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LA CRISIS DE LA ENERGIA EN LA
ESCENA GEOPOLITICA MUNDIAL 1
Ricardo
A. De Dicco *
/ Gustavo O. Lahoud **
Abril del 2003
Prólogo
por Agustín Real 2
En este nuevo documento de trabajo del IDICSO los autores, Ricardo A. De Dicco y Gustavo O. Lahoud, han decidido enfrentar el delicado desafío de investigar y analizar la actualidad. Es decir la realidad misma, como fuente y objeto del conocimiento.
La crisis de la energía en la escena geopolítica mundial, como conjunto, asume además la Responsabilidad (si con mayúsculas) de alzar la voz, con argumentos sólidos y datos concretos, en el desolador contexto que nos toca vivir en estos días.
La mirada crítica e incisiva sobre las verdaderas motivaciones de la guerra en Irak que nos presentan los tres trabajos incluidos en este documento, permiten al lector no sólo atar cabos sueltos en la intrincada escena internacional, sino que dejan abiertos serios interrogantes acerca del futuro político y económico mundial en los próximos 30 años, cuando se agudice aún más la crisis energética y con ella la ardua puja por el control de las reservas y la explotación de dichos recursos a escala planetaria.
Asimismo, los trabajos que componen este volumen merecen un análisis (al menos sucinto) en forma individual, dado que la variedad de enfoques así como las diferentes temáticas de las que se ocupan así lo requieren.
No dispuesto a seguir la lógica comienzo–fin, creo conveniente primero remarcar algunas cuestiones puntuales que hacen al artículo titulado “El caso Enron”. En él, Gustavo Lahoud realiza una detallada investigación analítica y un igualmente completo seguimiento de la información presentada por los principales medios de comunicación en nuestro país y el mundo. De esta forma nos permite como lectores entender las verdaderas razones del escándalo, los cambios políticos provocados por el mismo y fundamentalmente las consecuencias tanto para la política interna estadounidense como para la política internacional.
El segundo artículo, “La guerra contra Irak: ¿guerra contra el mundo?”, también realizado por mi colega Gustavo Lahoud, presenta una equilibrada relación entre teoría y datos, que muestra una visión sistémica “del todo” que representan las relaciones internacionales. Asimismo, sitiado y situado desde América Latina, realiza un análisis profundo sobre las causas que llevaron a los Estados Unidos de América y sus aliados a invadir Irak, por último y retomando el sendero teórico nos deja como conclusión las consecuencias mediatas e inmediatas que el nuevo paradigma hiper-intervencionista del hegemón deparará al mundo en el siglo XXI.
Por su parte, en “Notas sobre la incertidumbre, sobre los sofistas liberales y sobre la búsqueda empedernida de evidencia empírica”, Ricardo De Dicco, juega de manera muy lúcida con el triple enigma que plantea en el título del trabajo, resolviendo una a una las incógnitas planteadas a través de la “presentación empedernida de evidencia empírica”.
El uso constante de datos de las más variadas fuentes, la adecuada agregación y desagregación en cuadros y el amplio panorama de los recursos energéticos a nivel mundial, hacen de este artículo una indispensable fuente de consulta para los interesados en la temática.
Además, las consideraciones políticas del trabajo poseen argumentaciones y contrargumentaciones lo suficientemente sólidas como para permitir primero un serio debate de sus conclusiones y al fin, servir de base a otros artículos o publicaciones sobre la cuestión energética.
Por último queda mencionar las consideraciones finales elaboradas por ambos autores, tituladas “A modo de reflexión”. Creo necesario destacar varios puntos y aportes de esta conclusión.
En primer lugar, no es común que en los Documentos de Trabajo los autores elaboren en forma conjunta las reflexiones que surgen de sus trabajos. Esta modalidad, queda muy claro en este caso, otorga una cohesión importante a los tres artículos y permite una comprensión más cabal del conjunto.
En segundo lugar, aún en estas reflexiones finales se mantiene la sana costumbre de cotejar las afirmaciones efectuadas con la realidad a las que se aplican. Este hecho tiene vital importancia si tenemos en cuenta que (lamentablemente) en la actualidad el profundo arraigo de ciertos regímenes de verdad, así como la aureola de soberbia que muchas veces nos rodea a los “académicos”, nos hacen caer en la tentación de creer erróneamente que cuando los datos de la realidad no coinciden con el modelo teórico planteado es la realidad la que “se está equivocando”.
Por último, creo importante destacar el carácter propositivo que puede apreciarse en las conclusiones, saliendo del plano del análisis “no participante” típico en las ciencias sociales e introduciéndose de lleno en el plano de la acción política desde una perspectiva profundamente latinoamericana.
Es mi intención cerrar este prólogo con un sincero agradecimiento a los autores por el esfuerzo realizado, esperando que de este documento de trabajo pueda surgir, más temprano que tarde, una publicación mayor que continúe con el tratamiento de la cuestión energética y, sobre todo, con “la búsqueda empedernida de evidencia empírica”.
Buenos Aires, ABR/2003
por
Agustín Real
1. Notas sobre la incertidumbre, sobre los sofistas liberales
y sobre la búsqueda empedernida de evidencia empírica
por Ricardo A. De Dicco
“Si tuviera que resumir el siglo XX, diría que despertó las mayores esperanzas que haya concebido nunca la humanidad y destruyó todas las ilusiones e ideales”.
Yehudi Menuhin (violinista y activista de los derechos humanos, estadounidense, de origen ruso, 1916-1998), en Historia del siglo XX, de Eric Hobsbawm.
“Ningún fin tiene para mí tanto valor que pueda justificar los medios para lograrlo. La violencia puede a veces haber hecho desaparecer estos obstáculos, pero jamás ha demostrado que es creativa”.
Albert Einstein (físico, alemán, 1879-1955), en Sobre el humanismo. Escritos sobre política, sociedad y ciencia.
“Y sabemos que Dios no es neutral”.
George W. Bush (Presidente de los EE.UU.), Washington DC, 20/SEP/2001.
“Aunque el Presidente Bush expresa su convicción de que Dios no es neutral, lo cierto es que el Papa Juan Pablo II y casi todos los jefes religiosos del mundo están contra esa guerra. ¿Quién interpreta realmente los designios del Señor?”.
Fidel Castro Ruiz (Presidente de Cuba), en V Encuentro sobre globalización y problemas del desarrollo. La Habana, 14/FEB/2003.
El intelectual de la praxis Antonio Gramsci decía que el desorden intelectual conduce al desorden moral, y éste ha sido uno de los componentes de ascenso del fascismo. ¡Qué contemporánea resulta ser esta reflexión a comienzos del siglo XXI! A medida que analizamos la construcción social de la realidad descubrimos fácilmente la existencia de concentración y centralización del conocimiento y de la toma de decisiones, lo que nos dice que la mayor parte del mundo no participa de la misma, en relación con la primer línea del párrafo. Esto nos lleva necesariamente a toparnos con una crisis estructural del modo de producción vigente. En largas conversaciones con la socióloga Nana Bevillaqua,3 concluimos que los cambios estructurales en la actual etapa capitalista, y su máxima expresión en las razones que determinan la invasión de la coalición anglo-estadounidense a Irak, son un claro ejemplo de ello. En esta II Guerra del Golfo Pérsico, o, si se prefiere, de la Invasión del Imperio anglo-estadounidense a Irak, se manifiesta sin dificultad alguna el motivo real que conduce a las cúpulas decisionales del planeta (EE.UU.,4 Unión Europea, más China y Rusia) a querer controlar el sistema energético mundial: la dominación del mundo.
Veamos a continuación lo fácil que resulta comprobar esta hipótesis cuando nos proponemos recavar y analizar rigurosamente los datos, pues, dicen que cuando un científico se siente defraudado con ciertas “verdades”, se niega a creer en ellas, y tal malestar generador de incertidumbre despierta en él la búsqueda empedernida de evidencia empírica (que es para los sofistas liberales como la criptonita para Superman).
1.1. Análisis de los datos
Según el US Department of Energy (DOE, Departamento de Energía de EE.UU.), el consumo mundial de energía primaria por fuentes para 1970 se basaba en un 93,6% en hidrocarburos; para 1990, estos energéticos representaban un 86,5%; para 2000 un 85,5%; y la proyección para los años 2010 y 2020 coloca a estos recursos naturales no renovables ocupando un 87,1% y 88,8%, respectivamente, de la matriz energética mundial.
Cuadro 1. Consumo mundial de energía primaria por fuentes, 1970-2020, en %:
|
Fuente de energía |
1970 |
1990 |
1995 |
2000 |
2005 |
2010 |
2020 |
|
Petróleo |
47.3 |
39.2 |
39.0 |
38.2 |
37.8 |
37.7 |
37.2 |
|
Gas natural |
17.4 |
21.0 |
21.4 |
23.0 |
24.4 |
25.6 |
27.2 |
|
Carbón mineral |
28.9 |
26.3 |
25.0 |
27.7 |
24.0 |
23.8 |
24.4 |
|
Nuclear |
0.5 |
5.9 |
6.4 |
6.0 |
5.3 |
4.8 |
3.3 |
|
Renovable / otras |
5.9 |
7.6 |
8.2 |
8.1 |
8.3 |
8.1 |
7.9 |
|
TOTAL |
100.0 |
100.0 |
100.0 |
100.0 |
100.0 |
100.0 |
100.0 |
Los datos del Departamento de Energía estadounidense fueron triangulados con las siguientes fuentes de información:
British Petroleum. “Primary Energy: Consumption by fuel”, en BP Statistical Review of World Energy. London, 2002. CORDESMAN, Anthony H. “Projected total energy supply for the world economy”, en The changing geopolitics of energy – Part I. Key global trends in supply and demand: 1990-2020. Center for Strategic and International Studies (CSIS). Washington, DC, 1998. Pág. 28. DE DICCO, Ricardo A. (2002), pág. 4. FREDA, José Francisco (2002a), (2002b), (2000), (1999). INTERNATIONAL ENERGY AGENCY (2002). Organization of the Petroleum Exporting Countries (2001). WORLD ENERGY COUNCIL (2001), pág. 131.
Continuando con la lectura del cuadro 1, referido al consumo mundial de energía primaria por fuentes para el período 1970-2020, nótese que las energías renovables (como la hidroenergía, eólica, solar, entre otras) tuvieron un crecimiento no muy significativo en el período 1970-2000, permaneciendo estancadas en las proyecciones para los años 2005 a 2020. Algo disímil ocurre con la energía proporcionada por los reactores de fisión nuclear, un crecimiento considerable en el período 1970-1995, para disminuir paulatinamente en el transcurso de los próximos veinticinco años (1995-2020).
Con respecto a los hidrocarburos, en lo concerniente al consumo de energía basado en la producción de petróleo notamos una caída algo relevante entre 1970 y 1990, y casi no hay variación en las proyecciones de consumo para los años 2000 a 2020: 47,3% en 1970; 39,2% en 1990; 38,2% en 2000; 37,7% en 2010; 37,2% en 2020. Mientras tanto, el gas natural aumenta su participación de manera significativa, y el consumo de carbón mineral disminuye en pequeños porcentajes, pero manteniéndose en valores muy similares a los del hidrocarburo precedente en esta línea: 23,0% gas natural y 27,7% carbón mineral para el año 2000, y 27,2% gas natural y 24,4% carbón mineral en su proyección para el año 2020. Esto significa que, en palabras simples, la rentabilidad del negocio hidrocarburífero es muy alta en comparación con fuentes alternativas de energía primaria, caso contrario las fuentes alternativas ocuparían un porcentaje mucho más relevante en la matriz energética analizada.
Ahora bien, en el cuadro 2 podemos observar la relación de las reservas comprobadas y la producción de petróleo, distribuidas en el mundo.
Cuadro 2. Reservas y Producción mundiales de petróleo por región, 2001:
|
Región |
Reservas (MBO) |
Reservas (%) |
Producción (kBOD) |
Producción (%) |
Relación Res/Prod (años) |
|
África |
76.7 |
7.3 % |
7814.0 |
10.5 % |
26.9 |
|
América Latina |
122.9 |
11.7 % |
10561.0 |
14.2 % |
31.9 |
|
Canadá |
6.6 |
0.6 % |
2763.0 |
3.7 % |
6.5 |
|
EE.UU. |
30.4 |
2.9 % |
7717.0 |
10.4 % |
10.8 |
|
China |
24.0 |
2.3 % |
3308.0 |
4.4 % |
19.9 |
|
Otros Asia Pacífico |
20.0 |
1.9 % |
4635.0 |
6.2 % |
11.8 |
|
Europa |
18.7 |
1.8 % |
6808.0 |
9.2 % |
7.5 |
|
Rusia |
48.6 |
4.6 % |
7056.0 |
9.5 % |
18.9 |
|
Otras ex-repúblicas soviéticas |
16.8 |
1.6 % |
1596.0 |
2.1 % |
28.8 |
|
Medio Oriente |
685.6 |
65.3 % |
22233.0 |
29.8 % |
84.5 |
|
TOTAL |
1,050.3 |
100.0 % |
74491.0 |
100.0 % |
38.6 |
Notas: MBO = Millones de barriles de petróleo. kBOD = Miles de barriles de petróleo al día (la cifra correspondiente a esta unidad de medida debe multiplicarse por 365, claro está).
Fuente: Elaboración propia en base a datos obtenidos de: BRITISH PETROLEUM. “Oil: Proved reserves at end 2001” y “Oil: Production”, en BP Statistical Review of World Energy. London, 2002.
La fuente de datos BP es, a su vez, triangulada con las siguientes fuentes:
CORDESMAN, Anthony H. “Projected total energy supply for the world economy”, en The changing geopolitics of energy – Part I. Key global trends in supply and demand: 1990-2020. CSIS, Center for Strategic and International Studies. Washington DC, 1998. Pág. 37. DE DICCO, Ricardo Andrés (2002), pág. 13. DOE-EIA (2000), (1998). E&N. (2001). FREDA, José Francisco (2002a), (2002b), (2000), (1999). INTERNATIONAL ENERGY AGENCY (2002). ORGANIZACIÓN LATINOAMERICANA DE ENERGÍA. (2002). Organization of the Petroleum Exporting Countries (2001). PEMEX (2002). Secretaría de Energía y Minería de la Nación [Arg.] (2001).
Si bien el horizonte de reservas comprobadas de petróleo en el globo, según British Petroleum (BP) y demás fuentes citadas, es de 38,6 años (es decir, que en menos de 40 años se agota todo el petróleo del subsuelo planetario), dato al que se llega con la relación reservas/producción a nivel mundial, es interesante identificar, para la comprobación de la hipótesis planteada, la ubicación geográfica de la mayor cantidad de reservorios de este hidrocarburo en el mundo: Medio Oriente.
Medio Oriente posee el 65,3% de las reservas comprobadas de petróleo, pero participa con el 29,8% de la producción mundial, y consume apenas el 5,7%, dado que la mayor parte de la extracción de petróleo, así como también su producción, se destina a la exportación (sus principales clientes son EE.UU., Unión Europea, Japón y Sudeste Asiático).5 Los países de esta región tienen un horizonte algo superior a los 86 años, de acuerdo a la relación reservas/producción de la misma. Veamos algunos países en particular: Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos (E.A.U.) superan holgadamente los 100 años, de acuerdo a la relación reservas/producción propias de cada país, y luego le siguen Arabia Saudita con 85 años, Irán con algo más de 67 años, y Qatar, Yemen, Omán y Siria con 55,5; 24,2; 15,8; y 12,5 años; respectivamente.6
Ahora bien, según BP, PEMEX, DOE-EIA, OPEP y la IEA,7 los primeros seis países en el ranking mundial de reservas comprobadas de petróleo, son: 1) Arabia Saudita: 24,9%; 2) Irak: 10,7%; 3) E.A.U.: 9,3%; 4) Kuwait: 9,2%; 5) Irán: 8,5%; 6) Venezuela: 7,4%.8 Los primeros cinco –oh!, casualidad...– se ubican geográficamente en Medio Oriente; y los seis en su conjunto son miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Luego le siguen: 7) Rusia (4,6%); 8) Libia (2,8%); 9) México (2,6%); y; 10) China y Nigeria (2,3%), para completar las primeras diez posiciones (la última, compartida).
América Latina tiene un horizonte algo superior a los 30 años, a nivel regional, claro está. Participa del 14,2% de la producción mundial y posee casi el 12% de las reservas comprobadas del planeta (las mayores reservas de petróleo en la región se hallan en Venezuela y México); mientras que en el consumo mundial de petróleo, la región representa apenas el 6,7%. Estas notables diferencias entre lo producido y consumido se debe a que los países latinoamericanos con reservas de este hidrocarburo producen muchísimo más de lo que consumen para destinarlo a la exportación, y en algunos casos mera exportación de crudo (es decir, sin valor agregado). En lo que concierne a nuestro país, el horizonte de reservas es inferior a los 10 años, poseemos apenas el 0,3% de las reservas mundiales y participamos del 1,1% de la producción y del 0,5% del consumo mundiales (y pensar que Menem nos había prometido “ingresar” en la OPEP... ridículo es poco, propio de los sofistas liberales). Para mayor información recomiendo acceder al portal de la Secretaría de Energía y Minería de la Nación: http://energia.mecon.gov.ar.
La participación de EE.UU. en el consumo mundial de petróleo equivale a un 25,5%, según BP, DOE-EIA, y otras fuentes citadas. Consideremos que se trata del país desarrollado más poblado del planeta y el tercero sin contemplar el grado de desarrollo (casi 280 millones de hab.); en cuanto a la producción, su participación es del 10,4%, mientras que sus reservas representan apenas el 3%; teniendo un horizonte de reservas inferior a los 11 años. Un dato interesante de la política energética de este país es el no consumo, o en su defecto poco, de sus reservas de Alaska, Golfo de México y Mar del Norte, entre otras, por considerarlas estratégicas. Esto implica que deba importar crudo de países miembros de la OPEP (en primer lugar Arabia Saudita, seguida de Venezuela, Nigeria, Irak y Kuwait, y extra OPEP, como México y Rusia, que en grado de proveedor México ocupa el tercer puesto, para el año 2000).9
La Unión Europea posee menos del 2% de las reservas mundiales, pero participa con algo más del 9% de la producción, con un horizonte de reservas inferior a los 8 años; y le corresponde casi el 22% del consumo mundial, similar al estadounidense. Los países más importantes de Europa operan yacimientos gigantes en Medio Oriente y América Latina, así como de yacimientos submarinos en el Mar del Norte, tanto para su comercialización como para su consumo.
En conversación con el Ing. José Francisco Freda,10 del Instituto de Energía e Infraestructura de la Fundación Arturo Íllia:
“En la década del ’60 se descubrieron más de cien grandes yacimientos de petróleo en el planeta; a partir de los años ’70, y hasta la fecha, sólo se encontraron 29 más, pese al abrumador desarrollo tecnológico. Ya se habrían detectado y ubicado el 97% de las reservas mundiales de petróleo, y sólo existiría un 3% a ser descubierto en el futuro. El siglo XX consumió la mitad del petróleo, y los datos empíricos parecen indicar que el resto comenzará a escasear cerca del año 2040, esperándose su agotamiento total, incluidas las reservas estratégicas de los países miembros del G7, más tardar para el año 2060. Las importaciones de EE.UU. y demás países centrales pasarán de una dependencia actual del 60% a más del 80% en el año 2020. La tasa de crecimiento del consumo de energía en el mundo supera ampliamente a la producción. Esto determina que la matriz energética en la que se sustenta el crecimiento de muchos países no sea sostenible a mediano plazo”.
Continuando con el análisis, la Federación de Rusia tiene en su territorio el 4,6% de las reservas mundiales de petróleo, y su participación en la producción mundial no es muy grande, algo más del 9%, mientras que en el consumo apenas participa con el 3,5%. Rusia es uno de los países más poblados del planeta, ubicándose en el quinto puesto (más de 148 millones de hab.), pero la crisis económica que viene experimentando desde hace más de veinticinco años, profundizada tras las experiencias de la Perestroika y la Glasnost (en los años ’80), ha frenado el desarrollo de su esfera productiva, lo que explica una caída considerable en el consumo energético en general, si se lo compara con la era soviética.
La Perestroika se trató, básicamente, de una significativa reforma política que apuntó a la estructura socioeconómica soviética. La Glasnost complementó a la Perestroika en la superestructura cultural e ideológica, política y social, filosófica y religiosa, es decir, en la sociedad civil y en la sociedad política, al estilo ruso, por cierto, con una perspectiva sociopolítica basada en la aceptación del debate crítico constructivo; es decir, que resultó ser una apertura a la praxis discursiva de la construcción social de la realidad soviética, desde la Revolución Bolchevique de 1917 al presente (de la Administración Gorbachov). Este proceso involucró a los ciudadanos de este país a involucrarse, valga la redundancia, personalmente en la reforma. En ello tuvieron una relevante participación los intelectuales y los medios masivos de comunicación social, como uno de los principales aparatos ideológicos del nuevo Estado que comenzaba a emerger. Los resultados son bastante conocidos: el traspaso del capitalismo de Estado/totalitarismo al capitalismo de economías de mercado/fascismo de mercado, y todo lo que ello implica. Para profundizar este tema, véase un artículo de mi autoría: Notas sobre la Madre Rusia (Castelar, 2001). Veamos lo que dicen los cientistas sociales Alfredo E. Calcagno y Eric Calcagno al respecto:
“No sería correcto idealizar el Estado del pasado y querer volver a él; ni tampoco pasarle una aplanadora al sector público, que ponga a la sociedad en manos de los grupos privados que liquidaron al Estado en beneficio propio [en referencia al caso argentino]. El caso de Rusia es una severa advertencia, pues la desaparición de la Unión Soviética no dejó lugar a la sociedad civil ni liberó la fuerza productiva empresarial, sino que primó un conjunto de mafias”.11
En conversación con el colega Agustín Real, notamos, además, que durante el proceso de desintegración implosiva de la Unión Soviética se produce un fenómeno de concentración del poder por parte del Buró Político del Partido Comunista Soviético y de la protoburguesía industrial (Sukhoi, Suvinov, Micoyan-Gurevich, Antonov, Ilshuyin, entre otros; a excepción del segundo, las empresas citadas corresponden a la rama de actividad de industria de la defensa), ambos, siendo funcionales al capitalismo de Estado, terminaron dominando y dando forma al nuevo sistema de acumulación intensiva, concentración y centralización del capital que sobrevendría luego de la Glasnost y la Perestroika (en ese orden).
El horizonte de reservas de Rusia alcanza los 18,9 años, de acuerdo a su relación reservas/producción. Esto último no representa amenaza alguna para el suministro de energía de las diversas ramas de actividad, en especial la industrial, ya que alimenta a la misma con la producción de gas natural que posee en sus reservorios gigantes ubicados en Siberia. Por otra parte, resulta importante la participación que tienen la hidroenergía y la energía nuclear en su propia matriz energética. Algo más, las operaciones de empresas rusas en el Medio Oriente comercializan el crudo con el resto del mundo, no en casa.
China posee el 2,3% de las reservas mundiales y participa con el 4,4% de la producción, y con el 6,6% del consumo mundial de energía, ya que su principal consumo energético es proporcionado por la explotación de sus propias reservas de carbón mineral.12 Si bien el horizonte de reservas señala alrededor de 20 años, los permisos de exploración y las concesiones de explotación de petróleo en Medio Oriente, en especial Irak, le ofrece a este país la supuesta “seguridad” de sus intereses vitales (me refiero, en este caso, al ingreso de divisas). Por otra parte, la explotación de carbón mineral y, sobre todo, la construcción de centrales hidroeléctricas (como el polémico Proyecto de las Tres Gargantas) y de fisión nuclear son parte del plan de contingencias chino para redistribuir el riesgo de colapso energético por su alta dependencia con el carbón mineral, considerando que el horizonte de reservas de este hidrocarburo es de 105 años, y con una población cercana a los 1300 millones de hab. (el país más poblado del mundo), que va en aumento.13 Para una mejor comprensión de la evolución particular de este país, recomendamos la lectura del libro China. Perspectivas del presente, desafíos del futuro, de Sergio Cesarin (investigador del IDICSO y del CONICET) y Carlos Moneta, publicado por Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Buenos Aires, 2002).
Países como Japón y los restantes “Tigres Asiáticos” dependen obligadamente de la importación de crudo, en su mayor parte proveniente del Medio Oriente, por no poseer en sus territorios reservas hidrocarburíferas. En el continente africano, las mayores reservas de petróleo se encuentran en Libia (2,8%), Nigeria (2,3%) y Argelia (0,9%).14 En lo que a producción se refiere, los mayores productores son Nigeria (2,9%), Libia (1,9%), Argelia (1,8%) y Angola y Egipto (ambas con 1,0% cada una).15 En lo que respecta a consumo mundial de petróleo, todo el continente participa apenas con el 3,3%. En la relación reservas/producción, el horizonte africano es de aproximadamente 27 años.
En lo que concierne al gas natural, en el cuadro 3 que expongo en la siguiente página, podemos observar la relación de las reservas comprobadas y la producción de este hidrocarburo, distribuidas en el mundo.
De acuerdo a la relación reservas/producción de gas natural, según BP y demás fuentes bajo el cuadro citadas, para el año 2001, el horizonte de reservas a nivel mundial es de 62,9 años, es decir, que en menos de 63 años nos quedamos sin este energético no renovable, o quizás en menos tiempo, en caso de aumentar significativamente la producción del mismo en pos de reemplazar al petróleo.
Cuadro 3. Reservas y Producción mundiales de gas natural por región, 2001:
|
Región |
Reservas (BCM) |
Reservas (%) |
Producción (BCM) |
Producción (%) |
Relación Res/Prod (años) |
|
África |
11,180.0 |
7.2 % |
124.0 |
5.0 % |
90.2 |
|
América Latina |
8,000.0 |
5.2 % |
134.8 |
5.5 % |
59.3 |
|
Canadá |
1,690.0 |
1.1 % |
172.0 |
7.0 % |
9.8 |
|
EE.UU. |
5,020.0 |
3.2 % |
555.4 |
22.5 % |
9.0 |
|
China |
1,370.0 |
0.9 % |
30.3 |
1.2 % |
45.2 |
|
Otros Asia Pacífico |
10,900.0 |
7.0 % |
249.7 |
10.1 % |
43.7 |
|
Europa |
4,860.0 |
3.1 % |
292.5 |
11.9 % |
16.6 |
|
Rusia |
47,570.0 |
30.7 % |
542.4 |
22.0 % |
87.7 |
|
Otras ex-repúblicas soviéticas |
8,570.0 |
5.5 % |
134.9 |
5.5 % |
63.5 |
|
Medio Oriente |
55,910.0 |
36.1 % |
228.0 |
9.3 % |
245.2 |
|
TOTAL |
155,070.0 |
100.0 % |
2,464.0 |
100.0 % |
62.9 |
Notas: BCM = Miles de millones de metros cúbicos.
Fuente: Elaboración propia en base a datos obtenidos de BRITISH PETROLEUM. “Natural Gas: Proved reserves at end 2001” y “Natural Gas: Production”, en BP Statistical Review of World Energy. BP, British Petroleum. London, 2002.
La fuente de datos BP es, a su vez, triangulada con las siguientes fuentes:
CORDESMAN, Anthony H. “Geopolitical impact of oil and gas reserves”, en The changing geopolitics of energy – Part II. Global oil and gas production and reserves. CSIS, Center for Strategic and International Studies. Washington DC, 1998. Pág. 31. DE DICCO, Ricardo Andrés (2002), pág. 15. DOE-EIA (2000). E&N (2001). FREDA, José Francisco (2002a), (2002b), (2000), (1999). INTERNATIONAL ENERGY AGENCY (2002). ORGANIZACIÓN LATINOAMERICANA DE LA ENERGÍA (2002). PEMEX (2002). Secretaría de Energía y Minería de la Nación [Arg.] (2001).
Medio Oriente, en su relación reservas/producción, cuenta con el horizonte de mayor vida (245 años). La región en su conjunto ocupa el 9,3% de la producción mundial y el primer lugar a nivel reservas: 36,1%. Los principales reservorios comprobados de gas natural se encuentran en Irán (14,8% de las reservas mundiales), siguiéndole Qatar (9,3%), Arabia Saudita (4,0%), E.A.U. (3,9%) e Irak (2,0%). En cuanto al consumo mundial sólo ocupa el 8,4% de la matriz de gas natural.
Rusia es el país más favorable en su relación reservas/producción en todo el mundo, con un horizonte que supera los 87 años, considerando que posee las mayores reservas comprobadas (30,7%) –como país, claro está, Medio Oriente como región, no confundir– y que es el segundo productor (22,0%) y consumidor mundial de gas natural (15,5%).
En lo concerniente a América Latina, los datos recavados y procesados tomados de BP indican que la región posee un horizonte de reservas de, aproximadamente, 59 años. Sin embargo, la fuente Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) registra un horizonte algo superior a los 45 años, lo que manifiesta que entre ambas existen diferencias, no menores, en cuanto a las reservas y a la producción regional de gas natural se refiere. Algo similar encuentro al revisar país por país, analizando comparativamente las dos fuentes de información. Según BP, en el ranking de países latinoamericanos correspondiente al horizonte de las reservas comprobadas, Bolivia ocupa el primer lugar (166), siguiéndole Venezuela (145) y Ecuador (con “más de 100 años”, no especifica). Por su parte, OLADE registra para Bolivia un horizonte de 175 años, Venezuela de 105 y Ecuador de 75 años. Según BP, el horizonte de reservas comprobadas de gas natural para Argentina es de 20,3 años; considero este dato disímil a los consultados en la Secretaría de Energía y Minería de la Nación [Arg.] (SEyMN): 17,3 y OLADE: 16,2; y mucho más a los proporcionados por el Ing. José Francisco Freda, del Instituto de Energía e Infraestructura de la Fundación Arturo Íllia: 14 años. Cabe señalar que los registros de la SEyMN son proporcionados por una institución privada: Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), quien, a su vez, recibe la información de las empresas petroleras del sector, en especial de YPF Sociedad Anónima (cuyo 99% del capital social es propiedad de la empresa española Repsol YPF).
Con respecto a los países desarrollados, la evidencia empírica nos muestra que el agotamiento del recurso es inminente. Canadá y EE.UU. cuentan con un horizonte inferior a los 10 años y Europa con uno inferior a los 17 años, dado el alto nivel de producción y consumo de los mismos. Países en vías de desarrollo como China, el horizonte supera los 45 años. Mientras que países notablemente subdesarrollados, como los africanos, alcanzan en su conjunto los 90 años (no es que tengan cuantiosas reservas, sucede que el nivel de producción y/o de consumo, según el caso, es demasiado irrelevante, y en la relación el horizonte se muestra muy bondadoso).
En cuanto al volumen de las reservas, los registros de BP y demás fuentes citadas nos dicen que el país con las mayores reservas comprobadas de gas natural (para el año 2001), como mencionamos anteriormente, es Rusia (1°), ocupando el 30,7% de la matriz mundial de gas natural. Luego le siguen: (2°) Irán (14,8%); (3°) Qatar (9,3%); (4°) Arabia Saudita (4,0%); (5°) E.A.U. (3,9%); (6°) EE.UU. (3,2%); (7°) Argelia (2,9%); (8°) Venezuela (2,7%); (9°) Nigeria (2,3%); (10°) Irak (2,0%); entre los más importantes. Es decir, después de Rusia, las mayores reservas se encuentran en los países miembros de la OPEP (muchos de ellos ubicados geográficamente en Medio Oriente), especialmente en Irán.
Según el American Petroleum Institute, es probable que existan yacimientos gigantes sin descubrir en Irak, el Golfo de México e incluso en Asia Central (en especial en las ex-repúblicas soviéticas, y hasta quizás en Afganistán), pero ello recién será fehaciente una vez que se perfore, extraiga, comprobándose o no la existencia de hidrocarburos.
Toda la región del Medio Oriente posee el 36,1% de las reservas mundiales, los países de la OPEP alrededor del 45% y América Latina el 5,2%. Dentro de esta última región, el primer lugar lo ocupa Venezuela (2,7%), y le siguen México (0,5%) y Argentina (0,5%).
Si analizamos toda la información de la matriz mundial de gas natural en su conjunto, notamos que alrededor del 90% de las reservas de este hidrocarburo están ubicadas en territorio perteneciente a países subdesarrollados. De hecho, casi el 67% de las reservas mundiales están repartidas mitad y mitad entre Rusia y los países del Medio Oriente, y apenas el 9% de la matriz es representado por los países desarrollados (Australia, Canadá, EE.UU. y la Unión Europea).
En lo que respecta a la producción mundial, para el año 2001, según BP y demás fuentes citadas debajo del cuadro 3, el país que más produce gas natural es EE.UU., ocupando el 22,5% de la matriz; siguiéndole Rusia (22,0%), Canadá (7,0%), Reino Unido (4,3%), Argelia (3,2%), Indonesia (2,6%), Holanda (2,5%), Irán (2,5%), Noruega (2,3%), Arabia Saudita (2,2%), Uzbekistán (2,2%), entre los mayores productores. Nótese que entre los mayores productores se encuentran países industrializados que tienen una representación muy pobre en la matriz mundial de reservas. América Latina produce el 5,5% mundial de gas natural, y Argentina apenas produce el 1,6%, pero dentro de la región es el primer productor, siguiéndole México con 1,4% y Venezuela en 1,2%. Es interesante observar que los países desarrollados se encuentran entre los mayores productores, siendo al mismo tiempo los que menor cantidad de este hidrocarburo poseen en sus yacimientos.
No obstante, si bien Rusia es el segundo productor mundial (22,0%) –y el segundo consumidor, como hemos visto antes– y el país que mayor cantidad de metros cúbicos de este hidrocarburo posee en el subsuelo planetario (30,7%), resulta cautivante observar que la región de Medio Oriente, la más rica (recordemos, 36,1%), no supera los dos dígitos porcentuales en la producción mundial de este energético; mientras que EE.UU. participa del 22,5% de la producción mundial, poseyendo apenas el 3,2% de las reservas mundiales. Algo similar podemos ver en Canadá y Europa: producción equivalente al 7,0% y reservas que ocupan el 1,1% de la matriz (Canadá); producción equivalente al 11,9% mundial y reservas por el orden del 3,1% (Europa).
En suma, las regiones del mundo que albergan a países subdesarrollados, a excepción de Rusia, no manifiestan relevante participación en la producción mundial de este recurso hidrocarburífero. Es decir, que los países desarrollados producen alrededor del 42% (Australia, Canadá, U.E. y EE.UU., correspondiéndole a este último más de la mitad) y contando, en su conjunto, con un volumen de reservas inferior al 10%, quedando un 22% de la producción mundial en manos de Rusia y menos de un 36% repartido entre los restantes países subdesarrollados (todos ellos, incluyendo Rusia, poseen cerca del 90% de las reservas), donde América Latina, como ya dijimos antes, participa del 5,5% de la producción mundial.
1.2. La emergencia de evidencia empírica como recurso para eliminar la incertidumbre generada por los sofistas liberales
El análisis de datos precedente nos dice que el carácter estratégico de los hidrocarburos en el mundo seguirá siendo relevante, por lo menos, durante los próximos 50 años, cuando el horizonte de reservas de gas natural sea de 10 años o inferior, y el petróleo se haya agotado mucho antes, para el 2040 o quizás 2035, según si aumenta el consumo y cuánto (la proyección más optimista, como dice el Ing. J. F. Freda, señala su agotamiento definitivo para el 2060, con un valor de cifras astronómicas). También hemos visto que los mayores reservorios de petróleo y, descontando Rusia, de gas natural, se encuentran en Medio Oriente. Lo que convierte a la región en “un lugar en el mundo en donde no vacacionar por el momento”, como dice el locutor del programa de radio Das Fiasko, Andrés Giacchetti.
El agotamiento definitivo, no tan lejano en tiempos históricos, de los recursos hidrocarburíferos (petróleo: 40 años; gas natural: 60 años; y carbón mineral: 216 años; aproximadamente; según BP; y en este orden de prioridad) no parece llevar a los planificadores energéticos del mundo desarrollado a pensar en sustituir a los mismos con fuentes alternativas de energía renovable (eólica, solar, entre otras), como hemos visto en el cuadro 1, en los próximos veinte años; más bien, una constancia del consumo representando en la matriz energética mundial alrededor del 90% para tal proyección.
La hidroenergía sea, quizás, una fuente de energía primaria adecuada para abastecer a la principal rama de actividad de estos países: la industrial; y por supuesto el suministro de energía eléctrica a los sectores comercial y doméstico. Pero no todos los países del mundo cuentan con el recurso natural pertinente (agua); e incluso poseyéndolo a veces no gozan de los recursos económicos necesarios para la construcción de centrales hidroeléctricas, o bien muchas veces se les complica acceder a créditos que otorgan los mecanismos de control y represión del capitalismo financiero internacional: FMI, BM, BID, entre otros, con el “popular” condicionamiento de aplicar políticas de ajuste estructural mediante.
Otras fuentes alternativas de energía primaria renovable, como la eólica, la solar y la biomasa, por su insignificante participación en la matriz energética mundial para el año 2000 (8,1%) y su proyección en 2020 (7,9%), incluyendo en estos porcentajes a otra fuente alternativa como la hidroenergía (ver cuadro 1), no parecen ser las correctas para sustituir el 90% que representan los hidrocarburos, considerando incluso que tecnológicamente en los próximos veinte años podrían desarrollarse sistemas de energía basados en dispositivos capaces de realizar la conversión pertinente (la energía eólica, la proporcionada por el viento en energía eléctrica), es decir, aerogeneradores o generadores eólicos,16 e incluso disponiendo de gigantes acumuladores para almacenar energía en los períodos en que no hay viento, los enormes esfuerzos para modificar las actuales infraestructuras industriales de los países centrales para adecuarlas a estas fuentes alternativas de energía primaria “livianas” no alcanzarían en los tiempos (ver cuadros 1, 2 y 3) con los que se cuentan para transformar la misma (infraestructura industrial), más aun si se considera la rentabilidad del negocio hidrocarburífero. Algo similar ocurre con la conversión fotovoltaica, que consiste en convertir la energía solar en energía eléctrica a través de células solares, y con la biomasa (la “basura” como combustible energético, por así decirlo). Por supuesto que los países subdesarrollados (que suelen tener infraestructuras industriales insignificantes) o algunos desarrollados (como Bélgica, Dinamarca, Holanda, Islandia, etc.) pueden lograr sustituir a las fuentes de energía primaria “duras” (hidrocaburos, en este caso –digo así porque la hidroenergía también es una fuente de energía primaria “dura”–) con las fuentes en cuestión. De hecho, es lo que quieren los más industrializados.
Los biocombustibles (en base a cereales y oleaginosas) y el hidrógeno como combustible (para motores con sistema de inyección electrónica) tranquilamente pueden reemplazar a los derivados del petróleo (nafta, gasoil, etc.) en lo que al sector del transporte aéreo, marítimo y terrestre se refiere. De hecho, en Brasil, EE.UU. y Europa utilizan biocombustibles en porcentajes interesantes de su parque automotor. Y con respecto al hidrógeno, la Unión Europea está realizando notables esfuerzos para que este sumidero de energía pueda reemplazar gran parte de los combustibles líquidos derivados del crudo en los próximos diez años. La generación del mismo, en Europa, está planificada por medio del gas natural (energético no renovable), en vez de utilizar a la energía eólica como manantial exterior para cumplimentar el proceso de electrólisis (básicamente, la separación de las dos moléculas de hidrógeno de la de oxígeno: H2O, es decir, agua).17 Disiento totalmente con el sociólogo Jeremy Rifkin, cuando en su libro La economía del hidrógeno propone como fuente de energía primaria sustituta de los hidrocarburos al hidrógeno, si consideramos que al mismo no debe denominársele fuente de energía,18 y menos aun primaria, por tratarse de un mero transportador de energía (y menos aun utilizar un recurso natural no renovable, como el hidrocarburo gas natural, para su generación).
Los planificadores energéticos del mundo industrializado (EE.UU., U.E., Rusia, Japón e incluso China) están apuntando, silenciosamente por cierto, a una fuente de energía primaria “dura” basada en la fusión nuclear, es decir, en la unión o fusión de dos núcleos de hidrógeno (o también variedades de hidrógeno, tales como el deuterio y el tritio), para dar paso un núcleo correspondiente a un elemento algo más pesado: el helio, sin riesgo de “escapes” radiactivos y evitando la producción de residuos nucleares, como en la fisión nuclear (la separación o fisión de un átomo pesado y radiactivo, como el U-235 –la “U” es de uranio–). Se trata del poder de las estrellas, como la dominante en nuestro sistema estelar: el Sol.
Con toda esta información se puede entender la verdadera razón por la cual a ningún país no perteneciente al “círculo de confianza” se le permite encarar la construcción de centrales de fisión nuclear, que representan el camino para los reactores de fusión nuclear. Mientras se busca que todos aquellos países no miembros de tal “círculo...” (la gran mayoría del mundo) dependan todo lo posible de los hidrocarburos como fuentes de energía primaria, lo que garantiza una excelente rentabilidad del negocio para quienes (la minoría hegemónica-oligárquica del mundo) acumulan (intensivamente), concentran y centralizan el capital; y, como solución al agotamiento de los mismos, las fuentes alternativas de energía primaria “liviana”, como las analizadas arriba, pueden estar en el planeamiento energético de la gran mayoría de los países del planeta.
Es decir, que aquellos países, ya sean desarrollados o no, que intenten desafiar la planificación estratégica orientada a los intereses vitales de los Imperios (en especial el estadounidense), en lo que respecta a hidrocarburos y energía por fisión nuclear (luego por fusión), serán alcanzados por la acción de la fuerza bruta (es decir, la invasión o intervención militar, según el caso, que de igual manera es lo mismo...) de quienes se sientan amenazados por estos posibles adversarios. ¿Se entiende a qué me refiero? Tales son los casos de Irak (segunda reserva mundial de petróleo; petroeuros, en vez de petrodólares; y demás temas que trataré en los próximos párrafos), Corea del Norte, Irán, etc.
Ahora bien, un dato interesante para analizar la hipótesis planteada al comienzo de este capítulo, es conocer quiénes operan los yacimientos de petróleo y gas natural gigantes de Irak:19 China, España, Francia, Italia, Turquía y Rusia.
Veamos primero el caso de la Federación de Rusia, quien, a través de la empresa rusa Lukoil opera los yacimientos de: Kirkuk (al norte de Irak, actualmente bombardeada las 24 hs del día, de población kurda pero bajo el control de Bagdad, o por lo menos hasta que finalice la guerra), Saddam (también en el norte) y West Qurna (al sur del país, cerca de la ahora conocida Basora).20 Hay otro yacimiento más, que opera junto a China, el de Rumalia, ubicado al sur del país y muy cercano a Basora. Además del último yacimiento mencionado, China opera en Irak con su empresa estatal China's National Petroleum Company los siguientes yacimientos: Halfaya (al norte de Basora, limitando con Irán) y Ahdeb (al sudeste de Bagdad). Francia opera con la empresa Total Fina Elf el yacimiento de Nahr Umr (en las cercanías de Basora), el de Majnun (ídem anterior) y el de Bagdad Este. Otros países como Turquía, Italia y España operan tres yacimientos en Irak. Turquía el de Khurmala (al norte de Bagdad), e Italia y España comparten la operación del yacimiento de Nasiriya, con las empresas Repsol YPF y ENI, respectivamente. Ya que citamos a España, el jueves 27/MAR/2003 José María Aznar, presidente del país ibérico, mintió en la Televisión Española al negar que su país tiene intereses económicos en Irak, pues, de lo contrario no se habría jugado su gobierno a ganarse la enemistad de Berlín, Paris, Moscú y Pekín, por un lado, y lo que es peor la de casi todo su pueblo (más del 90%), por otro lado. Se trata de la conocida petrolera Repsol YPF, que, además de operar en Nasiriya, Irak, lo hace también en dos países vecinos de la región: Dubai e Irán.
En Dubai (país ubicado al norte de E.A.U., donde se encuentran el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán), al 31/DIC/2001 Repsol YPF poseía en este país derechos mineros sobre un bloque de explotación con un área total neta de 660 km2. La producción neta del año fue de 15.2 millones de barriles de petróleo (MBO), lo que equivale a 41.521 barriles de petróleo al día (BOD), y las reservas comprobadas netas a fin de ese año se estimaron en 77.2 millones de barriles equivalentes de petróleo (MBOE). La empresa notifica que no se perforaron sondeos exploratorios en dicho país durante el año 2001. En el campo Fateh la petrolera en cuestión está realizando un proyecto de recuperación terciaria. A finales de 1999, Repsol YPF empezó la inyección alternada de agua y gas natural, esperándose los primeros resultados durante el presente año (2003). Con respecto a Irán, Repsol YPF participa en el bloque Mehr con un 33% que le fue transferido por OMV, adjudicatario inicial del bloque. El mismo tiene una superficie neta de 792 km2, y está ubicado en el área de Zagros (Fuente: REPSOL YPF. “Exploración y producción. Operaciones”, en Áreas de Negocio 2001. Madrid, 2002).
Es decir, que las empresas petroleras de China, Francia y Rusia o bien serán desplazadas de la operación sobre los yacimientos hidrocarburíferos de Irak, o bien tendrán que compartir la rentabilidad del negocio con sus pares angloestadounidenses. EE.UU. tiene una gran experiencia en la región desalojando del monopolio petrolero a sus “aliados”. He aquí el ejemplo de la nacionalización del petróleo iraní (o al menos el intento) a comienzos de los años ’50. Veamos un poco de historia.
En 1950, el entonces ministro de Hacienda de Irán (luego primer ministro, 1951-1953), Dr. Mohamed Mossadegh, encabezó una oposición al Shah y a los ingleses (más precisamente a la petrolera británica Anglo-Iranian) para nacionalizar los recursos naturales del país, creando una empresa estatal de petróleo: la National Iranian Oil Co. (NIOC), que, una vez indemnizada la Anglo-Iranian, tomaría el control absoluto del circuito productivo de los hidrocarburos. Pero Mossadegh subestimó en demasía el poder del cartel. Por consiguiente, un estricto boicot se impuso a su país, al mismo tiempo que la Foreign Office (Oficina de Asuntos Exteriores británica) ejecutó las medidas pertinentes para impedir la venta del crudo iraní. De hecho, la Royal Navy (Marina Real británica) estableció un bloqueo naval, anunciando e intimidando que hundiría todo buque que se atreviera en el Golfo Pérsico o en el Golfo de Omán a aprovisionarse del petróleo iraní. No sirvieron de mucho las innumerables apelaciones del Dr. Mossadegh ante el Consejo de Seguridad de la ONU, menos aun las presentadas ante Washington, ya que el bloqueo continuaba, y mientras tanto la economía de este país dependiente de sus exportaciones de petróleo entraba en crisis. En suma, el Shah buscó destituir al Dr. Mossadegh, pero tal intento se volvió en su contra. Sin embargo, un golpe de Estado encabezado por las Fuerzas Armadas (FF.AA.) y orquestado por la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) puso fin al mandato de Mossadegh en 1953, lo cual permitió el retorno del Shah.
Ahora bien, la Anglo-Iranian pasó a denominarse British Petroleum (BP), quien para recuperar la explotación de los recursos naturales de Irán tuvo que compartir el negocio con un Consorcio internacional por la “fidelidad” proporcionada por el cartel durante la crisis. Dicho Consorcio estaba conformado por: BP (40%); Shell (14%); Exxon, Movie, Gulf, Standard Oil de California y Texaco (7% cada una); Compañía Francesa de Petróleos (6%); grupo Oricon (5%, compuesto por capitales independientes estadounidenses). En conjunto, EE.UU. pasó a controlar con esa operación de la CIA de 1953 en Irán (tras la creación en 1954 del Consorcio para explotar las antiguas concesiones de la Anglo Iranian) el 40% del petróleo iraní, un año antes no participaba siquiera del 1%.21
La verdadera nacionalización del petróleo llegó con la caída del Shah de Irán (entre Noviembre de 1978 y Enero de 1979), trayendo de su exilio de 15 años por su oposición al régimen a un fanático religioso de 78 años de edad, cuyo nombre era Ruhollah Khomeini. En Octubre de 1978, Khomeini había lanzado desde su exilio en Paris un llamamiento a huelga general de la industria petrolera de Irán, coordinado por los izquierdistas. Gracias a su liderazgo carismático, el llamado se reproduce inmediatamente con un paro total de la fuerza de trabajo de la industria petrolera iraní. Si bien inmediatamente se forma un gobierno militar, encabezado por el general Azhari, y a principios de 1979 un gobierno civil, presidido por Shahpour Bakhtiar, la revolución islámica era imposible evitar: la pérdida de legitimidad del antiguo régimen era más que evidente.
Fue una revolución completa, ya que la misma se manifestó a través de un movimiento subversivo y popular (en su gran mayoría de clase obrera, pues la población rural no participó, ni tampoco demostró un sustancial alejamiento del régimen monárquico) para derrocar al antiguo régimen, caracterizado por su pésima distribución de la riqueza, la creciente inflación y la penetración de la cultura occidental en la sociedad iraní. Cabe señalar que en este acontecimiento histórico por vez primera se utiliza el Islam políticamente.
Sin embargo, es necesario mencionar líneas que describen algunos resultados de la revolución islámica sobre la sociedad iraní, como ser: la nacionalización del sector industrial y de la banca (en un intento por controlar la situación económica del país); la dependencia casi total del ingreso de divisas por la exportación de petróleo y una drástica caída de los productos de exportación de las restantes ramas de actividad; la construcción de industrias del acero y de centrales nucleares (propuestas, estas últimas, del régimen del Shah); la desaparición de los sindicatos y del derecho a huelga; la no participación de la mujer en la esfera productiva y la declaración obligatoria del velo (de hecho, el Corán tiene una posición muy firme con respecto a la “superioridad biológica” del hombre por sobre la mujer); entre otros.
Con el Shah partiendo hacia su exilio a mediados de Enero de 1979 y con la victoria de la revolución iraní, Khomeini regresa a Irán y cancela las exportaciones de crudo a los países que habían sostenido al antiguo régimen. Si bien otros países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), en especial Arabia Saudita, logran suplir las necesidades de los países afectados aumentando su producción de petróleo, en Febrero de ese mismo año Arabia Saudita pone un tope a la misma, lo que conlleva al secretario de Energía estadounidense de entonces a señalar que, debido a la interrupción de los suministros derivada de la revolución iraní, el paro en la exportación de crudo conducía a un déficit de suministros similar en volumen al originado por la guerra de Yom Kippur (1973, primer crisis del petróleo; la revolución iraní de 1979 concluyó en la segunda crisis mundial del petróleo), impactando especialmente a Japón y a Europa, y en menor medida a EE.UU. (dentro de los planes de contingencia estadounidenses, existían opciones que posibilitaban el abastecimiento del crudo extraído del Mar del Norte, Alaska y México), y que para Irán era imposible sostenerse económicamente mientras continuaba paralizando sus exportaciones.
Sin embargo, según afirma Roberto Centeno, más allá que las reducciones de la producción iraní representaban un déficit medio del 4%, gracias a que otros países habían aprovechado la oportunidad para aumentar la oferta, en un intento por estabilizar el mercado petrolero, las grandes corporaciones del cartel petrolero internacional comenzaron a especular con la escasez y enviando sus producciones al mercado “spot”, dando lugar a una drástica subida de los precios internacionales del barril de crudo (de U$S 13.3 / barril a U$S 23 / barril, en Mayo del ’79 a U$S 32 / barril y más tarde las compañías norteamericanas que operaban en el Caribe lo elevaron a U$S 42 / barril al vender productos refinados en el mercado libre), y, por consiguiente, a grandes beneficios en los que TODOS deseaban participar. Este juego especulativo duró sin intervención de la OPEP, ya que cada país movía las fichas como más le convenía, por lo menos hasta Octubre de 1981.