semejante al de la esclavitud colonial se aga ver en América con tendencia a volverse jeneral, la "América tendrá el indispensable derecho de intervenir para cortarle de raiz. Es justamente en punto a intervencion i neutralidad qe el derecho internacional americano debe ser especial i orijinal: en cualqier otro punto podrá ser fiel imitacion de la diplomacia europea, sin incurrir en insensatez: en éstos. no: la América, una e indivisible en los elementos políticos i sociales qe la forman, en los males qe la aflijen, en los medios qe puedan salvarla, será siempre un cuerpo ménos íntimo qe la union de Norte América si se qiere, pero mil veces mas estrecho i unido, qe lo formen los pueblos de la Europa: la neutralidad, pues, qe entre pueblos eterojéneos es indispensable, es de imposible práctica donde los pueblos abitan un suelo, fueron ayer un solo pueblo i oi son una sola familia. Consideraciones son estas qe el congreso debe tener mui presente al poner los principios del derecho internacional Americano. Tocamos aqí otro de los grandes objetos del congreso jeneral: el establecimiento de un derecho de jentes para nuestro continente privativamente i para con la Europa. El nuestro privado se compondrá en gran parte de las decisiones recaidas sobre los objetos qe dejamos indicados. Establecerá la igualdad de los poderes o Estados del Continente Americano, determinando con especialidad las circunstancias qe forman la individualidad nacional de cada uno, para dejar a salvo al sistema qe aya de emplearse para con fas fracciones en qe se dividan las actuales Repúblicas. Sentará fas formas de su diplomacia privada sobre principios consecuentes con los de igualdad, economía, sobriedad i llaneza democráticas. Este punto es grave i afecta al cuerpo mismo del congreso. Una diplomacia expeditiva i fácil, económica en forma, ceremonias i protocolos, aria realisables i eficaces de mas en mas las grandes asambleas diplomáticas a qe la América dichosamente comienza a cobrar aficion. Resolverá lo qe aya de acer la América Unida con los estados qe se subdividan; qe se liguen parcialmente; qe se consoliden en uno mismo; qe cambien el principio de su policía fundamental; qe pacten alianzas de guerra con el europeo; qe violen el principio legal i establezcan la dictadura; véase por aqí si en casos semejantes será dable a la América permanecer neutral.

En cuanto a la política con la Europa ella debe ser franca, por qe no está en el caso de temer; mas propia para atraerla qe para contenerla: paciente i blanda mas qe provocativa: modesta, como su edad: parlamentaria mas bien qe guerrera: la civilizacion i no la gloria militar, es su gran necesidad, i en ello ganará con el roce inalterable de la Europa: no debe abusar de su derecho de excomunion, de su poder de resistencia negativa, ácia al europeo, qe el mismo europeo jenerosamente le a dado a conocer, pues en tales excomuniones ella no pierde menos qe el excluido. Pero, como qiera qe sea, el sistema adoptado a de ser uniforme i jeneral, a fin de qe por el poder de esta jeneralidad, los actos de sus estados tengan, ya qe no la sanción de la fuerza, por lo ménos la respetabilidad moral qe inviste lo qe es universal i comun.

Ará parte de esta rama la política para con Roma. Los inconvenientes de la influencia excesiva de Roma en nuestro continente serán ménos de temerse qe los qe pudiera ofrecer el influjo temporal del resto de la Europa. El mar Atlántico ace imposible en este continénte, lejano, el ejercicio de toda accion opresiva qe tenga oríjen en el otro, sea qe se trate de cosas temporales, o meramente de dominio relijioso. Para con la metrópoli católica, la misma firmeza, dignidad, moderacion qe para con la madre España: sucede en lo tocante al culto lo qe con respecto al comercio i otros intereses, qe las conveniencias i desventajas asisten a una i otra parte, de suerte qe Roma no viene a perder ménos qe nosotros, por el entorpecimiento de nuestras relaciones mútuas. De todos modos i en todos los casos nuestra política para con ella debe ser invariablemente la de no permitirla en estos paises el ejercicio de una autoridad qe no esté en armonía con los principios de nuestra independencia i soberanía nacional, i del nuevo réjimen democrático adoptado por nuestros estados. Ermanar el espíritu católico con el de progreso i libertad en qe an entrado-estas repúblicas, e aqí la sencilla i grande base de los concordatos americanos con Roma. Cuánta ventaja no reportarla en este sentido la América, si en las conferencias de un congreso comun adoptase una regla de conducta uniforme i jeneral.

Volviendo a los objetos de mero interes americano de qe el congreso deba ocuparse, no bastará prevenir la guerra, desterrarla en lo posible; será necesario sudetarla a un derecho i a formas nuevas en los casos en qe fuere inevitable. Si es necesario qe por largo tiempo sea ella un rasgo característico de la vida americana, démosla a lo ménos una forma qe la aga ménos capaz de destruir el progreso del comercio i la riqeza de los Nuevos Estados; agamos asta cierto punto conciliable su presencia, con la de la prosperidad mercantil o industrial, dando a estos intereses cierta neutralidad qe los substraiga a los malos efectos de la guerra. Uno de los medios de llegar a este fin en la guerra de mar, será la supresion del corso, declarado piratería con tanta razon por los poderes marítimos mas respetables. El comercio es el grande aliciente qe estos paises ofrecen al extranjero, i su mas grande instrumento de poblacion: agamos, pues, de modo qe él subsistia inviolable, como un medio reparador de las devastaciones operadas por la guerra.

Los pueblos de América abitamos un desierto inconmensurable. Es necesario escapar a la soledad, poblar nuestro mundo solitario. La colonizacion es un gran medio de llegar a este resultado; pero un medio qe despierta recuerdos dolorosos. Sin embargo, como qiera qe aya sido el carácter del empleado por la Europa en los pasados siglos, a él le debemos nuestra existencia, i a él es posible qe deban su ser en lo futuro militares de pueblos americanos. No le excluyamos, pues, de nuestros medios de civilizacion i progreso. Si no le podemos emplear nosotros, dejémosle usar por los qe pueden acerlo. Propongamos modificaciones en su ejecucion; esto entra en nuestro derecho; pero no la pongamos trabas absolutas, porqe esto sale de nuestro poder. Afortunadamente a envejecido ya en la consideracion de la Europa, el sistema de colonizacion empleado por ella en los siglos 16, 17 i 18; i no fuera difícil la adopcion de un sistema de colonizacion americana qe conciliase las ventajas de la Europa, con la independencia i personalidad política de este continente. Tengamos prudencia i tratemos de promover lo qe talvez pueda obrarse a nuestro despecho. El mundo social necesita espacio: nosotros le tenemos de sobra: ¿podremos reusárselo impunemente? Esta cuestion se liga especialmente a la suerte de la porcion mas meridional de América qe solo es pertenencia nuestra en los mapas de los jeográfos, pero qe, en la realidad, es posesion inconqistada de los indíjenas. Aqi la obra española permanece inacabada, i la barbarie se mantiene dueña del espacio qe podria utilizar la civilizacion: es, pues, necesario completar su conqista, pero por medios dignos de ella. El congreso jeneral podria ocuparse de este asunto, qe importa a la suerte de toda América. A la ocupacion salvaje de la Patagonia i del Sud de Chile, se debe talvez el no uso de uno de los mas realizables veículos de intelijencia i tráfico mercantil entre las dos costas Occidental i Oriental de la América. Se abla de la navegacion del Estrecho de Magallanes, situado en 53° latitud; de la canalizacion de Panamá, situado bajo un cielo pestífero; i no se piensa en qe la América puede ser atravesada por una bella ruta, trazable en el punto en qe al Sud deja de ser continua la cadena de los Andes. La Europa misma i todas las potencias comerciales del mundo, no podrian ser invitadas por el congreso, a tomar parte en la ejecucion de este trabajo de universal conveniencia?

Asta aqí e pasado en revista los objetos de qe pudiera ocuparse un congreso Americano; no pretendo qe sean todos i los únicos. Tampoco creo qe un congreso determinado, deba tratar de todos ellos i organizarlos de una sola vez. Ellos serán la materia de muchos congresos, qe en distintos momentos del porvenir se irán reuniendo para ocuparse de aqellos intereses a los qe ubiere llegado su oportunidad. Para muchos de ellos, se necesita grandes trabajos preparatorios, qe solo el tiempo podrá llevar a cabo. La constitucion del continente, como la de cada uno de sus Estados, será la obra de los tiempos, para la cual se sucederán los congresos a los congresos; debiendo entre tanto dar principio alguna vez por uno de ellos. Yo aplaudiré toda mi vida el sentimiento de aqellos Estados, qe sacan su vista del recinto estrecho de sus fronteras i la levantan asta la esfera de la vida jeneral i continental de la América. Es llevar la vista al buen camino. En un gran sistema político, las partes viven del todo i el todo de as partes. La mano de la reforma debe ir alternativamente del trabajo constitucional, de la obra interior del edificio a la obra exterior. Lo demas es construir a medias i de un modo incompleto. Otros pueblos podrán tener en su seno los jérmenes prosperidad: de América desgraciadamente los poseen fuera, i de fuera deben, entrar los manantiales de su vida. La Metrópoli no planto en ella semillas de progreso, sino no de estabilidad i obediencia. La vi a exterior nos debe absorver en lo futuro. En ella somos inexpertos, porqe emos sido educados en la domesticidad colonial i para la vida privada i de familia. Dejemos qe nuestros pueblos empiezen su grande aprendizaje. La necesidad de esta nueva tendencia se revela por el movimiento normal de las cosas. La América, de íntima i mediterránea qe ántes era, aora se ace esterna i litoral. Abia sido echa para vivir en reclusion i se la izo abitar lo mas central de nuestro suelo: desde su entrada en el mundo, a salido a las puertas para recibirle. Los pueblos mediterráneos si qieren prosperidad en adelante qe aguarden a los tiempos de los caminos de fierro: por aora, bienaventurados los que abitan las oprillas de los mares porqe solo ellos pueden ver la cara del mundo, i recibir con su contacto el espíritu de su vida moderna. Veamos lo qe se pasa en Chile, lo qe se pasa en el Plata, Santiago, apenas se acrecienta en tanto qe Valparaiso se duplica: Potosi, Córdova, se despueblan en tanto qe Montevideo se ace capital de Estado, i Buenos Aires recibe de las aguas del Plata, barcadas de ombres qe cubren en el acto los claros qe ace el canon de la guerra civil. A la vida exterior i jeneral, sí; qe el feudalismo, qe el espíritu de aldea nos aoga por todas partes! Qe la América se reuna en un punto, piense en su destino, se de cuenta de su situacion, able de sus medios, de sus dolores, de sus esperanzas. Allí, a la luz de tanta publicidad se verá qe valor tienen en la consideracion del juicio continental, ombres, cuestiones i cosas qe pretenden ser su expresion i simulacro. La América reunida en asamblea jeneral, se dará cuenta de sí misma i se ara conocer del mundo en su verdadera capacidad o incapacidad: este conocimiento no podrá menos qe utilizar a todos, porqé de él saldrán principios de conducta práctica para todos. Estas asambleas continentales an tenido lugar en todos tiempos, i sus resultados, buenos o malos, an sido eficaces. En la edad media, los Concilios tuvieron en Europa, el rol qe oi se desempeña por los congresos; i la iglesia católica, este estado qe abraza todos los continentes, se a organizado por grandes asambleas, qe se reunian cada vez qe abia un asunto de interes universal qe tratar. En el pasado i presente siglo, la Europa se a reunido mas de una vez en congresos continentales, para reglar su forma o modo de existir jeneral, o bien para intervenir en el estado qe se separaba del movimiento comun, a fin de acerle tomar un réjimen interno conciliable con el interes europeo. ¿Estas santas intervenciones ejercidas por la iglesia i el monarqismo, deberán qedar abolidas tan luego cuando se trata de aplicar sus beneficios a la causa de la libertad americana? La Europa incoerente, eterojénea en poblacion en lenguas, en creencias, en leyes i costumbres, a podido tener intereses jenerales i congresos qe los arreglen i la América del Sud, pueblo único por la identidad de todos estos elementos, no a de poderse mirar en su grande i majestuosa personalidad, ni tener representantes jenerales, apesar de qe posee intereses comunes! La centralizacion americana, no será la obra del Congreso, rigorosamente ablando, porqe esta obra está ya echa, i su trabajo es debido a la grandeza del pueblo español qe se produjo él mismo, con todos sus atributos en cada uno i todos los puntos de América meridional donde puso su planta.

"En la vida de los pueblos, dice Guizot, la unidad "externa, visible, la unidad de nombre i de gobierno "aunqe importante, no es la principal, la mas real, la qe "constituye verdaderamente una nacion. Ai una unidad "mas profunda, mas poderosa: es la qe resulta,node "la identidad de gobierno i destino, sino de la similitud de instituciones, de costumbres, de ideas, de ele"mentos sociales, de sentimientos, de lenguas; la unidad "qe reside en los ombres mismos qe la sociedad reune; "de la similitud, i no en las formas de su acercamiento; "la unidad moral en fin, mui superior a la unidad política, i la única qe es capaz de fundarla". Pero esta grande i poderosa unidad moral envuelve en su seno a los Estados Americanos de oríjen español. i el congreso solo tendria qe formular ciertos resultados de la obra ya en planta.

La materia americana es susceptible de dividirse en tres categorías: asuntos peculiares exclusivamente ala América española emancipada: asuntos privativos de la América del Sud: asuntos de todo el continente americano. Estos ramos son susceptibles de cierto grado de independencia en sus relaciones de categoría a categoría; i se deberá tener presente esto ya sea para medir la estension qe deba darse a la convocatoria, ya para concebir el órden de los pactos i discusiones.

"Apesar de la frecuencia con qe me e valido de la palabra continental en el curso de esta Memoria, soi uno de los que piensan qe solo deben concurrir al congreso jeneral, las repúblicas americanas de oríjen español. Menos qe en la comunidad de su suelo, yo veo los elmentos de su amalgama i unidad en la identidad de los términos morales qe forman su sociabilidad. Si la unidad del suelo debiese acernos componer un sistema político jeneral, yo no veo porqe deba escluirse del Congreso Americano a la Rusia, qe posee en América tres veces mas territorio qe Chile; a la Inglaterra cuyas posesiones en América exceden en dimensiones a las de los Estados Unidos; a la España, que posee dos de las grandes Antillas, islas Americanas; a Dinamarca dueña de la Groenlandia, adyacencia americana; a la Francia en fin i a la Olanda, qe tambien tienen parte en las Antillas i bocas del Amazonas. Si se objetase a esto la diversidad de principio político, yo observarla qe esta diversidad no escluye la liga de los intereses qe no son políticos, justamente los mas primordiales de los que deben ocupar al venidero Congreso. Se sabe qe las confederaciones Helvética i Jermánica, contienen en su seno respectivo, poderes aristocráticos, monárquicos i republicanos a la vez. —Observemos qe cuando la Europa se a reunido en Viena o París, no se a llevado de la regla de la unidad territorial, pues a llamado a la Inglaterra, qe no es poder continental, i no a llamado a la Asia i a la Africa, apesar de qe forman parte del antiguo continente. Considero frívolas nuestras pretensiones de acer familia comun con los ingleses republicanos de Norte America. Si su principio político es lo qe debe llamarnos a la comunidad, no veo porqe los Suizos, tambien republicanos i casi tan distantes como ellos, no deban hacer parte de nuestra familia y o apelo a buen sentido de los mismos norte-americanos, qe mas de una vez se an reido de sus cándidos parientes del Sud. Ciertamente qe nunca nos an reusado brindis i cumplimientos escritos; pero no recuerdo qe ayan tirado un cañonazo en nuestra defensa".

Se a contrariado la realizacion del nuevo Congreso Americano, con las razones de oposicion qe militaron contra el de Panamá. Esto es confundir épocas, i miras mui diferentes. Se a dicho qe no se trata ni debe tratarse de una reproduccion literal del congreso de Panamá. ¿A qé conducirla oi una liga militar contra la España? ¿A qé la redaccion de un manifiesto de motivos justificativos, qe ya conoce i aprueba el mundo?

Es inútil, pues, citar las razones alegadas por Adams, por Zabala, por el autor de las meditaciones colombianas, en oposicion al Congreso de Panamá, para oponerse a la reunion de un Congreso qe no debe parecerse al de Panamá. Aqellas autoridades negaron la oportunidad de un Congreso dado, no la de todos los congresos posibles. El ministro i amigo de Bolivar i el presidente de los Estados Unidos, se opusieron a la confederacion de la América como medio de defensa bélica contra la Europa; pero no a la alianza feliz de esfuerzos intelectuales, a una confederacion saludable de buenos oficios i trabajos útiles... Estas son las palabras del ilustre Adams, comunicadas al ministro de Norte América enviado a Panamá. No pueden ser mas aplicables en apoyo de nuestra tésis, qe escluye igualmente la federacion militar de la América i está exclusivamente por la alianza moral i la union de esfuerzos útiles, en provecho de la prosperidad material e intelijente de la América.

Sc a atacado tambien la idea de un congreso americano, comparándolo al Consejo Anfictionico, dieta federal qe conducta los negocios de la liga Anfictiónica, propuesto a los pueblos griegos, por un rei de Atenas. No, señores, el congreso americano no será la dieta Anfictiónica. La liga elénica, era un medio de defensa militar: la liga americana será un medio de prosperidad material. La Grecia era peqeña: la América podria alojar cómodamente a toda la familia de Platon en una isla del Paraná o en el archipiélago de Chiloé: la Grecia era accesible al enemigo extranjero: la América solo pudo ser arrebatada por conqistadores extraños a los salvajes qe la poblaron primitivamente.

Se a recordado tambien para atacarle los inconvenientes qe a traido a la Europa el congreso de reyes; celebrado en Viena en 1815, por medio de plenipotencios: se a anunciado qe los gobiernos de América podrian reunirse, por sus representantes, para pactar una liga de apoyo mútuo i de opresion de las libertades americanas. El aviso es de agradecerse, porqe la cosa no es insignificante. Pero si los gobiernos abrigan ciertamente 'la intencion de pactar en congreso jeneral la opresion de la América, se eqivocan terriblemente en la eleccion del medio adoptado para el ajuste de un pacto semejante. Un congreso de repúblicas no es congreso de reyes: el uno es responsable, el otro no lo es: el uno es institucion democrática, el otro es un cuerpo privado. Los reyes absolutos solo se deben cuenta así mismos: los gobiernos republicanos la deben a los pueblos qe representan. Las cadenas de los pueblos no se remachan a la luz del dia. Los pactos feudales qe oi ofrecen ciertos estados oprimidos de América se an forjado a la sombra de una diplomacia clandestina i reservada; no se an ajustado a la luz de los congresos representativos. Voila ce que sont et tout ce que peuvent ètre les congrès sous l'empire de la loi monarchique, dice un publicista francés ablando de los congresos de Viena i de Verona, i sus aciagos resultados. La democratie seule, pourrait donner a de selles assemélés un caractère de justice et d'utilité générale... Un congrés formé des deputés de nations en possession de leur souveraineté, serait pour toutes ce qu'un sénat est pour chacune d'elles.

¿Témese qe los diputados concurrentes a la grande asamblea no sean espíritus bastante capaces de alzarse a la altura de su mision? Para eso son las instrucciones de qe irán provistos, i qe se redactarán por los primeros ministerios de América. Sobre este punto, seria probable qe en cada uno de los lados qe forman el triángulo de nuestro continente, ubiese un estado qe iciese prevalecer el testo i sentido de sus instrucciones. Pero felizmente los mas capaces de acer esto, son los qe ménos recelos deben infundir de ambicion tiránica a los pueblos: en el Norte seria Venezuela; en la costa Atlántica seria el Brasil; en la del Pacífico seria Chile: los tres paises en qe justamente florece mas alagüeño el sistema representativo. Cuando ménos es de esperarse qe estos pueblos no serien arrastrados a una coalicion vergonzosa i traidora. I si de tal cosa fuesen capaces los mas de los gobiernos Sud-Americanos, reunidos en congreso, aun así mismo este acto seria benéfico en resultados; pues entónces podriamos decir lo qe el abate de Pradt, delante de los resultados del congreso de Carlsbad "Este congreso es uno de los mas grandes acontecimientos de estos tiempos, porque a echo conocer el espíritu de los gobiernos i la tendencia qe prevalece entre ellos. Podria llamársele el espíritu de los gabinetes de Alemania. Sucede en esto con los gobiernos lo qe con los ombres, qe importa conocerles lo mejor posible. Establecido un juicio sobre el particular, podreis guiaros por él para preveer lo qe aran en adelante. Se preguntaba desde largo tiempo cómo consideraban los gabinetes el estado de la Europa. Carlsbad se a encargado de la respuesta... En vista de lo qe acaban de acer se sabe lo qe arán por mucho tiempo. Se sabe entretanto, a qé atenerse respecto a su espíritu pues está declarado. Por lo menos se a ganado esto con Carlsbad". Desde qe concluyó la guerra de la independencia con la España, no sabemos lo qe piensa la América de sí misma i de su destino: ocupada de trabajos i cuestiones de detalle, parece aber perdido de vista el punto comun de arribo qe se propuso alcanzar al romper las trabas de su antigua opresion. Los estados diferentes qe la componen se dan cuenta anualmente de su situacion parcial; i ¿porqé la América toda, de vez en cuando, no se daria cuenta de su posicion jeneral? ¿No seria probable qe el examen de los distintos actos qe componen nuestra vida pública, echo desde un punto de vista tan elevado. sirviese de un estímulo capuz de alejar a nuestros gobiernos de los intereses i pasiones qe no fuesen dignos de la estimacion americana? Así la Europa i el mundo nos conocerian mas a fondo. porqe tendrian opiniones competentes para tomar por bases de las suyas. I últimamente sabriamos nosotros mismos con certeza lo qe teniamos derecho a esperar de un movimiento cuyos frutos se nos preconizó tanto i cuyo acceso se nos presenta a veces tan incierto i dudoso. Si la América oficial nos iciese conocer un desengaño, diriamos tambien nosotros: "por lo menos se a ganado esto con Lima" (suponiendo qe Lima debiese; ser el asiento del congreso.)


Foto AutorEsta página fue hecha por: Luis DALLANEGRA PEDRAZA

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


e-Mail: luisdallanegra@gmail.com 
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*  © Publicada en "La Unidad de América Latina: un proyecto de Juan Bautista Alberdi, Memoria, Sobre la Conveniencia i Objetos de un Congreso Jeneral Americano. Leida ante la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile para obtener el grado de Licenciado", con estudio preliminar de Enrique Hernández, (Buenos Aires, Editorial Granica, 1974).