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Desde el punto de vista del modo en que se establece la relación gobernante-gobernados, se debe tener en cuenta las variables: grado de jerarquización-grado de coerción. Si la estructura es altamente jerarquizada y coercitiva, uno se acerca a una autocracia; por el contrario, si la estructura adopta una forma de pirámide, aún con un mínimo grado de participación de su base, y con un bajo grado de coerción, uno se acerca a un sistema representacional o democrático.
Independientemente de las formas antes descriptas, cuando el régimen vigente adopta una forma con características de autocracia, pero en realidad, tiene un alto grado de jerarquización con un grado bajo de coerción; y por otra parte, no admite a los partidos políticos actuantes hasta ese momento, procurando eliminar a los que coincidan ideológicamente con el régimen anterior, favoreciendo en forma paulatina la participación del resto, aunque en forma "controlada", para un futuro; esta forma de comportamiento del régimen se la denominará "no partidocrática". Desde el punto de vista de su orientación, puede tender sea al logro de una mayor autonomía en el manejo de la política y la economía, sea a mantener o profundizar el estado de dependencia. Esto implicará una polarización en cuanto a su orientación. Por lo que la denominaré no partidocracia polarizada.
Se trata por lo general de regímenes militares, surgidos de un golpe de Estado y cuyo período de transición en el poder es prolongado. Pueden adoptar políticos reformistas o modernizantes, sin hacer uso del poder coercitivo o utilizándolo en casos de necesidad de mantener la estabilidad del régimen.
En cuanto a la orientación
Cada uno de los estilos indicados anteriormente, puede adoptar una orientación distinta. El estilo solamente indica la forma en que la política es implementada. La forma en que se establece la relación gobernante-gobernados, e incluso el grado de legalidad del gobierno, aunque éste pueda en todos los casos ser legítimo.
La orientación tiene que ver con el tipo de política perseguida por un régimen, ya sea éste el de libre empresa o de centralización por parte del Estado; orientado al desarrollo de obras públicas e infraestructura, o a la modernización tecnológica; de mantenimiento de las condiciones existentes o progresista.
A su vez, no se puede hablar de una única orientación dentro de los regímenes latinoamericanos, ya que se trata de tipologías clásicas pero que en su definición no se ajustan unitariamente al comportamiento de América Latina. De modo tal que se observarán tipos principales y a su vez subtipos de orientación, que permitirán explicar su verdadero comportamiento en los ámbitos político, económico y social.
Sería imposible hacer un estudio exhaustivo de cada una de las orientaciones, ya que cada una de ellas demandaría un trabajo en particular. Simplemente anotaré sus rasgos fundamentales y las razones principales de su origen en América Latina.
Paradójicamente y a los efectos de conservar el criterio librecambista en nuestro subcontinente, fue necesario un fuerte "intervencionismo" por parte del Estado, con el propósito de asegurar el funcionamiento del sistema. El intervencionismo no se dio a lugar en lo económico, sino dentro del sistema político para encaminarlo dentro de a concepción liberal.
El Estado del siglo XIX se ocupó principalmente de la eliminación de las barreras que pudieran oponerse al comercio; el perfeccionamiento de un sistema legal acorde y la eliminación de toda restricción que fuera un obstáculo para la actividad económica moderna; la construcción de sistemas de transporte y comunicaciones, especialmente en estos últimos casos, orientados hacia la exportación.
La economía librecambista latinoamericana, estuvo principalmente orientada hacia afuera, y hasta la Segunda Guerra Mundial, especialmente hacia Gran Bretaña. Prácticamente no existió un intercambio interlatinoamericano. Esto llevó primero a una falta de interconexión a nivel subcontinente y además, dadas las economías netamente exportadoras de materias primas versas la importación de manufacturas británicas y de otro origen europeo, hizo que la industrialización incipiente latinoamericana se viera desprotegida, sino casi anulada. Asimismo, tampoco existió una interconexión a nivel nacional, sino era para la salida de los productos primarios a través de las ciudades puerto, hacia el exterior.
Los partidos liberales en el poder, coherentemente con su filosofía, dictaron políticas librecambistas en vez de proteccionistas, en un período en el que el Estado nacional latinoamericano se encontraba en plena formación.
Durante el periodo en que han dominado, realizaron redistribuciones de las tierras, especialmente aquellas de propiedad de la iglesia, entregándolas a particulares y estableciendo una diferenciación y separación de los papeles del Estado y la Iglesia.
El Estado nacional latinoamericano fue instaurado en un periodo en el que la mayoría de los grupos o sectores influyentes no consideraban a la nación como centro de relaciones socio-económicas. Existía un divorcio entre Estado y sociedad. Había una estrecha vinculación con el exterior, observándose al interior como un fenómeno aislado de sus intereses de desarrollo.
Los rasgos fundamentales de comportamiento de los partidos liberales en los aspectos económicos, políticos y sociales, son los siguientes:
Actúan dentro de un sistema de no intervención del Estado en la economía y en la vida ciudadana, llevando a cabo una economía de libre empresa. Para Europa, esto se da en un sistema económico autocontenido y autosuficiente, a diferencia de América Latina, que adopta esta orientación dentro de su situación de dependencia. A su vez existió una interrelación entre el Estado y la sociedad en los países europeos, mientras que como apuntamos anteriormente, el Estado latinoamericano actuó aisladamente del sistema social.
Tratan de hacer frente a las reivindicaciones sociales y económicas, resolviendo el problema de su financiación, por lo general, mediante un sistema de impuestos progresivos. En lo social, actúan en defensa de las garantías individuales y los derechos constitucionales, adoptando programas de reforma social. En este último aspecto, los programas son contemplados en el sector moderno de la sociedad.
Los grupos sociales incluidos en las haciendas o latifundios, respondían a su patrón, desconociendo —ya que carecían de una visión amplia— al Estado nacional.
Pero, por otro lado, no existió una interconexión entre los grupos de hacendados y latifundistas, que les permitiera tomar el poder a través de la formación de una clase gobernante, si bien eran líderes o caudillos de sus grupos particulares, pero no lo eran del pueblo en su totalidad, ni habían surgido de él a través de su apoyo
Dentro del sistema económico, las producciones del sistema latifundista, no se llevan a cabo para el consumo nacional, sino para la exportación. Estos grupos miran principalmente hacia el exterior, pensando en sus socios de ultramar, o hacia el interior, pensando en sus haciendas, pero no en la nación como un todo.
Gozando de un sistema de libre convertibilidad, sus ganancias en la mayoría de los casos son depositadas en el exterior, en vez de invertirlas en el país.
Todos los productos que consumen son adquiridos en el exterior, e incluso, la educación de sus hijos se lleva a cabo en el extranjero, lo que les crea una mentalidad más cosmopolita que nacional.
La incapacidad de gobierno directo, fue suplida por la delegación mediante la realización de alianzas, a efectos de acceder al gobierno.
Encontrándose libres de la responsabilidad de destinar los recursos públicos a fines públicos, hallaron una forma de riqueza en el Estado, modelándolo como un medio en el que podían desempeñar sus papeles de mantenimiento de relaciones y de emulación del sistema europeo.
Los rasgos fundamentales están dados principalmente por el mantenimiento de las condiciones existentes y una oposición al cambio brusco en el orden social, económico, jurídico, religioso, político o cultural.
Se identifican con el orden establecido y procuran el mantenimiento del mismo defendiendo los patrones de moralidad heredados y de las instituciones.
No consideran adecuado la modificación de las condiciones sociales. Se oponen totalmente a los planes reformadores y a la izquierda aunque ésta sea moderada. En los casos en que el proceso tiende a acelerarse bruscamente, su actitud procura el mantenimiento o la restauración del orden en sus casos.
Observan un total escepticismo en cuanto a la eficacia de un gobierno popular, teniendo como rasgo particular el que los partidos agrarios son de un matiz conservador.
Actúan en defensa de la propiedad privada, aunque contrariamente a los liberales son latifundistas. Su comportamiento en el ámbito rural llega a políticas de colonización o de parcelación de la tierra, pero no admiten la reforma agraria.
La influencia del sistema internacional en el ámbito latinoamericano. Las riquezas de los países latinoamericanos se volvieron importantes y necesarias para el desarrollo industrial creciente de los países europeos y Estados Unidos, creando a su vez expectativas en el subcontinente sobre las posibilidades de favorecer el desarrollo y la modernización. El guano, los nitratos, el petróleo, el plátano, cacao, café, azúcar y otros productos, fueron vistos con interés y con codicia por los inversores extranjeros, haciendo pensar a los conductores latinoamericanos en la posibilidad de un rápido desarrollo.
Bajo estas perspectivas, se fundó un sistema basado en la eliminación de restricciones para la transacción económica, en la especialización internacional de las funciones y la producción sobre la base de la ventaja comparativa; un sistema de precios regulado por un mercado monetario libre, acompañado de un flujo irrestricto de capital entre países.
Los países desarrollados "arriesgarían" sus recursos y aplicarían sus conocimientos técnicos en el mundo subdesarrollado, a cambio de una ganancia traducida en utilidades. Como contrapartida,; estos últimos permitirían que se utilicen sus recursos inexplotados, aumentando su productividad, iniciando un proceso generador de riquezas y de modernización.
Las funciones del Estado en este caso serían las de proteger la propiedad privada y el mercado libre. De esta forma, el Estado nacional latinoamericano podría encajar y formar parte del sistema económico internacional.
La forma de apertura y garantías para este nuevo proceso, fueron dadas por el otorgamiento de concesiones, utilizando todos los recursos disponibles para atraer inversionistas y empresarios extranjeros. Concesión de tierras; cesión de derechos sobre el subsuelo; exención de impuestos y tarifas; garantías estatales al capital invertido; inversiones complementarias en infraestructura por parte del gobierno; protección contra sindicatos y posibles insurrecciones; garantías de estabilidad política a efectos de evitar "vaivenes molestos" al inversionista créditos en paridad de condiciones con la empresa nacional, etc.
Los partidos políticos o grupos de interés, han sido por lo general de carácter rudimentario, no estableciéndose por ende un franco enfrentamiento entre "representantes del pueblo" y sectores de la vida económica con intereses dentro del país. Este desequilibrio llevó por lógica consecuencia a un predominio de facciones por sobre la totalidad de la vida nacional.
La política internacional latinoamericana —que más que esto fue una suma de distintas políticas, engarzadas con un punto de referencia extralatinoamericano— estuvo vinculada al patrón de relaciones económicas internacionales.
Los rasgos fundamentales de los gobiernos modernizantes están dados por el pensamiento de que el progreso económico es la base de la sociedad moderna. El paso de la sociedad tradicional hacia una comunidad moderna se procura a través de la adquisición de las características comunes con las sociedades más desarrolladas. La forma de incluir a la sociedad tradicional dentro del proceso de modernización, es mediante un crecimiento económico orientado hacia el incremento de la producción y el consumo.
El esfuerzo de desarrollo y en el ámbito social, es llevado a cabo en el sector moderno de la sociedad. No realizan reformas sociales en forma directa tanto a los miembros del sector moderno, como a los del sector tradicional que conforman, como consecuencia de su traslado a las ciudades, un grupo marginal dentro de las mismas. Su concepción es que la modernización misma en el ámbito económico provocará efectos favorables en el ámbito social.
Los gobiernos modernizantes se dan generalmente con una autoridad jerarquizada y el partido de gobierno es el principal instrumento de cambio en los casos de existir una democracia parlamentaria. En los casos de autocracias modernizantes o de no-partidocracias polarizadas con comportamientos modernizantes, la autoridad es jerárquica y el sistema es unitario. En estos últimos casos, existe una gran tendencia al uso del poder coercitivo por parte del Estado.
Estos gobiernos dependen en gran medida de la inversión externa, ya que tienen poca capacidad para generar el ahorro y la inversión productiva internamente.
El crecimiento de las ciudades, genera nuevos tipos de demandas, acentuando el crecimiento de actividades no tradicionales, como la construcción, el comercio en pequeña y gran escala, etc. La demanda de servicios por parte de estos sectores incorporados se contrapone al esquema de austeridad del criterio convencional, generando el crecimiento y por ende la inversión en servicios.
De la política tradicional agro-exportadora y de restricciones al consumo, de las ciases medias, se pasa gradualmente a comportamientos desarrollistas ligados al sector industrial en crecimiento y a la inversión extranjera.
El sector industrial, por su parte, se favorece con la expansión del consumo, debido al crecimiento de la población urbana, pero juega el doble papel de apoyo a las posiciones reformadoras, ya que implican una expansión en actividades como la construcción de viviendas y obras públicas; como de alianza con sectores convencionales, ya que le permiten la producción de insumos para la exportación.
La tendencia reformista se presenta en dos variantes principales en América Latina; por un lado con una concepción progresista y por el otro radical.
En el primer caso, la reforma es propuesta por una intelectualidad perteneciente a las clases gobernantes, pero representa a las capas inferiores y exige la extensión de algunos derechos detentados por las capas gobernantes a las capas inferiores. Neutraliza toda resistencia militar mediante el mantenimiento de las Fuerzas Armadas fuera de la política.
Las reformas radicales son propuestas por una intelectualidad aceptada por el círculo gobernante, pero que proviene de la nueva clase en ascenso representándola. Esta clase exige igualdad de derechos con la gobernante. Por lo general actúa conjuntamente con las Fuerzas Armadas, o en su caso es desarrollado directamente por los militares que acceden al poder.
El problema fundamental para el reformista no es el criterio convencional en sí, sino el hecho de que éste lleva a cabo un proceso de cambio demasiado rígido, dejando de lado una cantidad importante de demandas o satisfaciéndolas insuficientemente.
No pretende eliminar al sector moderno, sino establecer una vinculación entre éste y la situación de estancamiento del sector tradicional a efectos de lograr un equilibrio en el desarrollo y la distribución.
Sus metas fundamentales están dadas por la promoción y aceleración del desarrollo económico con una orientación nacionalista del proceso. Una ampliación de la medida de la participación socioeconómica de las masas rurales a través de la reforma agraria y de las masas urbanas a través de una combinación de mejoramiento del nivel de ocupación con medidas de bienestar.
Dentro del reformismo dirigido por las Fuerzas Armadas, el nacionalismo se combina con una actitud moralista y anticomunista.
Si las ideas e ideologías de los grupos convencionales, fueron importadas; también lo fueron las de los grupos reformadores que adoptaron modelos también europeos y norteamericanos, que iban desde criterios marxistas, pasando por el fascismo y el New Deal norteamericano.
Si bien muchos de los principios reformadores tuvieron inspiración marxista, los fines perseguidos no fueron necesariamente comunistas. Tomaron elementos de modelos de la vida internacional, a falta de modelos propios y de una concepción planificadora.
Sus aspiraciones fueron de orden progresista y especialmente se movieron a partir de una total disconformidad con el criterio de distribución de los beneficios de la modernización entre los diversos sectores de la nación.
La mayoría de las reformas latinoamericanas quisieron vestirse de revolución a través de comportamientos radicales, sin respetar tiempos ni períodos, ni lograr medios alternativos suficientes que reemplacen la antigua inversión, o mercados de exportación de sus productos, acompañado de políticas de desarrollo basadas en la distribución, sin el sustento previo de una producción estable.
Muchas de las empresas nacionalizadas no pudieron ser manejadas por falta de experiencia o en otros casos, se retiraron inversionistas pero no se consiguió reemplazo ni en el ámbito interno, ni del exterior, que se adhiriera a las nuevas reglas del juego.
América Latina procuró adoptar políticas propias, en un marco en el que aún continuaba vinculada al sistema internacional de relaciones económicas.
La falta de elementos propios fue una de las principales desventajas del criterio reformador, junto a la baja permisividad tanto de las elites internas como internacionales.
1) Incapacidad para definir con coherencia el objetivo,
las condiciones básicas y las limitaciones que se le pueden presentar como contendiente.
El populismo latinoamericano se caracterizó por su vaguedad y ambigüedad, no logrando nunca una articulación básica de su filosofía política y de sus metas socioeconómicas. Se mostró en favor del desarrollo económico, nacionalista y predominantemente industrial, orientado hacia la redistribución social de la riqueza y de las oportunidades. Pero nunca delimitó claramente los limites entre los sectores que se reservarían a la iniciativa del Estado y los que seguirían abiertos a la iniciativa privada.
Pese a las inclinaciones populistas por la planificación estatal y la intervención del Estado en la economía, ubicó a este último en su carácter de inversor, como subsidiario del sector privado
2) Una incapacidad para llevar su política económica a la práctica.
No existió con respecto a los proyectos populistas una elaboración presupuestaria clara y realista, debido precisamente a la ambigüedad de su política económica.
Una variable hostilidad interna e internacional los ha rodeado. Siempre fueron impotentes frente a las élites económicas de sus países, pese a que si bien sus lemas tuvieron un tinte socialista, fueron una forma de capitalismo privado, tanto en las realidades del poder como en las intenciones de los dirigentes, aunque orientado hacia un reformismo radical.
Se agrega una mala administración en el nivel de empresas públicas, especialmente en los sectores básicos y de infraestructura y un exceso de mano de obra improductiva bajo la situación de ocupación disfrazada.
3) Incapacidad política para atraer a suficientes sectores de la élite y la subélite,
o bien para hacerles frente y someterlas.
En su origen el populismo fue una respuesta reformista por medios políticos, a las insuficientes condiciones de crecimiento espontáneo revelados por los mercados latinoamericanos. Orientado hacia el mejoramiento de las condiciones de vida de las masas, fue asimismo una victoria política de estas últimas. Esto no fue en el sentido de eliminar el poder económico y político de- las viejas clases gobernantes, sino en el de imponerles por el camino electoral y por otros medios, la atención de las exigencias de las masas y la ampliación de su participación en los sistemas político y económico.
El reformismo populista en su fase ascendente, provocó una expansión del sistema económico y la aceleración de la industrialización. Esto favoreció una relación dialéctica entre el crecimiento de la economía y la creciente participación de las masas. Cuando los efectos deformadores de la excesiva inflación entre otros factores, quebraron la compatibilidad mínima entre el ascenso de la economía y la creciente participación, hubo que sacrificar algunos sectores para mantener la continuidad del proceso.
Los sectores de la élite y la subélite, gratificados por el populismo, condescendieron a aceptar sus beneficios, mientras el proceso se encontraba en su avance positivo. A medida que se iniciaron las dificultades provocadas por la inflación interna y las deudas externas a corto plazo, estos sectores se fueron volcando hacia la oposición.
La burguesía industrial, resultado del desarrollo populista en la etapa sustitutiva de importaciones, tuvo la oportunidad de establecer relaciones con las grandes empresas internacionales. En la medida en que se enfrentó con la crisis optó por convertirse en socia menor de las supercorporaciones, eludiendo los riesgos de una socialización.
Por su parte, los gobiernos populistas, no impusieron a las empresas nacionales sino un débil control, del mismo modo que a las empresas extranjeras; limitándose a la nacionalización de algunos servicios públicos y a la creación de monopolios estatales para ciertas industrias orientadas a la infraestructura.
Esta tendencia de subordinar la política económica a la política social, les costó el alejamiento de las principales élites dentro del proceso, debilitándolos
La alternativa de la radicalización, lleva a adoptar un comportamiento reformista al populismo, y al reformismo, lo transforma en radical. Cabe destacar que los mecanismos de radicalización, sin un apoyo suficiente de otros contendientes por el poder, o sin el poder necesario para contenerlos, provoca la ruptura y por lo general el consiguiente golpe de Estado.
Por lo general se anula la participación de los partidos políticos en la vida pública, o en el caso en que se permita su participación, no representan una alternativa distinta dentro del proceso, ya que será meramente formal. La participación de las masas será nula, o marginal.
Puede darse el caso que partidos conservadores adopten actitudes progresistas. En estos casos, no existe una participación de las masas en el proceso político ni una real actuación de los partidos políticos. El progreso se realizará principalmente en el ámbito económico más que en el social y con una total abertura a la inversión externa.
Su política económica es más bien de carácter liberal, con apoyo en la inversión externa, especialmente para la explotación de recursos naturales.
El éxito de estas transformaciones depende principalmente de la capacidad que tenga el régimen de contener a las élites, como contendientes dentro del proceso.
En lo que al tipo de régimen hace, no. existe exclusividad en materia de logros. Algunos regímenes tienen éxito en determinados países, ya sea porque tienen recursos suficientes para implementar su criterio de desarrollo, o porque hubo un alto grado de permisividad o ambos elementos en forma conjunta. Entre los factores que jugaron un papel preponderante en los países con logros estén:
1) el que se haya llevado a cabo un proceso de industrialización especialmente orientado al desarrollo general, acompañado con la realización de infraestructura necesaria para que este crecimiento industrial sea efectivo;
2) que pudieran realizar un control efectivo, aunque éste fuera moderado, a la inversión externa. Esto no significa que la rechazaran definitivamente, sino que pudieron orientarla en un alto grado hacia aquellos sectores de mayor interés para el desarrollo por parte del sector gobernante;
3) en algunos casos, la existencia de una participación real de los partidos políticos en la escena. Esto significaría que contribuyeron a conformar una oposición real. Sin embargo, esto último no se puede tomar como una constante general, ya que El Salvador, prácticamente careció de partidos políticos, habiendo anotado logros importantes. Tal vez en estos casos, quienes pudieron jugar un papel importante, son algunos sectores de la élite.
La falta de estas mismas causas, se apuntan para la falta de logros reales por parte del resto de los regímenes analizados.
Dentro del grupo que obtuvo logros reales, se apuntan en primer lugar aquellos que adoptaron un comportamiento reformista, con un 31%; luego los prosperitarios o con un comportamiento prosperitario, con un 30,5%: a continuación los progresistas o con una actitud progresista con un 23%; y por último se encuentran los modernizantes o los que adoptaron una actitud modernizante, con un 15,5%.
Sin embargo, en el 23% de los casos, los reformistas o con una actitud reformista no alcanzaron muchos logros, o tuvieron interés en efectuar innovaciones pero sin logros reales. Lo mismo ocurre para el 10% de los que tuvieron un comportamiento modernizante; el 8% de los prosperitarios; y el 17% de los que adoptaron un comportamiento progresista. Esto pudo deberse a que su inclinación fue más de carácter convencional que verdaderamente reformadora, progresista o modernizante; o por el otro lado, debido a un bajo coeficiente de permisividad a una incapacidad en el manejo de las masas y de los grupos opositoras vinculados a las mismas; o a una baja viabilidad por deficiencias en la estructura económica y escasez de recursos naturales.
En ningún caso obtuvieron logros los gobiernos con un comportamiento populista o transformador radicalizado, quienes comparten un 10% de los casos; así como los conservadores y statuquistas, que comparten el 32%.
El más alto grado de participación de los partidos en la vida política, corresponde a Venezuela, Colombia, Bolivia y Costa Rica.
En lo que hace a regímenes en relación con la participación política de las masas, el mayor porcentaje da participación creciente, corresponde a aquellos con una orientación reformista, y en segundo lugar los populistas y modernizantes dentro de un sistema liberal. Por el otro, se encuentran los statuquistas, reaccionarios, prosperitarios Y los que no obstante la orientación, actuaron dentro de un criterio convencional.
Visto desde el punto de vista de los regímenes adoptaron un comportamiento esencialmente urbano, los populistas, los que tuvieron una inclinación modernizante y los prosperitarios. El reformismo, se inscribió tanto en el sector rural, como en el alternativo; acompañándolo en este último caso los que tuvieron una actitud progresista, modernizante y los statuquistas. Estos últimos corresponden principalmente a Nicaragua y en consecuencia están dentro de las observaciones hechas para este país.
Tomando los cómputos por país el comportamiento dependiente dentro del ítem continuidad de la asesoría y asistencia técnica extranjera, le correspondió el más alto índice a Ecuador y Nicaragua, en paridad de condiciones. En la libre transferencia de ganancias y capital, ocupa el primer lugar Honduras y le sigue Nicaragua. Para expansión de materias primas exportables, Ecuador, Nicaragua y en último término Bolivia. Apertura a las importaciones sin restricciones, Honduras, seguido de Perú. Apertura a las importaciones con controles variables según las circunstancias, Honduras ocupa nuevamente el primer lugar, dependiendo esto del régimen que haya estado de turno, siguiéndolo Colombia.
Respecto de la orientación autonomizante, el mayor porcentaje en nacionalismo económico lo ocupan Costa Rica y Venezuela, prácticamente en paridad de condiciones, siguiéndolos Bolivia. El acento en el aumento de la productividad y la diversificación de las exportaciones predominó como medida de desarrollo en Costa Rica, al igual que la aplicación de un proteccionismo moderado. Para el caso de sólo importaciones esenciales, el mayor índice lo tuvieron El Salvador y Guatemala, obteniendo este último un alto porcentaje en nacionalización de empresas extranjeras.
Los regímenes inscriptos principalmente dentro de una orientación dependiente son los que adoptaron un comportamiento populista, modernizante, statuquista y prosperitario. En los casos del segundo y el último, especialmente porque toda modernización o realización de obras implica grandes erogaciones que difícilmente pueden ser satisfechas mediante el ahorro interno. El populismo que actuó especialmente en Ecuador, se dedicó principalmente a la realización de obras en el sector moderno por ello puede estar encuadrado dentro de la explicación dada para los casos anteriores. La orientación statuquista generalmente actúa adscripta a la inversión y asesoría técnica extranjera.
Los regímenes que adoptaron una orientación progresista o reformadora, adoptaron un comportamiento autonomizante, aunque en una baja medida para el progresismo que se incluye dentro de los dependientes. Sin embargo, si analizamos a ambas orientaciones desde el punto de vista de los logros, este comportamiento autonomizante, fue más bien una intención que la verdadera implementación de medidas.
El statuquismo se encuentra dentro de todas las variables del subgrupo dependiente. Los populistas, actuaron principalmente dentro de la continuidad de la asesoría y asistencia técnica extranjera y la expansión de la producción de materias primas exportables. El comportamiento modernizante actuó en forma similar al populismo para este caso, pero dio apertura a las importaciones con controles variables según las circunstancias. Los prosperitarios actuaron según los países importando sin restricciones, o estableciendo controles variables según las circunstancias; siempre dentro del marco de la asesoría y la asistencia técnica extranjera.
Dentro de este grupo, los progresistas son los únicos que desarrollaron la expansión de materias primas exportables, acompañándolo con un acento en el aumento de la productividad y en la diversificación de las exportaciones, aunque dentro de un marco de asesoría y asistencia técnica extranjera.
El reformismo actuó dentro de todas las variables que implican el comportamiento autonomizante, con la salvedad que hiciéramos anteriormente respecto de los logros.
Inversión extranjera. El predominio en términos globales está dado por el estimulo brindando seguridades a la empresa extranjera; probablemente a la inviabilidad de las medidas de desarrollo, si se recurre exclusivamente a los recursos nacionales. A esta variable le correspondió el 36,2% da los casos anotados; mientras que en un 24% se la controla o hay un control moderado.
El mayor estímulo corresponde a Ecuador, siguiéndolo Nicaragua y Guatemala. Por el contrario, Bolivia es la que ha procurado en la mayoría de los casos un control total o en forma moderada.
Los comportamientos populistas, statuquisantes y prosperitarios se encuentran entre los que la estimulan brindándole seguridades. Los progresistas según el país dentro del que actuaron, le brindaron seguridades o la estimularon controlándola; mientras que los modernizantes, oscilaron entre un estímulo brindándole seguridades y un control moderado. Los comportamientos reformistas, según los países dentro de los que actuaron y el estilo, la estimularon controlándola, o la controlaron. De todas formas, esta actitud debe ser analizada a la luz de los logros, a los efectos de tener un panorama realista.
Cabe destacar que en la totalidad de los países e indistintamente de los estilos y orientaciones, la mayoría de los gobiernos crearon o modificaron, instituciones y dependencias administrativas, constituciones, leyes, decretos, etc., como "principio de ejecución" de los objetivos programáticos que establecieron al asumir. Sin embargo, este comportamiento fundamentalmente programático y juridicista, en la mayoría de los casos no se correspondió con la realidad. De todas formas, este ha sido un "instrumento para el desarrollo' encarado en forma profusa dentro de los distintos criterios y a los efectos de modificar o revertir el estado de cosas.
En términos comparativos, se da un mayor índice o éste es más elástico para el caso de la permisividad internacional, y en lo que hace a los intentos por iniciar nuevos "rumbos" en función de los diferentes criterios; pero esto está sujeto a que no se altere el equilibrio del sistema dentro de sus condiciones límites en el ámbito occidental.

Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET). Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005.
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