MODELO DE NEGOCIACION

NELSON MANDELA-GOBIERNO BLANCO SUDAFRICANO:

POR UN GOBIERNO MULTIRRACIAL-CONTINUIDAD DEL APARTHEID

© Luis DALLANEGRA PEDRAZA *

ALGUNOS ANTECEDENTES

MARCO HISTORICO

Afrikaners

El nombre “Afrikaner” es la palabra holandesa “afrikáans” que utilizaban los holandeses en Europa para los colonos de su nacionalidad que vivían en Sudáfrica.

En 1652, un grupo pequeño de empleados de la Compañía Holandesa de la India Occidental se asentó en el extremo sur de Africa a fin de establecer un punto de reaprovisionamiento y descanso para los barcos de la compañía en su ruta hacia el Lejano Oriente. Los Afrikaners se desarrollaron a partir de ese grupo de holandeses.

Desde 1688 hasta 1700 se les unieron unos 200 hugonotes franceses, refugiados protestantes de la Francia católica. A pesar de las diferencias de idioma y de cultura, un compromiso compartido con la fe reformada permitió que estos dos grupos se fusionaran en uno. Los refugiados alemanes aumentaron aún más ese grupo.

Con el paso del tiempo, grupos de colonizadores se mudaron desde la población en El Cabo hacia el interior, para desarrollar granjas. El pueblo autóctono en El Cabo en esa época eran los khoikhoi. Muchos de ellos trabajaban como obreros en las granjas de los colonizadores de habla holandesa.

El gobierno holandés prohibía esclavizar a la gente autóctona de Sudáfrica. Sí permitían la importación de esclavos o siervos contratados de los pueblos malayos de Indonesia y Malasia. Los primeros esclavos malayos llegaron en 1657. Otros esclavos fueron importados desde Africa occidental.

El aislamiento entre El Cabo y los Países Bajos en Europa hizo que el idioma holandés que se hablaba en El Cabo fuera cambiado gradual y significativamente del que se hablaba en Holanda. El dialecto holandés de El Cabo se llamó “afrikáans” (“idioma africano”). El idioma oficial en la iglesia, las cortes judiciales, las instituciones y círculos oficiales de gobierno era el holandés. Pero el idioma común de la gente era cada vez más el afrikáans.

Del intercambio entre los colonizadores holandeses y sus esclavos se desarrolló otro grupo étnico sudáfricano. La base primera y mayor de este pueblo era Cabo Malayo de Color, o Afrikaners morenos. Los colonos tuvieron también descendientes mezclados con los khoikhoi, los san y los xhosa. El término “de color” se llegó a usar para toda la gente mezclada. Los de color compartían el mismo idioma y religión de los Afrikaners “blancos”, aunque estaban separados de ellos por fuertes distinciones sociales y de clase. Un grupo de color escapó a la selva y vivió como una tribu africana, pero se convirtieron en temibles guerreros a caballo. Eran los griqua, y permanecen hasta hoy como una tribu que habla afrikáans. Actualmente hay unos 7 millones de personas que hablan afrikáans en Sudáfrica, más de la mitad de ellos son gente de color.

Conquista Británica

En 1795, los británicos tomaron El Cabo. Los colonos holandeses se molestaron con la conquista británica y algunos se mudaron más al interior. Hubo dos medidas que llevaron a una enemistad permanente.

1) El gobierno reemplazó el holandés por el inglés como el idioma oficial.

2) En 1824, Gran Bretaña liberó a todos los esclavos en todos los territorios británicos. Esto resultó en la Gran Emigración, de modo que para 1835 una corriente permanente y visible de bóers (otro nombre con el que se conoce a los Afrikaners) estaba migrando hacia el norte y el este, estableciendo estados Afrikaners independientes, incluyendo a Natal.

Llegaron a existir dos repúblicas Bóer principales: el Transvaal y el Estado Libre de Orange.

Allí los bóers pudieron haber sido dejados en paz en sus granjas, si no hubiera sido por el descubrimiento del oro en el Transvaal en 1866, material que para una economía rural, autosuficiente y, por decirlo de algún modo, anticapitalista, como era la bóer no tenía mayor importancia, pero que los mercantilistas británicos no podían dejar perder. Esto derivó en la anexión en 1877 de las repúblicas bóer independientes del norte. La tensión entre ambas comunidades se hizo insoportable por la continua presión inglesa, más allá de que El Transvaal, trató de negociar su independencia, pero se llegó al estallido de la primera Guerra Anglo-Bóer (1880-1881) ganando la autonomía pero no una independencia completa.

El influjo de los buscadores de oro llevó a tensiones con los colonos y el Parlamento, quienes temieron que estos extranjeros les quitarían su país. Esas tensiones llevaron a la segunda Guerra Anglo-Bóer (1899-1902), la derrota de las repúblicas bóer y su anexión final por los británicos. Los británicos combinaron la colonia de El Cabo, las dos repúblicas bóer y la colonia de Natal en la Unión de Sudáfrica en 1910, pasando a formar parte de la Mancomunidad Británica. En mayo de 1961 el país se convirtió en una república.

Los británicos retuvieron en campos de concentración a 116.572 personas, la mayoría mujeres y niños. Dicha cifra constituía aproximadamente un cuarto de la población bóer. Después de la guerra, las cifras oficiales del gobierno daban por muertos en los campos de concentración del ejército británico a 27.927 personas, de los cuales 26.251 eran mujeres y niños, y más concretamente 22.074 niños por debajo de los 16 años.

Los años posteriores permitieron cierta reconciliación entre británicos y afrikaners, cuyas lenguas el ingles y el afrikaans fueron cooficiales. Si bien hubo fuertes tensiones internas, sobre todo durante las guerras mundiales en las que los británicos impusieron su voluntad luchar junto con los aliados, mientras que los afrikaners, vinculados a Prusia (y luego a Alemania) desde que ésta les ayudó en la guerra anglo-bóer preferían dar apoyo al otro bando.

Surgimiento del Apartheid

Una institución que resultó determinante para el renacimiento afrikaner fue la Broederbond, fundada en 1918, y constituida como sociedad secreta y la que se accedía después de una ceremonia iniciática Se nutrió de la elite sudafricana, tanto es así que todos los Primeros Ministros, dirigentes militares y altos funcionarios salieron de esta sociedad secreta. Desde ella se diseño el apartheid, pero también fueron sus miembros, no como tales, obviamente, sino desde sus respectivas funciones de dirección social, los que preconizaron un estado solamente para afrikaners, y también estados propios para cada una de las demás etnias, en los que pudieran desarrollarse según sus costumbres y tradiciones, de esta proposición nacieron los famosos bantustanes.

De la amargura de la derrota, la gente de habla afrikáans experimentó un surgimiento de nacionalismo en los comienzos del siglo XX, lo que condujo a la Victoria del Partido Nacionalista en 1948.

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos bóers simpatizaron con Alemania y el movimiento fascista.

Al enfrentar la abrumadora superioridad en número de la población negra, se desarrolló la política de segregación (apartheid) como un intento por mantener la supremacía blanca (Afrikaner) en Sudáfrica. Ya en 1905 los británicos habían separado las escuelas públicas en la provincia de El Cabo en escuelas para africanos, gente de color, asiáticos y blancos). En 1949 el matrimonio de personas de diferentes razas fue declarado ilegal.

El Apartheid, significa “separación” en afrikaans y neerlandés, fue un sistema social, político y económico racista impuesto por los gobiernos de la minoría blanca en Sudáfrica durante el siglo XX. Bajo este sistema las razas estaban segregadas y a la mayoría negra se le negaba el derecho al voto y a circular libremente por su país entre otras restricciones. La historia del apartheid cubre el período de 1948, cuando fue creado a través de la legislación del sistema, hasta 1990-94, cuando fue desmantelado y las primeras elecciones libres multirraciales se llevaron a cabo. Si bien durante este periodo ocurrieron diversos eventos importantes, el apartheid es el tema central alrededor del cual se desarrolló la historia de Sudáfrica en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Institucionalización del Apartheid

En las elecciones de 1948, el radical Partido Nacionalista ganó las elecciones en una coalición con el Partido Afrikaans, dirigido por el pastor protestante Daniel François Malan.

Una ley promulgada en 1950 reservaba ciertos distritos en las ciudades donde solo podían ser propietarios los blancos, forzando a los no blancos a migrar a otros lugares. Las leyes establecieron zonas segregadas tales como playas, autobuses, hospitales, escuelas y hasta bancos en los parques públicos. Los negros y colorados (mulatos) debían, por otra parte, portar documentos de identidad en todo momento y les era prohibido quedarse en algunas ciudades o incluso entrar en ellas sin el debido permiso.

J.G. Strijdom, que sucedió a Malan como Primer Ministro, eliminó los pocos derechos de voto que tenían los negros y colorados. Dado que se habían presentado problemas legales con la Corte Suprema para la implantación del apartheid, el gobierno incrementó el número de jueces en la Corte con tendencias nacionalistas y las leyes finalmente se promulgaron. Las normas establecidas en estas leyes eran:

Las áreas asignadas a los negros raramente tenían electricidad o agua, los hospitales también eran segregados. Los hospitales para los blancos eran de la calidad de cualquier nación desarrollada, mientras que los asignados a los negros estaban pobremente equipados, faltos de personal y eran muy pocos en relación a la población que servían.

En 1970 la educación de un niño negro costaba el 10% de la correspondiente a un blanco. La educación superior era prohibitiva para los negros.

Los trenes y autobuses estaban segregados, separando las paradas de los autobuses para negros y blancos. La segregación se extendía a las playas y piscinas, así como las bibliotecas, si bien existían muy pocas de éstas para los negros.

Las relaciones sexuales y el matrimonio interracial estaban totalmente prohibidos.

El ingreso mínimo para el pago de impuestos era de 360 rand para los negros y mucho más alto para los blancos, unos 750 rand.

Los Estados Negros

Según los defensores del apartheid, la discriminación contra los negros estaba basada legalmente en que éstos no eran ciudadanos de Sudáfrica, sino ciudadanos de otros estados independientes (llamados bantustanes), creados con el fin de alojar a gente de raza negra. Diez estados autónomos fueron creados para alojar a los negros que constituían el 80% de la población. A esta población se le eliminó la ciudadanía sudafricana y se consideraban como transeúntes o población temporal provista de pasaportes en lugar de pases. Durante las décadas de 1960 hasta 1980, el gobierno forzó a la población negra a reubicarse en dichos estados que habían sido designados para ellos. Un total de 3 millones y medio de habitantes se vieron obligados a desplazarse hacía estas zonas.

El caso más publicitado fue el de Johanesburgo, donde 60.000 habitantes negros fueron reubicados en una zona llamada Soweto. Otro caso fue el de Sophiatown, un lugar multirracial donde a los negros les permitían poseer tierras. Sin embargo, la expansión de la población y de la zona industrial en Johanesburgo, convertía esta zona en un lugar estratégico para dicha expansión. En febrero de 1955, los cincuenta mil habitantes negros en la zona fueron evacuados a la fuerza, localizándolos en una zona denominada Meadowlands, actualmente anexa a Soweto. Sophiatown fue totalmente destruida por bulldozers y una nueva urbanización llamada Triomf fue construida para la población blanca.

Blancos, Negros, Indios y Colorados

La población estaba clasificada en cuatro grupos. Los de color (en afrikaans “coloured”) compuestos por gente mestiza proveniente de la mezcla de los Bantus y Khosian con personas de ascendencia europea. La determinación de quien era catalogado como colorado a veces era un tanto difícil, llegando al extremo de examinarles las encías para distinguir entre negros y colorados.

Los colorados también fueron objeto de discriminación y obligados a reubicarse en zonas asignadas a ellos, a veces abandonando casas y tierras que les pertenecían por muchas generaciones. Si bien los de color recibían mejor trato que los negros, jugaron un papel preponderante en la lucha contra el apartheid. Su derecho al voto le era negado en la misma forma que a los negros. En 1983 una reforma a la Constitución permitió a los de color e indios (estos últimos originarios de la India y Pakistán) participar en unas elecciones separadas para formar un parlamento de color subordinado al parlamento de los blancos. La teoría del apartheid era que los de color eran ciudadanos de Sudáfrica con limitados derechos, mientras que los negros eran ciudadanos de cualquiera de los diez estados autónomos creados para ellos.

Nace el ANC

En la primera década del siglo veinte, unos pocos años después de la guerra Anglo-Bóer y antes del nacimiento de Mandela, los pueblos blancos de Sudáfrica arreglaron sus diferencias y establecieron un sistema de dominación racial en contra de los pueblos de piel oscura de su propia región. La estructura que crearon constituía la base de una de las sociedades más severas e inhumanas que haya conocido el mundo alguna vez.

John Dube, junto a otros fundó en 1912 el Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés), para luchar contra este proceso.

Resistencia

La intensificación de la discriminación movió a la organización Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) formado por gente de raza negra, a desarrollar un plan de resistencia que incluía desobediencia pública y marchas de protesta. En 1955 en un congreso llevado a cabo en Kliptown, cerca de Johanesburgo, un número de organizaciones incluyendo el ANC y el Congreso Indio formaron una coalición adoptando una Proclama de Libertad, que contemplaba la creación de un estado donde se eliminara la discriminación racial.

En 1959 un grupo del ANC decidió salirse de las filas del partido para formar otro más radical al que denominaron Partido del Congreso Africano (ACP). El principal objetivo del nuevo partido era organizar una protesta a nivel nacional en repudio a las leyes discriminatorias. El 21 de marzo de 1960 un grupo se congregó en Sharpeville, un pueblo cerca de Vereening para protestar por la exigencia de que los negros portaran pases. La policía abrió fuego contra la multitud matando a 69 personas e hiriendo a 186. Las víctimas eran negros y la mayoría habían sido disparados por la espalda. A partir de este acontecimiento, el ANC y el ACP fueron prohibidos como partidos políticos.

Este evento tuvo un gran significado pues la protesta pacífica se tornó en protesta con violencia, si bien, militarmente los proscritos partidos políticos no eran una gran amenaza para el gobierno por falta de armamento.

La protestas siguieron al punto que en 1963 el Primer Ministro Hendrik Verwoerd declaró un estado de emergencia, permitiendo la detención de personas sin orden judicial. Más de 18.000 manifestantes fueron arrestados, incluyendo la mayoría de los dirigentes del ANC y ACP. Las protestas tomaron en adelante la forma de sabotaje a través de la sección armada de dichos partidos. En julio de 1963 varios dirigentes políticos fueron arrestados entre ellos Nelson Mandela. En el juicio de Rivonia en junio de 1964, Mandela y otros siete políticos fueron condenados por traición y sentenciados a cadena perpetua.

La declaración de Mandela en dicho juicio se hizo memorable: “He luchado contra la dominación de los blancos y contra la dominación de los negros. He deseado una democracia ideal y una sociedad libre en que todas las personas vivan en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal con el cual quiero vivir y lograr. Pero si fuese necesario, también sería un ideal por el cual estoy dispuesto a morir”.

El juicio fue condenado en Naciones Unidas y fue un elemento muy importante para implantar sanciones contra el régimen de Sudáfrica. Con los partidos de los negros proscritos y sus dirigentes en prisión, Sudáfrica entró en la etapa más crítica de su historia. La aplicación del apartheid se intensificó. El Primer Ministro Verwoerd fue asesinado, pero sus sucesores B.J. Vorster y P.W.Botha mantuvieron sus políticas.

Aún desde la cárcel, Mandela continuó su lucha contra el régimen del apartheid, procurando por todos los medios negociar, pero utilizando la lucha violenta como alternativa frente a la intransigencia del gobierno y a la soledad en el marco de la comunidad internacional, en la que fue ganando simpatizantes, pero de forma muy lenta.

El Movimiento de Conciencia Negro y los Disturbios de Soweto

Durante la década de 1970 la resistencia al apartheid se intensificó. Al principio fue a través de huelgas y más adelante a través de los estudiantes dirigidos por Steve Biko. Biko, un estudiante de medicina, fue la fuerza principal detrás del Movimiento de Conciencia Negro que abogaba por la liberación de los negros, el orgullo de la raza y la oposición no violenta.

En 1974 el gobierno emitió una ley que obligaba el uso del idioma Afrikaans en todas las escuelas, incluyendo las de los negros. Esta medida fue muy impopular pues se consideraba como el idioma de la opresión. El 30 de abril de 1976 las escuelas de Soweto se declararon en rebeldía. El 16 de junio de 1976 los estudiantes organizaron una marcha que terminó en violencia, donde 566 niños murieron a consecuencia de los disparos de la policía, respondiendo con balas las piedras que lanzaban los manifestantes. Este incidente inició una ola de violencia que se extendió por toda Sudáfrica.

En septiembre de 1977, Steve Biko fue arrestado. Las torturas a las que fue sometido fueron tan brutales que falleció tres días después de su arresto. Un juez dictaminó que no había culpables, si bien la Sociedad Médica de Sudáfrica afirmó que murió a causa de la paliza recibida y la falta de atención médica. Después de estos incidentes Sudáfrica cambió radicalmente. Una nueva generación de jóvenes negros estaba dispuesta a luchar con el lema “liberación antes que educación”.

Resistencia Blanca

Si bien la mayoría de los blancos en Sudáfrica estaban de acuerdo con el apartheid, había una importante minoría opuesta. En 1980 el Partido Progresista liderado por Helen Suzman, obtuvo el 20% de la votación. Este partido estaba opuesto al apartheid.

Aislamiento internacional

En 1960 después de la masacre de Sharpeville, Verwoerd llevó a cabo un referéndum pidiendo al pueblo blanco que se pronunciara a favor o en contra de la unión con Gran Bretaña. El 52% votó en contra. Sudáfrica se independizó de Gran Bretaña, pero permaneció en la Commonwealth. Su permanencia en esta organización se hizo cada vez más difícil pues los Estados africanos y asiáticos intensificaron su presión para expulsar a Sudáfrica que finalmente se retiró de la Commonwealth el 31 de mayo de 1961, fecha en que se declaró como república.

La política del apartheid promovió el aislamiento de Sudáfrica en el plano internacional, afectando su economía y la estabilidad del país. Muchas naciones prohibieron a sus compañías hacer negocios con Sudáfrica y hasta a los equipos deportivos del país les era prohibido participar en campeonatos internacionales.

De todas formas, EUA siguió manteniendo relaciones con el gobierno blanco sudafricano, ya que resultaba un bastión en su lucha contra el comunismo en Africa, donde la URSS pretendía también tener presencia, a través del apoyo a ciertos gobiernos, tales como el de Angola, por ejemplo.

Para principios de los ‘80s el gobierno continuaba haciendo incursiones militares devastadoras contra el ANC y sus afiliados, matando e hiriendo a mucha gente.

Para noviembre de 1983 el presidente P.W. Botha promovió un referéndum entre el electorado blanco, con el objeto de crear un supuesto parlamento tricameral, con cámaras indias y de color además del Parlamento blanco. Era un esfuerzo por hacer entrar a indios y personas de color en el sistema, y dividirlos de los africanos. Pero la propuesta no era sincera, toda vez que toda acción parlamentaria por indios y personas de color estaba sujeta a un veto blanco. Era también una manera de embaucar al mundo exterior para que pensara que el gobierno estaba reformando el apartheid. El truco de P.W. Botha no engañó a las personas, cuando más del 80 por ciento de votantes indios y de color elegibles, boicoteó la elección a las nuevas cámaras del Parlamento en 1984.

Se creó el Frente Democrático Unido (UDF, por sus siglas en inglés) para coordinar la protesta contra la nueva constitución del apartheid en 1983, y las primeras elecciones para el parlamento tricameral separado en 1984. El gobierno sudafricano estaba bajo una creciente presión internacional, cuando las naciones alrededor del mundo empezaron a imponer sanciones económicas sobre Pretoria.

En 1993 Sudáfrica era el único país en Africa gobernado por una minoría blanca.

INICIO DEL PROCESO DE NEGOCIACION

El gobierno le envió a Mandela “tentativas” con el paso de los años, comenzando con los tanteos del Ministro Kruger, para convencerlo de que se trasladara al Transkei. Estos no fueron esfuerzos genuinos por negociar, sino intentos para aislarlo de su organización. En algunas otras ocasiones, Kruger le dijo a Mandela que podían trabajar con él, pero no con sus colegas.

Visitas Internacionales

Surgimiento de los Primeros Elementos de una Agenda

A fines de 1984 y a comienzos de 1985, tuvo visitas de dos ilustres estadistas occidentales, Lord Nicholas Bethell, miembro de la Cámara de los Lores británica y el Parlamento Europeo, y Samuel Dash, catedrático de leyes en la Universidad de Georgetown y un ex abogado del Comité Watergate del Senado de EUA.

Lord Bethell quería estar al tanto de las condiciones en que se encontraban en la prisión de Pollsmoor. Hablaron sobre la lucha armada y Mandela le explicó que no era elección de ellos renunciar a la violencia, sino del gobierno.

En la visita del Professor Dash, Mandela le explicó lo que veía como el mínimo para un futuro no racial de Sudáfrica:

1) un Estado unitario sin territorios;

2) elecciones no raciales para el Parlamento central; y

3) una persona-un voto.

El Professor Dash le preguntó a Mandela si había tomado nota de la intención del gobierno de revocar la ley de matrimonio mixto, y ciertas otras leyes parlamentarias de apartheid. Mandela le contestó que no era su ambición de casarse con una mujer blanca o nadar en una piscina blanca. Era la igualdad política la que querían.

Tuvo también una visita de dos estadounidenses, editores del periódico conservador Washington Times. Parecían menos interesados en encontrar sus puntos de vista que en probar que era un comunista y un terrorista. Todas sus preguntas fueron tendenciosas en esa dirección, y cuando reiteró que no era ni un comunista ni un terrorista, intentaron mostrar que no era un cristiano tampoco aseverando que el Reverendo Martin Luther King nunca recurrió a la violencia. Su respuesta fue que que las condiciones en las que Martin Luther King pasó apuros eran totalmente diferentes a las de él. Estados Unidos era una democracia con garantías constitucionales, igualdad de derechos que protegen a los que manifiestan pacíficamente (aunque todavía había prejuicios contra los negros); Sudáfrica era un Estado policía con una constitución que venera la desigualdad y un ejército que responde a la no violencia con la fuerza. Les dijo que aún Cristo usó la fuerza para expulsar a los prestamistas del templo cuando no tuvo alternativa. No era un hombre de violencia, pero no tenía otra elección sino usar la fuerza contra el mal.

COMIENZO DE LAS PRESIONES AL GOBIERNO

Confrontado con los problemas en Sudáfrica y la presión desde el exterior, el Presidente P.W. Botha ofreció una medida tibia y a mitad de camino a Mandela. El 31 de enero de 1985, en un debate en el Parlamento, le ofreció la libertad públicamente si “rechazaba la violencia como un instrumento político incondicionalmente”. Esta propuesta fue extendida a todos los prisioneros políticos. Entonces, como si lo estuviera desafiando públicamente, añadió: “No es ahora el gobierno de Sudáfrica el que está en el camino de la libertad del Sr. Mandela, sino él mismo”.

Escribió una carta al Ministro de Relaciones Exteriores, Pik Botha, rechazando las condiciones para su liberación mientras también preparaba una respuesta pública. Consideraba que la propuesta de Botha era un intento de meter una cuña entre él y sus colegas tentando que aceptara una política que el ANC había rechazado. Quería tranquilizar al ANC de que su lealtad para la organización estaba fuera de dudas. También deseaba enviar un mensaje al gobierno de que mientras rechazaba su propuesta, pensaba que la negociación, no la guerra, era el camino para una solución.

Botha quería posar en los hombros de Mandela la responsabilidad de la violencia y quería reafirmar al mundo que estaba respondiendo a la violencia hecha por ellos mismos solamente; que el gobierno no era violento de ninguna manera ni forma. Mandela le aclaró que si saliera de la prisión en las mismas circunstancias en las que fue arrestado, era igual a forzarlo a reanudar las mismas actividades por las que fue arrestado.

El domingo, 10 de febrero de 1985, su hija Zindzi leyó la respuesta de Mandela al gobierno federal a una multitud de personas:

Estoy sorprendido por las condiciones que el gobierno quiere imponerme. No soy un hombre violento… Fue solamente, cuando todas las otras formas de resistencia no dieron resultado, que nos cambiamos a la lucha armada. Que P.W. Botha muestre que es diferente a Malan, a Strijdom y a Verwoerd. Que él renuncie a la violencia. Que él diga que desmontará el Apartheid. Que él deje de prohibir la organización del pueblo, el Congreso Nacional Africano. Que él libere a todos los que han sido encarcelados, echado o exiliados por su oposición al apartheid. Que garantice la libre actividad política con el propósito de que las personas pueden determinar quién los gobernará.

¿Qué libertad estoy ofreciendo cuando mi ciudadanía sudafricana no es respetada?

Solamente los hombres libres pueden negociar. Presos no pueden celebrar acuerdos… No puedo y no deseo dar ninguna promesa cuando yo como ustedes el pueblo, no son libres…”

Habían estado luchando contra el gobierno de la minoría blanca por tres cuartos de siglo. Habían estado comprometidos en la lucha armada durante más de dos décadas. Muchas personas en ambos lados ya se habían muerto. Era claro para Mandela que una victoria militar estaba distante si no era un sueño imposible. Simplemente no tenía sentido que ambos lados perdieran miles sino millones de vidas en un conflicto que era innecesario. Era tiempo de hablar.

BUSCAR LA DEBILIDAD DEL OTRO

Ambos lados miraron las discusiones como una señal de debilidad y traición. Ninguno iría a la mesa hasta que la otra parte hiciera concesiones importantes.

El gobierno aseveró una y otra vez que eran una organización terrorista del Partido Comunista, y que nunca hablaría con terroristas o comunistas. Este era el dogma del Partido Nacional. El ANC aseveró una y otra vez que el gobierno era fascista y racista y que no había nada para hablar hasta que no se levantara la prohibición al ANC, soltara a todos los prisioneros políticos incondicionalmente, y retirara a los soldados de los pueblos.

Mandela fue trasladado a una celda aislada con el objeto, según el gobierno, de estar tranquilo para llevar adelante las conversaciones; pero esto le impedía tener contacto con sus compañeros. Para ver a sus compañeros, tuvo que hacer un pedido formal para una visita, que tuvo que ser aprobada por la oficina central en Pretoria. A menudo, demoraba semanas recibir una respuesta. Si era aprobada, los vería en el área de visitas. Esta era una experiencia nueva, sus compañeros y presos iguales eran ahora visitas oficiales. Sus conversaciones eran monitoreadas.

La idea del gobierno era fragmentarlos, para que no pudieran tener poder negociador.

Mandela decidió no decir a sus compañeros lo que estaba a punto de hacer. El ANC es un colectivo, pero el gobierno había hecho la colectividad en este caso imposible. El aislamiento de Mandela, había suministrado, paradójicamente a la organización de una excusa para el caso de que las cosas fueron mal: el “anciano” estaba solo y totalmente aislado, y sus acciones fueron tomadas por él en forma individual, no como representante de la ANC.

Mandela le escribió a Kobie Coetsee, Ministro de Justicia, para proponerle “conversaciones acerca de las conversaciones”. Como la anterior vez, no recibí respuesta; pero no obtenía respuestas.

¿QUIEN ES MANDELA Y EL ANC?

En una reunión de la British Commonwealth en Nassau en octubre de 1985, los líderes no podían llegar a un acuerdo sobre si participar o no en las sanciones internacionales contra Sudáfrica. Esto era principalmente porque la Primera Ministra británica Margaret Thatcher, estaba firmemente en contra. Para resolver el punto muerto, las naciones reunidas estuvieron de acuerdo en que una delegación de “personas eminentes” visitaría Sudáfrica e informaría sobre si las sanciones eran la herramienta apropiada para lograr el fin del apartheid. A comienzos de 1986, el grupo de personas eminentes formado por siete miembros, liderado por el General Olusegun Obasanjo, el ex jefe militar de Nigeria, y el ex Primer Ministro australiano Malcolm Fraser, llegó a Sudáfrica en su misión de investigación.

En la reunión del grupo de eminentes con Mandela, fueron acompañados por dos observadores importantes: Kobie Coetsee y el Teniente General W.I.L. Willemse, comisionado de prisiones; aunque se retiraron en cuanto la sesión inició. Antes de que se retiraran, Mandela les dijo que había llegado el tiempo para las negociaciones, no para los enfrentamientos, y que el gobierno y el ANC debían sentarse y hablar.

El grupo de personas eminentes vino con muchas preguntas vinculadas al tema de la violencia, las negociaciones, y las sanciones internacionales. Al principio, Mandela estableció las directrices para las discusiones. Planteó que no era la cabeza del movimiento, sino que era Oliver Tambo que estaba en Lusaka, por lo que debían ir a verlo a él. Luego les dijo que veía favorablemente el comienzo de las discusiones de la ANC con el gobierno.

Varios miembros del grupo tenían preocupaciones sobre su ideología política y lo que podría parecer una Sudáfrica bajo las directivas del ANC. Mandela planteó que era un nacionalista sudafricano, no un comunista, que los nacionalistas vinieron en cada matiz y color, y que estaba firmemente entregado a una sociedad no racial. Les planteó que confiaba en la letra de la constitución de la libertad, que expresaba los principios de la democracia y los derechos humanos, y que no era un proyecto para el socialismo. Para Mandela, la minoría blanca debía sentir seguridad en cualquier nueva Sudáfrica. Les dijo que pensaba que muchos de los problemas eran resultado de la falta de comunicación entre el gobierno y el ANC y que algunos de éstos podían ser resueltos a través de verdaderas conversaciones.

El grupo de eminentes, le preguntó exhaustivamente sobre el asunto de la violencia, y por qué no estaba todavía inclinado a renunciar a la violencia. La contestación de Mandela fue que la violencia nunca podía ser la solución final para la situación en Sudáfrica y que los hombres y mujeres, por su propia naturaleza, necesitan de algún entendimiento negociado. Si el gobierno retiraba al ejército y la policía de los pueblos, el ANC podría estar de acuerdo con una suspensión de la lucha armada como un preludio a las conversaciones. Su sola liberación no contendría la violencia en el país o estimularía las negociaciones.

En mayo de 1986, el grupo de personas eminentes se reuniría con el gobierno sudafricano, luego de haber tenido una entrevista en Lusaka con el líder del ANC. El día anterior a la reunión, el gobierno sudafricano dio un paso que saboteó toda la buena voluntad que había sido sembrada por las visitas de la Commonwealth. El día en que fue programada la reunión con los Ministros del Gabinete, las Fuerzas de Defensa Sudafricana, bajo las órdenes del Presidente Botha, lanzaron ataques aéreos y ataques comando sobre bases del ANC en Botswana, Zambia, y Zimbabwe; malogrando totalmente conversaciones, haciendo que grupo inmediatamente abandone Sudáfrica.

CONDICIONES DEL GOBIERNO PARA CUALQUIER CONVERSACION

El gobierno continuó manteniendo entretenido a Mandela, haciéndolo disfrutar de viajes, tratando de aclimatarlo a la vida en Sudáfrica y al mismo tiempo, conseguir acostumbrarlo a los placeres de las pequeñas libertades que pudiera desear a los efectos de llegar a un acuerdo para darle la libertad completa y de esa manera negociar en ventaja manteniéndolo comprometido con ellos y distanciado de los suyos.

En 1987, Mandela reanudó el contacto con Kobie Coetsee. Tenía algunas reuniones secretas con él en su residencia, y más tarde ese año el gobierno hizo su primera propuesta concreta. Coetsee dijo que al gobierno le gustaría nombrar un Comité de Funcionarios Superiores para que dirigiera las discusiones secretas con Mandela.

Mandela procuró evitar que el gobierno lograra su objetivo de mantenerlo aislado en el proceso de negociación. Tenía tres temas cruciales que tenía que abordar:

1) quería sondear a sus compañeros de la cárcel, de los que el gobierno lo mantenía alejado, antes de ir más lejos;

2) quería comunicarse con Oliver Tambo en Lusaka para comentarle qué estaba sucediendo; y

3) pensaba redactar un borrador de informe a P.W. Botha exponiendo sus puntos de vista y los del ANC sobre los asuntos vitales del país. Este informe establecería los puntos a tratar para cualquier futura discusión.

Mandela pidió una reunión con sus compañeros de cárcel, pero las autoridades se negaron sumariamente. Llevó sus quejas a funcionarios más superiores y resolvieron aceptar el pedido, con la condición de que podía ver a sus compañeros uno por uno, no juntos.

CONVERSACIONES CON EL GOBIERNO

Aunque el ANC había pedido conversaciones con el gobierno por décadas, nunca había encontrado la posibilidad verdadera de tales conversaciones; el gobierno prefería negociar con Mandela individualmente de forma tal de debilitar el proceso y ganar poder para sus aspiraciones de continuidad.

Durante las primeras reuniones, los miembros del gobierno, con la excepción del Dr. Niel Barnard, un ex académico que era entonces cabeza del servicio de inteligencia nacional, estaban poco al tanto de qué era el ANC. Eran todos Afrikaners sofisticados pero eran víctimas de la propaganda que era necesario aclararles los hechos. Incluso el Dr. Barnard, había recibido la mayor parte de su información de archivos de la policía e inteligencia, que eran inexactos y llenos de prejuicios.

Mandela les contó la historia del ANC y explicó la posición que tenían sobre los principales asuntos que dividían a la organización del gobierno. Después de esto, se concentraron en los asuntos críticos:

1) la lucha armada;

2) la alianza del ANC con el Partido Comunista;

3) el objetivo del gobierno de la mayoría; y

4) la idea de la reconciliación racial.

El primer asunto en surgir fue, en muchos sentidos el más crucial: la lucha armada. Les llevó varios meses hablar de él. El gobierno insistía en que el ANC debía renunciar a la violencia y dejar la lucha armada antes de que el gobierno estuviera de acuerdo con las negociaciones y antes de que Mandela pudiera conocer al Presidente Botha. El argumento del gobierno era que la violencia no era nada más que un comportamiento delictivo que no podía ser tolerado por el Estado. Una visión forzada del concepto de “violencia monopolio del Estado” de Max Weber. Este argumento es esgrimido por la gran mayoría de los gobiernos frente a los reclamos sociales, de forma tal de desautorizarlos y deslegitimarlos fácilmente.

Mandela dejó planteado que el Estado era responsable de la violencia y que es siempre el opresor, no el oprimido, el que determina el formato de la pelea. Si el opresor usa violencia, el oprimido no tiene ninguna alternativa excepto responder con violencia. En el caso del ANC era un formato legítimo de la defensa propia. La posición de Mandela era que si el Estado decidiera usar métodos tranquilos, el ANC también usaría medios tranquilos. Es una elección del gobierno y no del ANC, renunciar a la violencia.

CREDIBILIDAD DE LA NEGOCIACION

No obstante los planteos de Mandela, el asunto pasó pronto de una pregunta filosófica a una práctica. El Ministro Coetsee y el Dr. Barnard señalaron que era el Partido Nacional el que repetidamente indicó que no negociaría con ninguna organización que propugne la violencia. El gobierno procuraba que el ANC se hiciera cargo de que las autoridades gubernamentales no quedaran mal con su propia gente al iniciar las negociaciones.

De todas formas Mandela les contestó a los representantes del gobierno que no era su trabajo resolver el dilema del gobierno. Les dijo que debían decir a sus gente que no puede haber ninguna paz y ninguna solución para la situación en Sudáfrica sin sentarse con el ANC.

La alianza del ANC con el Partido Comunista le preocupaba al gobierno casi tanto como la lucha armada. El Partido Nacional estaba posicionado dentro de lo más retrógrado de la ideología de la guerra fría de los 50s y miraba a la Unión Soviética como el trabajo del diablo como el imperio malvado. El Partido Nacional sostenía que el Partido Comunista dominaba y controlaba al ANC y que para que comenzaran las negociaciones debían romper con el partido.

La respuesta de Mandela a esta exigencia fue que, ningún luchador digno por la libertad, tomaría órdenes del gobierno contra el que está luchando o echaría por la borda a un aliado de mucho tiempo en el interés de complacer a un antagonista. Explicó que el Partido Comunista y el ANC eran organizaciones distintas que compartieron los mismos objetivos de corto plazo, el derrocamiento de la opresión racial y la búsqueda de una Sudáfrica no-racial, pero que los intereses a largo plazo no eran lo mismos. Esta discusión duró meses.

El gobierno estaba también preocupado por la idea de la nacionalización, insistiendo en que el ANC y la Carta de la Libertad respaldaran la nacionalización general de la economía sudafricana. Mandela les explicó que la posición del ANC se orientaba hacia una distribución más equitativa de los beneficios de ciertas industrias, industrias que ya eran monopolios, y que la nacionalización podría darse en algunas de esas áreas. Sostuvo que la Carta de la Libertad no era una proclama socialista sino la búsqueda de un capitalismo al estilo africano.

La otra área principal de la discusión era el asunto del gobierno de la mayoría. Los representantes del gobierno sentían que si había gobierno de la mayoría, los derechos de las minorías serían pisoteados. ¿Cómo protegería los derechos de la minoría blanca el ANC? Querían saber. Sobre este tema Mandela los remitió al Preámbulo de la Carta de la Libertad: “Sudáfrica pertenece a todos los que viven en ella, negros y blancos”. Les dijo que los blancos también eran africanos, y que en cualquier futura distribución la mayoría necesitaría de la minoría.

LAS PRESIONES INTERNACIONALES PERMITEN QUE SE LOGREN OBJETIVOS

El hecho de que tanto EUA como Gran Bretaña hayan establecido sanciones permitió que las cosas en Sudáfrica comenzaran a cambiar. Si esto no hubiera ocurrido muy difícilmente Mandela y el ANC hubieran alcanzado sus objetivos.

El inicio de estas presiones tuvo que ver con la cumbre en Reikjavick entre Ronald Reagan y Mikjail Gorbachov en 1985 que acordó 1:

1) la resolución de todos los conflictos que tuvieran que ver con el conflicto Este-Oeste; y

2) la eliminación progresiva de las armas nucleares bajo el sistema START.

De esta forma, el peligro del comunismo ya no existía y se pasaba a una nueva forma de relación, en la que la “democracia” era el nuevo paradigma 2.

Las reuniones tenían un efecto positivo, a tal punto que en el invierno de 1988 el Presidente Botha estaba planeando ver a Mandela antes de fines de agosto. Sudáfrica continuaba en agitación. El gobierno reimpuso un estado de emergencia en 1987 y en 1988. La presión internacional creció. Muchas compañías dejaron Sudáfrica. El Congreso estadounidense había aprobado una amplia sanción.

En 1987, el ANC celebró su 75º aniversario y tuvo lugar una conferencia al final del año en Tanzania a la que asistieron delegados de más de cincuenta naciones. Oliver Tambo declaró que la lucha armada se intensificaría hasta que el gobierno estuviera preparado para negociar la abolición del apartheid. Dos años antes, en la conferencia de Kabwe en Zambia que conmemoraba el trigésimo aniversario de la Carta de la Libertad del ANC, miembros de otras razas fueron votados para formar parte del Comité Ejecutivo Nacional (NEC por sus siglas en inglés) del ANC por primera vez, y el NEC prometió que ningún debate con el gobierno podía tener lugar hasta que todos los jefes del ANC fueran liberados de la prisión.

Aunque la violencia todavía era generalizada, el Partido Nacional nunca había estado más fuerte. En las elecciones generales blancas de mayo de 1987, los nacionalistas ganaron por mayoría abrumadora. Peor todavía, el Partido Federal Progresista Liberal había sido reemplazado como la oposición oficial por el Partido Conservador, que estaba a la derecha de los nacionalistas e hizo una campaña planteando que el gobierno era demasiado indulgente con el partido de oposición negro.

Las reuniones con el Comité de Funcionarios Superiores continuaron, y giraron siempre sobre los mismos asuntos que habían impedido continuar avanzando:

1) la lucha armada;

2) el Partido Comunista; y

3) el gobierno de la mayoría.

Mandela le escribió al Presidente Botha un memorandum diciéndole que estaba perturbado como muchos otros sudafricanos, por el espectro de una Sudáfrica dividida en dos facciones hostiles: negros por un lado y blancos por el otro, matándose entre sí. Para evitar esto y realizar el trabajo preparatorio para las negociaciones, le propuso arreglárselas con las tres demandas hechas al ANC por el gobierno como una condición previa a las negociaciones. Con el propósito de romper con el estancamiento y de avanzar en la negociación, Mandela planteó un unilateral abandono de las posiciones, accediendo a las demandas del gobierno:

1) renunciar a la violencia;

2) romper con el SACP (Partido Comunista Sudafricano, por sus siglas en inglés); y

3) abandonar la convocatoria para un gobierno de la mayoría.

Sobre la cuestión de la violencia Mandela dijo que la repulsa del ANC a renunciar a la violencia no era el problema: “La verdad es que el gobierno no está todavía listo... para compartir el poder político con los negros”. Mandela explicó que la falta de predisposición a descartar al SACP, reiterando que no estaban bajo su control, tenía que ver con una cuestión de honor, de no abandonar a un amigo de toda la vida por la insistencia de un adversario común y todavía conservar una medida de la credibilidad con su pueblo. Por otra parte, el rechazo al gobierno de la mayoría por parte del gobierno, era un intento mal ocultado de mantener el poder. Mandela planteaba que “gobierno de la mayoría y paz interna” eran las dos caras de una misma moneda, y Sudáfrica blanca sólo tiene que aceptar que nunca habrá paz y estabilidad hasta que el principio sea completamente aplicado.

La reticencia del gobierno sudafricano constituye un típico abuso de la gran mayoría de los gobiernos en el mundo que, utilizando su presunta legitimidad -otorgada supuestamente por el voto popular- cree tener derecho a imponerse indiscriminadamente y hacer todo lo que pareciera que se tiene que dar por sobreentendido, por el hecho de ser “gobierno”, aun lo que no se ha prometido o cuando se ha prometido se hace lo opuesto porque no hay forma de hacer un seguimiento del grado de cumplimiento de las promesas de campaña -los parlamentos o congresos o legislaturas, que debieran ser los “representantes” de los pueblos, en realidad no actúan como tales, sino que se subordinan al mandato del partido gobernante-, y se hace sufrir cualquier costo a la sociedad, sin aceptar compartir las decisiones con nadie, -ya que el gobierno es el único que tiene el monopolio de las decisiones y la coerción, en términos “weberianos”-, menos con la sociedad que solo debe votar y no quejarse, o quejarse entre parámetros aceptables, sino será reprimida.

TEMAS DE AGENDA

Dentro del memorandum que Mandela le envió al Presidente P.W. Botha, le explicaba que las preocupaciones cruciales entre el gobierno y el ANC en un principio, eran conciliar:

1) la demanda para un gobierno de la mayoría en un Estado unitario;

2) la preocupación de la Sudáfrica blanca sobre esta demanda, tanto como la insistencia de los blancos sobre garantías estructurales de que el gobierno de la mayoría no representará la dominación de la minoría blanca por los negros.

Mandela propuso que esto fuera hecho en dos etapas:

a) en la primera etapa, crear las condiciones apropiadas para las negociaciones;

b) en la segunda etapa, llevar a cabo las negociaciones mismas.

La idea central, le decía Mandela al Presidente P.W. Botha es darle la oportunidad al gobierno para superar el punto muerto existente, y normalizar la situación política del país.

MARCO INTERNO E INTERNACIONAL

De todas formas todo se retrasó. En enero, P.W. Botha sufrió una apoplejía. Pese a que no incapacitaba al Presidente, le quitaba fuerza y lo hizo aún más irascible, de acuerdo con su Gabinete. En febrero, inesperadamente, P.W. Botha renunció como cabeza del Partido Nacional, pero mantuvo su posición como Presidente del Estado Federal. Esta era una situación sin paralelo en la historia del país: en el sistema parlamentario sudafricano, el jefe del partido mayoritario llega a ser el jefe del Estado. El Presidente Botha, luego de su renuncia era jefe de Estado pero no de su propio partido. Algunos vieron esto como un acontecimiento seguro: P.W. Botha quería estar “por encima de las políticas del partido” con el objeto de provocar un cambio verdadero en Sudáfrica. En principio, se presumía que ante las diferencias entre gobierno y partido de gobierno, el Presidente, con su renuncia, hacía una separación de las políticas que debe adoptar el gobierno con las políticas sostenidas por el partido de gobierno, para llevar adelante la negociación. En este caso, ni el partido de gobierno ni el gobierno mostraban fortaleza.

La violencia política y la presión internacional continuaron intensificándose. Detenidos políticos a lo largo de todo el país habían llevado a cabo una huelga de hambre exitosamente, convenciendo al Ministro del Orden Público de que soltara a más de novecientos de ellos. En 1989, el UDF (Frente Democrático Unido) constituía una alianza con el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU) para constituir el Movimiento Demócrata Masivo (MDM), que empezó a organizar una “campaña desafío” a escala nacional de resistencia pasiva para desafiar las instituciones del apartheid. El apartheid estaba -paradójicamente- institucionalizado y la comunidad internacional nada hizo hasta que hubo cambios internacionales significativos como la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991 y a las potencias occidentales les dejó de convenir la existencia de un gobierno blanco en Sudáfrica; de la misma manera que a EUA le dejó de convenir las dictaduras militares o civiles anticomunistas en América Latina y prestó su apoyo a gobiernos civiles bajo el concepto de democracia “controlada” 3. En el frente internacional, Oliver Tambo mantuvo conversaciones con los gobiernos de Gran Bretaña y la Unión Soviética, y en enero de 1987 -Post Cumbre de Reikjavick entre Ronald Reagan y Mikjail Gorbachov 4- se reunió con el Secretario de Estado de EUA, George Shultz, en Washington. Los estadounidenses reconocieron al ANC como un elemento indispensable de cualquier solución en Sudáfrica. Las sanciones en contra de Sudáfrica se mantenían en vigencia y aumentaron.

REUNION CON P.W. BOTHA

Para mediados de 1989 Mandela se reunió con el Presidente P.W. Botha, quien estuvo acompañado de Kobie Coetsee, el General Willemse, y el Dr. Barnard. En la reunión, Mandela mencionó que había leído un artículo en una revista de Afrikaans sobre la rebelión Afrikaner de 1914, en la que se comentaba cómo habían ocupado pueblos en el Estado Libre. Mandela dijo que veía la pelea del ANC como un paralelo a esta famosa rebelión. La historia sudafricana, es vista de forma muy diferente por el negro que por el hombre blanco. El punto de vista del blanco era que la rebelión había sido una pelea entre hermanos, mientras que la pelea de los negros era una revolución. Mandela dijo que la lucha emprendida por los negros también podía ser vista como una “pelea entre hermanos” que ocurre por tener los colores diferentes. Al final de la reunión, Mandela le preguntó a P.W. Botha si liberaría a todos los prisioneros políticos incondicionalmente, incluyéndolo a él. P.W. Botha dijo que no podría hacer eso.

RENUNCIA P.W. BOTHA PRESIDENCIA DE DE KLERK

Un poco más de un mes después de la reunión, en agosto de 1989, P.W. Botha salió en la televisión nacional para anunciar su renuncia como Presidente del Estado Federal. En un discurso de despedida curiosamente incoherente, acusó a miembros del gabinete de incumplimiento de la confianza, de hacer caso omiso de él y de jugar a manos del Congreso Nacional Africano (ANC). Al día siguiente, F.W. De Klerk juró como Presidente suplente y ratificó su compromiso de cambio y reforma.

Para el ANC, el Sr. De Klerk era una alternativa. Cuando fue líder del Partido Nacional, pareció ser el simpatizante del partido político por excelencia, nada más y nada menos. Nada en su pasado parecía insinuar un espíritu de reforma. Como Ministro de Educación, había intentado mantener a los estudiantes negros fuera de las universidades blancas. Pero tan pronto como se encargó del Partido Nacional, comenzó a mostrar una diferencia genuina respecto de su antecesor. No era un ideólogo, sino un pragmático, un hombre que veía el cambio como necesario e inevitable.

En el día en que juró como Presidente, Mandela le escribió una carta pidiéndole una reunión.

En el discurso de toma de posesión, el Sr. De Klerk dijo que su gobierno estaba entregado a la paz y que negociaría con cualquier otro grupo entregado a la paz. Pero su compromiso para un nuevo orden fue demostrado solamente después de la ceremonia de toma de posesión, cuando fue planeada una marcha de protesta en Ciudad del Cabo contra la brutalidad policial. Fue encabezada por el Arzobispo Desmond Tutu y el Reverendo Allan Boesak. Bajo el Presidente P.W. Botha, la marcha habría sido prohibida, y los manifestantes habrían desafiado esa prohibición, dando como resultado la violencia. El nuevo Presidente de acuerdo con su promesa de levantar las restricciones sobre reuniones políticas, permitió que la marcha tuviera lugar, solamente pidió que los manifestantes se quedaran tranquilos.

INICIO DEL DESMANTELAMIENTO DEL APARTHEID

De Klerk empezó un sistemático desmantelamiento de muchos de los componentes básicos del apartheid. Abrió playas sudafricanas a personas de todos los colores, y dijo que el Acta de Reserva de Comodidades Separadas sería pronto revocada. Esta ley estaba en vigencia desde 1953 y era conocida como el “apartheid insignificante”, separando parques, cines, restaurantes, omnibus, bibliotecas, servicios, y otras instalaciones públicas, de acuerdo con la raza.

En noviembre de 1989, el Presidente De Klerk anunció que el Sistema Nacional de Administración de Seguridad, una estructura secreta para combatir fuerzas anti-apartheid, creada bajo P.W. Botha, sería disuelto.

Mandela, en conjunto con varios colegas del ANC, redactó el borrador de una carta para De Klerk no diferente de una que había enviado a P.W. Botha. El tema eran las conversaciones entre el gobierno y el ANC. Mandela le decía al Presidente que el conflicto en curso fue agotando el alma de Sudáfrica y las conversaciones eran la única solución. Que el ANC no consentiría ninguna condición previa para las conversaciones, especialmente no aceptaría la condición previa que el gobierno quería: la suspensión de la lucha armada. El gobierno pedía un “compromiso franco para la paz” y Mandela le decía que la buena voluntad del ANC para negociar era exactamente eso.

Mandela le decía al Presidente De Klerk lo impresionado que estaba, por el énfasis que había puesto sobre la reconciliación, enunciada en el discurso de toma de posesión. Sus palabras habían persuadido a millones de sudafricanos y de personas alrededor del mundo, de la esperanza de que una nueva Sudáfrica estaba a punto de nacer. El primer paso para el camino de la reconciliación, fue el completo desmantelamiento del apartheid, y todas las medidas para imponerlo. De todas formas, le decía Mandela, que el espíritu de ese discurso no había sido mucho en evidencias. Las políticas del gobierno fueron percibidas por muchos como una continuación del apartheid por otros medios, un “gatopardismo”. El gobierno había gastado demasiado tiempo en hablar con jefes del bantustán y otros cooptados por el sistema; estos hombres, eran los agentes de un pasado opresivo que la masa de sudafricanos de raza negra había rechazado.

Mandela reiteró la propuesta de que las conversaciones tuvieran lugar en dos etapas y que respaldaba completamente las pautas que el ANC había adoptado en la Declaración de Harare de 1989, que puso la responsabilidad sobre el gobierno para eliminar los obstáculos a las negociaciones que el Estado mismo había creado. Esas demandas incluían:

1) la liberación de todos los prisioneros políticos;

2) el levantamiento de todas las prohibiciones sobre las organizaciones y personas prohibidas;

3) el fin del estado de emergencia; y

4) el retiro de todas las tropas de los pueblos.

Mandela hizo hincapié en que un mutuo acuerdo sobre el cese del fuego para dar fin a las hostilidades, debía ser la primera orden de la negociación, porque sin eso, ninguna negociación podía ser realizada.

VISITA A DE KLERK

Uno de los asuntos que Mandela enfatizó en la reunión fue que el plan quinquenal presentado por el Partido Nacional, contenía el concepto de “derechos de grupo”. La idea de “derechos de grupo” era que ningún grupo racial o étnico podía tener prioridad sobre ningún otro. Aunque definieron “derechos de grupo” como una manera de proteger la libertad de las minorías en una nueva Sudáfrica, a decir verdad su propuesta fue uno de los medios de mantener la dominación blanca.

El gobierno blanco sudafricano continuaba utilizando técnicas sutiles para ganar espacio en la negociación e imponer la voluntad sobre el ANC con temas de aparente beneficio conjunto pero que eran para ventaja propia.

Para Mandela, este concepto no podía conservarse ya que daba la impresión de que quería modernizar el apartheid sin abandonarlo -gatopardismo-; esto estaba perjudicando la imagen del gobierno y la del Partido Nacional a los ojos de las fuerzas progresistas en Sudáfrica y alrededor del mundo. Un sistema opresivo no puede ser reformado, debe ser exterminado completamente. Mandela le hizo mención al Presidente De Klerk de un editorial que había leído recientemente en Die Burger, portavoz del Partido Nacional en Ciudad del Cabo, que insinuaba que el concepto derechos de grupo fue concebido como un intento de restaurar el apartheid por la puerta trasera. Le dijo al Presidente De Klerk que si fuera cómo el periódico de su partido percibía los derechos de grupo, ¿cómo pensaba que lo verían los del ANC? El ANC no había luchado contra el apartheid durante setenta y cinco años para ceder el paso a un formato disfrazado de él y si fuera intención verdadera del gobierno mantener el apartheid a través del Caballo de Troya de los derechos de grupo, entonces el apartheid no finalizaría.

La actitud de De Klerk fue sostener su “gatopardismo”. Le contestó a Mandela, defendiendo la posición del gobierno: “Usted sabe mi objetivo no es diferente del suyo. Su memorandum para P.W. Botha decía que el ANC y el gobierno debían trabajar en conjunto para acordar sobre el miedo de los blancos a la dominación negra, y la idea de los “derechos de grupo” es cómo nosotros proponemos acordar”. La respuesta de Mandela fue que la idea de los “derechos de grupo” aumenta más los miedos de los negros que lo que trae alivio a los blancos. Entonces De Klerk contestó: “Tendremos que cambiarlo”.

CONDICIONES PARA LA LIBERACION

Mandela planteó la cuestión de su liberación reafirmando que si fuera liberado en las mismas condiciones bajo las que había sido arrestado volvería a hacer precisamente las mismas cosas por las que había sido encarcelado. La propuesta de Mandela era que la mejor manera de avanzar, era levantar la prohibición al ANC, levantarles el estado de emergencia a todas las otras organizaciones políticas, liberar a los prisioneros políticos, y permitir que los exiliados regresen. Argumentó que si el gobierno no levantaba la prohibición al ANC, tan pronto como estuviera fuera de la prisión él estaría trabajando en una organización ilegal. La resultante sería que deberían volver a arrestarlo una vez que fuera liberado.

DISCURSO INAUGURAL DE DE KLERK AL PARLAMENTO

El 2 de febrero de 1990, F.W. De Klerk realizó el tradicional discurso inicial ante el Parlamento, e hizo algo que ningún otro jefe de Estado sudafricano había hecho: empezó a desmontar el sistema del apartheid y a plantear el trabajo preliminar para una Sudáfrica realmente democrática. De un modo dramático, el Sr. De Klerk anunció el levantamiento de las prohibiciones sobre el ANC, el Comité de Acción Política, el Partido Comunista Sudafricano, y las treinta y un otras organizaciones ilegales; liberar a los prisioneros políticos encarcelados por actividades no violentas; la suspensión de la pena de muerte; y el levantamiento de varias restricciones impuestas por el estado de emergencia. “El tiempo para la negociación ha llegado”, finalizó.

Después de cuarenta años de persecución y destierro, el ANC pasaba a ser una organización legal. Ni Mandela ni sus compañeros volverían a ser arrestados por ser miembros del ANC, por llevar su estandarte, por hablar en su nombre. Por la primera vez en casi treinta años, la imagen de Mandela y sus palabras, y las de sus compañeros prohibidos, podían salir libremente en periódicos sudafricanos.

La comunidad internacional aplaudió las audaces acciones de De Klerk. En medio de todas las buenas noticias, sin embargo, el ANC se opuso al hecho de que De Klerk no había levantado el estado de emergencia totalmente o retirado a los soldados de los pueblos.

LIBERACION DE MANDELA 11 DE FEBRERO DE 1990

El 9 de febrero, siete días después de que De Klerk abriera las sesiones del Parlamento, le informaron a Mandela que debía ir nuevamente a Tuynhuys la oficina presidencial oficial. Ahí De Klerk le informó que sería liberado al día siguiente en Ciudad del Cabo.

Mandela quería dejar la prisión tan pronto como pudiera, pero consideraba que hacerlo con poca anticipación no era sabio. Le dijo a De Klerk, que preferiría tener la notificación con una semana de anticipación para que su familia y su organización pudieran estar preparadas para la liberación, a la vez que prefería ser liberado desde Victor Verster. Marcharse al día siguiente, causaría un caos. Después de esperar veintisiete años, podía esperar otros siete días.

De Klerk hizo consultas y regresó con un acuerdo: podía ser liberado desde Victor Verster pero, la liberación no podía ser pospuesta. El gobierno ya había informado a la prensa extranjera que sería liberado al día siguiente y sentía que no podían retractarse. Al final, acordaron.

Sus diez mil días de encarcelamiento habían terminado.

Discurso de Mandela el Día de su Liberación

Levantó su puño a la multitud y la multitud respondió con una aclamación. “¡Amandla!” clamó. “Ngawethu!” respondieron. “¡Afrika!” gritó; “¡Mayibuye!” respondieron.

Amigos, compañeros y compatriotas sudafricanos. ¡Doy la bienvenida a todos ustedes en el nombre de la paz, la democracia y la libertad para todos! No estoy de pie aquí ante ustedes como un profeta sino como un humilde sirviente de ustedes, el pueblo. Sus incansables y heroicos sacrificios han hecho posible que yo pudiera estar hoy aquí. Por lo tanto pongo los años restantes de mi vida en sus manos.

Agradeció al pueblo de Ciudad del Cabo, y saludé a Oliver Tambo y el Congreso Nacional Africano, Umkhonto we Sizwe (MK - La Lanza de la Nación), al Partido Comunista Sudafricano, al UDF, Congreso Sudafricano de la Juventud, COSATU, al Movimiento Demócrata de Masas, a la Unión Nacional de Estudiantes Sudafricanos, y a la Faja Negra, un grupo constituido por mujeres que había sido la voz de la conciencia durante mucho tiempo. También expresó su gratitud a su esposa y su familia, diciendo:

Estoy convencido de que su dolor y sufrimiento fueron, por lejos, mayores que el mío”.

Dijo a la multitud, que el apartheid no tenía ningún futuro en Sudáfrica, y que el pueblo no debía abandonar su campaña de protesta masiva:

La visión de la libertad amenazada en el horizonte, debe animarnos a redoblar nuestros esfuerzos futuros”.

Sentía que era importante explicar públicamente sus conversaciones con el gobierno.

Hoy deseo informarles que mis conversaciones con el gobierno han sido destinadas a normalizar la situación política en el país. Deseo hacer hincapié en que yo mismo, nunca, he entrado en negociaciones sobre el futuro de nuestro país, excepto exigiendo una reunión entre el ANC y el gobierno”.

Dijo que esperaba que un ambiente propicio para un arreglo negociado pudiera conseguirse pronto, terminando la necesidad de la lucha armada. Que los pasos para conseguir tal ambiente habían sido dados, en una idea general, en la Declaración de Harare de 1989 del ANC. Como una condición a las verdaderas negociaciones; que el gobierno debe terminar inmediatamente el estado de emergencia y liberar a todos los prisioneros políticos.

Le dijo al pueblo que De Klerk había ido más lejos que cualquier otro líder Nacionalista para normalizar la situación y declaró al Sr. De Klerk “un hombre de integridad”. Aunque muchas veces, De Klerk parecía no vivir de acuerdo con ellas.

Consideraba esencial mostrar al pueblo y al gobierno que la lucha no estaba terminada para él, sino que empezaba nuevamente en una forma diferente. Dijo que era “un miembro leal y disciplinado del Congreso Nacional Africano”. Animó a las personas a regresar a las barricadas, intensificar la pelea, para “recorrer la última milla juntos”.

Conferencia de Prensa de Mandela Luego de Liberado

El planteo central de Mandela en su exposición ante la prensa fue que no había contradicción entre su continuado apoyo a la lucha armada y su defensa de las negociaciones.

Fueron la realidad y la amenaza de la lucha armada las que habían traído al gobierno al borde de las negociaciones.

Cuando el Estado dejara de infligirle violencia al ANC, éste correspondería con la paz. La preocupación de Mandela aún liberado era que todavía existía un status quo ya que los negros todavía no tenían derechos políticos. Esto le hacía sentir que podría estar fuera de la cárcel, pero todavía no estaba libre.

Respecto de los miedos de los blancos, Mandela quería que Sudáfrica viera que quería, incluso a sus enemigos, mientras odiaba al sistema que los había puso a unos contra otros. Su idea era modificar al sistema como un objetivo, no como venganza.

Discurso en el Estadio del First Nacional Bank en Soweto

Una vez liberado, Mandela se encontró con un país con grandes diferencias en el reparto.

Mientras el Soweto había crecido, y en algunos lugares había prosperado, la mayoría abrumadora de las personas era terriblemente pobre, sin electricidad o agua corriente, ganándose la vida a duras penas, en una existencia que era vergonzosa en una Nación tan rica como Sudáfrica. En muchos lugares, la pobreza era mucho peor que cuando Mandela había sido llevado a la prisión. Se había dado un reparto desigualitario en un país con muchos recursos que eran monopolizados por pocos.

En el Estadio del First Nacional Bank se dirigió a la multitud diciéndoles que había escuchado que había criminales que fingían ser luchadores por la libertad, y acosaban a personas inocentes e incendiaban vehículos; estos rufianes no tenían ningún lugar en la lucha. Para Mandela, la libertad sin la urbanidad, la libertad sin la capacidad de vivir en paz, no eran la libertad verdadera en absoluto.

Hoy, mi regreso a Soweto llena mi corazón de júbilo. Al mismo tiempo también regreso con un hondo sentimiento de tristeza. Tristeza por comprender que ustedes todavía están sufriendo bajo un sistema inhumano. La escasez de viviendas, la crisis de escuelas, el número de desempleados y la tasa de criminalidad todavía permanecen… De la misma manera en que siento orgullo de formar parte de la comunidad de Soweto, he quedado perturbado enormemente por los datos estadísticos de criminalidad que leí en los periódicos. Aunque comprendo las privaciones que nuestras personas sufren debo dejar en claro que el nivel de criminalidad en el pueblo es poco saludable y debe ser eliminado como un tema de urgencia.”

El concepto de Mandela era trabajar para resolver y reducir los problemas sociales; no con represión sino con creatividad y colaboración de parte de todos los sectores.

Terminó diciendo que:

Ningún hombre o mujer que haya abandonado el apartheid será excluido de nuestro movimiento hacia una Sudáfrica no racial, unida y democrática basada en una persona, un voto, sobre una lista común de votantes“.

Esa era la misión del ANC, el objetivo que Mandela había guardado antes de sus años en prisión, y el objetivo por el que trabajaría durante los años restantes de su vida. Era el sueño que abrigaba cuando entró en la prisión a los cuarenta y cuatro años, y ahora que tenía setenta y uno, no podía permitirse malgastar el tiempo.

Esto también vale por el tiempo del pueblo. No hay derecho de malgastar el tiempo del pueblo, mientras que éste espera que los gobernantes resuelvan sus problemas; que es lo que generalmente pasa en la mayoría de los países con grandes diferencias sociales y con un alto grado de subdesarrollo y dependencia.

Reunión del Comité Ejecutivo Nacional del ANC en Lusaka

La primera responsabilidad de Mandela era informar a los directivos del ANC sobre los pasos que había dado hasta ese momento, y el 27 de febrero, cuando había estado fuera de prisión un poco más de dos semanas, voló a Lusaka para una reunión del Comité Ejecutivo Nacional (NEC) del ANC. Se reencontró con viejos compañeros a los que no había visto en décadas. Varios jefes de Estado africanos estaban también presentes, y tuvo breves charlas con Robert Mugabe de Zimbabwe, Kenneth Kaunda de Zambia, José Eduardo dos Santos de Angola, Quett Masire de Botswana, Joaquim Chissano de Mozambique, y Yoweri Museveni de Uganda.

En ese período de sesiones del NEC lo eligieron a Mandela vice-Presidente de la organización y a Alfred Nzo, que era Secretario General fue nombrado Presidente suplente mientras Oliver Tambo se estaba recuperando.

En una conferencia de prensa después de conocerse, le preguntaron sobre una sugerencia hecha por el Dr. Kaunda, Presidente de Zambia y partidario de mucho tiempo del Congreso Nacional Africano, sobre que el ANC debía suspender las operaciones armadas dentro de Sudáfrica ahora que Mandela había sido liberado. Respondió que valoraba la sabiduría y el apoyo del Sr. Kaunda, pero que era demasiado pronto para suspender la lucha armada, porque todavía no habían conseguido el objetivo para el que tomaron las armas; no era el trabajo del ANC ir en la ayuda del Sr. De Klerk para calmar a sus partidarios de la derecha.

Viaje a El Cairo

Mientras Mandela estaba en El Cairo tuvo lugar una conferencia de prensa en la que dijo que el ANC estaba “preparado para considerar un cese de las hostilidades”. Esta era una señal para el gobierno. Tanto el ANC como el gobierno estaban comprometidos en crear un ambiente mediante el cual, las negociaciones darían resultado.

Mientras el ANC exigía que el gobierno:

1) normalizara la situación en el país terminando con el estado de emergencia;

2) liberara a todos prisioneros políticos; y

3) revocara todas las leyes de apartheid;

El gobierno estaba decidido a convencer al ANC de que suspendiera la lucha armada primero.

Mandela, aún consideraba que no estaban listos para anunciar tal suspensión, pero quería suministrar a De Klerk el suficientemente estímulo para que ejerciera sus estrategias reformistas. Mandela sabía que al final suspenderían la lucha armada, en parte, para posibilitar negociaciones más serias y en parte, para permitir a De Klerk a que dijera a su propio electorado, los votantes blancos de Sudáfrica: “aquí están los frutos de mi política”.

Apoyo de la Sociedad Civil Internacional

En abril de 1990, voló a Londres para asistir a un concierto en Wembley, en su honor. Muchos artistas internacionales, la mayoría a quienes nunca conoció, estaban actuando y el evento iba a ser televisado mundialmente. Aprovechó esto para agradecer al ejército antiapartheid del mundo por el enorme trabajo que habían hecho en insistir en las sanciones, por su liberación y la de los otros prisioneros políticos, y por el genuino apoyo y la solidaridad que habían mostrado a las personas oprimidas de Sudáfrica.

LAS NEGOCIACIONES POST-LIBERACION

Escenario Político Sudafricano

Otros Partidos no-Blancos

Cuando Mandela salió de la prisión, el Jefe Mangosuthu Buthelezi, cabeza del Partido por la Liberación Inkatha y Primer Ministro de KwaZulu, era uno de los jugadores de primera en el escenario político sudafricano. Pero dentro de los círculos del ANC, estaba lejos de ser una figura popular.

El Jefe Buthelezi era descendiente del Rey zulú Cetywayo, que había derrotado a los británicos en la lucha de Isandhlwana en 1879. Siendo joven, asistió a Fort Hare y luego se hizo miembro de la joven liga del ANC. Mandela lo veía como uno de los próximos jefes jóvenes del Movimiento. Llegó a ser Primer Ministro de la patria de KwaZulu con el apoyo tácito del ANC, e incluso fue sin la oposición de la organización el lanzamiento de Inkatha como una organización cultural zulú. Pero con el paso de los años, el Jefe Buthelezi quedó a la deriva del ANC. Aunque se opuso al apartheid resueltamente y se negó a permitir que KwaZulu se transformara en una patria “independiente” como lo deseaba el gobierno, fue una espina en el equipo del movimiento democrático. Se opuso a la lucha armada. Criticó el alzamiento de Soweto de 1976. Hizo una campaña en contra de las sanciones internacionales. Recusó la idea de hacer de Sudáfrica un Estado unitario.

El objetivo de Mandela era forjar una relación independiente con el Rey, separada de su relación con el Jefe Buthelezi. El Rey era el verdadero jefe hereditario de los zulúes, que lo querían y respetaban. La fidelidad para el Rey estaba mucho más extendida en KwaZulu que la lealtad a Inkatha.

Mientras tanto, Natal se transformó en un matadero. Los partidarios del Inkatha armados en exceso habían declarado la guerra a las oficinas centrales del ANC a través de la región central de Natal y alrededor de Pietermaritzburg. Pueblos enteros fueron incendiados, docenas de personas fueron muertas, centenares estaban heridos, y miles se refugiaron. Solamente en marzo de 1990, 230 personas perdieron sus vidas en esa violencia sangrienta. En Natal, el Zulú estaba destrozando al Zulú, por miembros del Inkatha y los guerrilleros del ANC son zulúes. En febrero, solo dos semanas después de la liberación de Mandela, fue a Durban y habló a una multitud de más de 100.000 personas en el parque King. Casi todos eran zulúes. Les suplicó que dejaran sus armas, y que buscaran la paz:

¡Tomen sus armas de fuego, y sus cuchillos, y láncenlos al mar! Cierren las fábricas de muerte. ¡Terminen esta guerra ahora!”

Pero su llamada no tuvo efecto. Las peleas y la muerte continuaron.

Primera Reunión Frente a Frente con el Gobierno

En marzo de 1990, después de mucho negociar dentro de cada uno de los respectivos partidos, programaron la primera reunión frente a frente con De Klerk y el gobierno. Estas serían “conversaciones sobre las conversaciones”, y las reuniones comenzarían a principios de abril de 1990.

Pero para el 26 de marzo, la policía del pueblo de Sebokeng sur, aproximadamente a treinta millas de Johannesburgo, sin advertencias, abrió fuego sobre una multitud de manifestantes del ANC, matando a doce e hiriendo a centenares, la mayoría de ellos disparados por la espalda cuando estaban huyendo. La policía había usado munición real en el enfrentamiento con los manifestantes. Afirmó que sus vidas estaban en peligro, pero muchos manifestantes fueron disparados en la espalda y no tenían ningún arma.

El derecho de reunirse y manifestar a favor de las demandas justas no era un favor concedido por el gobierno a su discreción. Mandela declaró en esa oportunidad que cada policía blanco en Sudáfrica miraba a cada persona negra como un objetivo militar.

La policía se inmiscuye en el proceso, o es hecha partícipe por parte del gobierno, de manera tal que los problemas se “policializan” o militarizan, en vez de negociarse una solución justa.

Suspensión de las Conversaciones

Después de consultar con el NEC, Mandela anunció la suspensión de las conversaciones y advirtió a De Klerk que no podía “hablar de negociaciones por una parte y asesinar a nuestras personas por la otra”.

Pero a pesar de la suspensión de las charlas oficiales, con el visto bueno del liderazgo del ANC, Mandela se encontró en privado con De Klerk en Ciudad del Cabo con el objeto de mantener el impulso de las negociaciones. Las discusiones se centraron principalmente en tener una nueva cita, y coincidieron en que sería a principios de mayo.

Mandela sacó a colación, en la entrevista, el comportamiento atroz en el tratamiento desigual de negros y blancos de Sebokeng y la policía; la policía usó munición real con los manifestantes negros, mientras que nunca utilizó sus armas de fuego en las protestas llevadas a cabo por la derecha blanca.

El gobierno no tenía ningún apuro por empezar la negociación; estaban esperando que la euforia por la liberación de Mandela amainara. Querían tener el tiempo suficiente como para que se le pudiera mostrar al pueblo que el ex preso aclamado como un salvador era un hombre muy falible que había perdido contacto con la situación vigente.

A pesar de sus acciones aparentemente progresistas, De Klerk no era de ninguna forma, un gran emancipador. Era un gradualista, un pragmatista cuidadoso. No hizo ninguna de sus reformas con la intención de debilitarse. Las hizo precisamente por la razón opuesta: asegurar el poder para el Afrikaner en una nueva administración. No estaba todavía preparado para negociar el final de la supremacía blanca.

Lo que estos gobiernos hacen 5 es procurar debilitar a los reclamantes, incluso proponiéndoles subordinarse al marco institucional al que ellos -supuestamente- representan legalmente, de esa manera todo continúa por sus carriles normales. La idea es restaurar el orden, de la justicia, “hablarán más delante” y, por supuesto lo harán desde la perspectiva de la justicia de los “ordenadores” no de los demandantes o reclamantes.

El objetivo de De Klerk era crear un sistema de reparto del poder en la toma de decisiones sobre la base de los derechos de grupo, que mantendría un formato modificado del poder de la minoría en Sudáfrica. Estaba decididamente en contra del gobierno de la mayoría, o “mayoritarianismo simple” como lo llamaba a veces, porque eso terminaría la dominación blanca de un solo golpe.

Los miembros del ANC sabían desde un comienzo que el gobierno estaba radicalmente en contra de que un ganador tomara todo el sistema parlamentario Westminster 6, y propugnó en cambio, un sistema de representación proporcional con garantías estructurales incorporadas para la minoría blanca. Aunque estaba preparado para permitir que la mayoría negra votara y legislara, quería conservar un veto de la minoría.

Mandela le dijo a De Klerk que sus propuestas eran un apartheid disfrazado, un el “perdedor-toma-todo” el sistema.

Excelente manera de reformar en forma “gatopardista” el sistema de gobierno para mantener todo el poder y debilitar a los reclamantes aunque “gobiernen”.

La estrategia a largo plazo de los nacionalistas para superar la fuerza del ANC era desarrollar una alianza anti-ANC con el Partido por la Liberación Inkatha y atraer a los votantes de habla Afrikaans de color del Cabo a un nuevo Partido Nacional. La estrategia de dividir a la oposición para imperar.

Desde el momento de la liberación de Mandela, el gobierno empezó a cortejar tanto a Buthelezi como a los votantes de color del Cabo. El gobierno intentó asustar a la población de color haciéndoles pensar que el ANC era anti-color. Respaldaron el deseo del Jefe Buthelezi de conservar el poder Zulú y la identidad en una nueva Sudáfrica predicándole la doctrina de los derechos de grupo y el federalismo.

Nuevas Conversaciones con el Gobierno

El primer round de las conversaciones con el gobierno fue llevado a cabo durante tres días a principios de mayo de 1990. La delegación de Mandela contaba con Walter Sisulu, Joe Slovo, Alfred Nzo, Thabo Mbeki, Ahmed Kathrada, Joe Modise, Ruth Mompati, Archie Gumede, Reverendo Beyers Naude y Cheryl Carolus. El escenario era Groote Schuur, la mansión de estilo holandés del Cabo que fue la residencia de los primeros Gobernadores coloniales de Sudáfrica, entre otros Cecil Rhodes.

Las conversaciones, contrariamente a la expectativa que tenían, fueron dirigidas con seriedad y buen humor. Enemigos históricos que habían estado luchando entre sí durante tres siglos se juntaron y se dieron la mano. Muchos se preguntaron por qué tales discusiones no habían tenido lugar mucho antes. El gobierno había concedido indemnizaciones temporales a Joe Slovo, el Secretario General del Partido Comunista, y Joe Modise, el comandante del MK (Umkhonto we Sizwe - La lanza de la nación). Thabo Mbeki dijo a los reporteros luego del encuentro, que “cada equipo había descubierto que el otro no tenía cuernos.”

El verdadero hecho de las conversaciones mismas era un acontecimiento importante en la historia de Sudáfrica. La reunión representaba no sólo lo que el ANC había estado buscando tantos años sino también un final a la relación amo/criado que caracterizaba las relaciones blancas y negras en Sudáfrica. No habían ido a la reunión como suplicantes o peticionarios, sino como sudafricanos iguales que merecían un lugar igual en la mesa.

El primer día fue más o menos una lección de historia. Mandela le explicó a su contraparte que el ANC desde sus comienzos en 1912 siempre había pedido las negociaciones con el gobierno en el poder. De Klerk, por su parte, sugirió que el sistema de desarrollo separado había sido concebido como una idea benigna, pero no fue trabajado en la práctica. Esperaba que las negociaciones lo enmendaran. No era una disculpa por el apartheid, pero fue más lejos de lo que cualquier otro líder del partido político Nacional alguna vez lo había hecho.

El asunto principal en discusión fue la definición de prisioneros políticos y exiliados políticos. El gobierno arguyó a favor de una definición estrecha, queriendo restringir el número de personas que reuniría las condiciones necesarias para una indemnización. Los miembros del ANC arguyeron a favor de la definición más amplia posible y dijeron que cualquier persona que fuera condenada por un delito que estaba políticamente motivado debía reunir las condiciones necesarias para una indemnización. En principio, no pudieron coincidir en una definición mutuamente satisfactoria de los crímenes “políticamente motivados”, y éste sería un asunto que los importunaría durante bastante tiempo por delante.

Acta de la Groote Schuur

Al final de la reunión de tres días, se pusieron de acuerdo sobre lo que se conoció como el Acta de la Groote Schuur, prometiendo ambas partes a un proceso tranquilo de negociaciones y comprometiéndose el gobierno a levantar el estado de emergencia, que en breve hicieron en todas partes menos en la provincia de Natal tomada por la violencia. Quedaron de acuerdo en poner un grupo de trabajo conjunto para resolver los muchos obstáculos que todavía quedaban en el camino.

Cuando llegaron a los temas constitucionales, Mandela le dijo al gobierno que exigían una Asamblea Constituyente elegida para redactar una nueva constitución. El planteo de la ANC era que los hombres y mujeres que redactaran la constitución debían ser escogidos por el pueblo mismo. Pero antes de la elección de una Asamblea, era necesario tener un gobierno interino que pudiera supervisar la transición hasta que un nuevo gobierno fuera votado. El gobierno no podía ser jugador y árbitro. Propugnaron la creación de una conferencia de negociación multipartidista para establecer al gobierno interino e implantar los principios guía para el funcionamiento de una Asamblea Constituyente.

Mandela Visita su Pueblo

En la juventud de Mandela, las personas de Qunu -su pueblo-, no eran políticas en absoluto; eran inconscientes de la lucha por los derechos africanos. Aceptaban la vida como era y no soñaban con cambiarla. Pero cuando regresó escuchaba a los escolares de Qunu cantar las canciones sobre Oliver Tambo y Umkhonto we Sizwe (MK - La lanza de la nación), y se maravillaba cómo los conocimientos de la lucha entonces se habían filtrado en cada esquina de la sociedad africana.

La sociedad negra africana había tomado conciencia de la necesidad de luchar por el propio destino.

Este es un tema bastante complejo, ya que el pueblo generalmente espera que un líder venga a salvarlos y a resolver sus problemas. Esto es lo que generalmente ocurre en la gran mayoría de los países de la periferia. Por otra parte, está el problema de la lucha por la liberación, que tanto por gobiernos como las potencias centrales -EUA, países de Europa occidental- ven como una conducta subversiva de carácter terrorista a esto. Ellos -las potencias- no tienen en cuenta cuando han utilizado el terrorismo en beneficio propio. Un buen ejemplo ha sido el apoyo de EUA a la “contra” en Nicaragua para derrocar al sandinismo; entre muchos otros que se podrían considerar.

Suavizar las Sanciones Internacionales

A principios de junio de 1990, Mandela tenía programado partir en un paseo de seis semanas por Europa y Norte América. Antes de ir, se encontró en privado con De Klerk, que quería tratar el tema de las sanciones internacionales. Sobre la base de los cambios que había hecho en Sudáfrica, le pidió que suavizara la llamada para la continuación de las sanciones internacionales. La idea de Mandela era que De Klerk había hecho reformas, “incentivado” por las sanciones, y hacer que las sanciones permanecieran era el mejor incentivo para forzarlo a que hiciera más. Mandela era consciente de que la Comunidad Europea y EUA estaban inclinados a aflojar las sanciones sobre la base de las reformas de De Klerk. Le dijo a De Klerk que no podían decir a sus partidarios que aflojarían las sanciones hasta que se hubiera desmontado el apartheid totalmente y hubiera un gobierno de transición en su lugar.

La primera etapa del viaje lo llevó a Mandela y a su esposa Winnie a París, donde fue tratado como si fuera un jefe de Estado por François Mitterrand y su esposa Danielle, un partidario del ANC de mucho tiempo. El evento más importante que ocurrió mientras estaba en Francia fue que el Presidente De Klerk anunció la suspensión del estado de emergencia. Mandela era consciente de que el gobierno sudafricano había tomado esta resolución mientras estaba en Europa para minar su llamado por las sanciones internacionales.

De Francia, se dirigió a EUA, donde tocó Menfis, Boston, y luego fue a Washington para presenciar un período de sesiones conjunto del Congreso y asistir a una reunión secreta con el Presidente Bush padre. Agradeció al Congreso de EUA por su legislación antiapartheid y les dijo que la nueva Sudáfrica esperaba vivir de acuerdo con los valores que crearon las dos cámaras. Le dijo al Congreso de EUA que como luchadores por la libertad no podían haber oído hablar de hombres tales como George Washington, Abraham Lincoln, y Thomas Jefferson “y no ser afectados para actuar tal como ellos fueron llevados a actuar”. También dio un fuerte mensaje sobre las sanciones internacionales, porque sabía que la Administración Bush sentía que era el tiempo de aflojarlas, así que instó al Congreso a que no lo hiciera.

Más allá de que Mandela simpatizaba con Bush, porque fue el primer jefe del mundo en telefonearle para felicitarlo después de que dejó la prisión, discrepaban marcadamente en los asuntos de la lucha armada y las sanciones internacionales.

De EUA se dirigió a Dublín, y de ahí a Londres, dónde tenía una reunión con Margaret Thatcher. La Primera Ministra británica se oponía a la mayoría de los asuntos que planteaba el ANC. Mandela no pudo hacer el más leve progreso con ella sobre la cuestión de las sanciones internacionales.

VUELVE LA VIOLENCIA AL PAIS

Cuando Mandela regresó a Sudáfrica en julio de 1990, después de breves viajes a Uganda, Kenia, y Mozambique, pidió una reunión con De Klerk. La violencia en el país empeoraba; el número de muertos de 1990 ya estaba sobre los 1500, más que todas las muertes políticas del año previo.

Después de conferenciar con sus colegas, sintió necesario acelerar el proceso de normalización. El país estaba sangrando de muerte, y tenían que avanzar rápidamente.

El levantamiento del estado de emergencia en junio de 1990 por De Klerk pareció poner el escenario para una reanudación de las conversaciones, pero en julio, personal de seguridad del gobierno arrestó a aproximadamente cuarenta miembros del ANC, afirmando que eran parte de una conspiración del Partido Comunista llamada operación Vula para derrocar al gobierno. De Klerk pidió una reunión urgente con Mandela y le leyó documentos que, afirmaba, habían sido confiscados en la incursión. Mandela no sabía nada sobre eso.

Después de la reunión Mandela llamó a Joe Slovo, quien le explicó que los pasajes leídos por De Klerk habían sido sacados del contexto y que Vula era una operación agonizante. Pero el gobierno estaba decidido a usar este descubrimiento para tratar de entrometerse en el ANC desde el SACP (Partido Comunista Sudafricano por sus siglas en inglés) y mantener a Joe Slovo afuera de las negociaciones. Mandela fue a ver De Klerk para decirle que había sido engañado por su propia policía y que no tenían ninguna intención de separarse del SACP o dejar caer a Joe Slovo del equipo de negociación.

A mediados de julio, poco antes de una reunión programada del Comité Ejecutivo Nacional, Joe Slovo lo fue a ver en privado a Mandela con una proposición. Sugirió que suspendieran la lucha armada voluntariamente para crear el clima adecuado para hacer que el proceso de negociación avanzara. Ceder para avanzar. La idea de Joe Slovo era que De Klerk necesitaba mostrar a sus partidarios que su política había traído beneficios al país. Mandela le dijo a Joe Slovo que si sacara a colación la idea en el NEC (Comité Ejecutivo Nacional), él lo respaldaría.

Cuando Joe Slovo planteó la idea en el NEC, hubo algunos que se opusieron, afirmando que estaban dando una recompensa a los partidarios de De Klerk pero no a los propios partidarios. Mandela defendió la propuesta, diciendo que siempre el propósito de la lucha armada era llevar al gobierno a la mesa de negociaciones, y ahora lo estaban haciendo. Argumentó que la suspensión podía ser siempre retractada, pero que era necesario mostrar buena fe. Finalmente, su punto de vista prevaleció.

Este era un movimiento controvertido dentro del ANC. Aunque el MK (Umkhonto we Sizwe - La lanza de la nación) no estaba activo, el aura de la lucha armada tenía gran significado para muchas personas. Incluso cuando era citada simplemente como una estratagema retórica, la lucha armada era una señal de que estaban luchando contra el enemigo activamente. Por consiguiente, tenía una popularidad fuera de toda proporción.

Acta de Pretoria

Para el 6 de agosto, en Pretoria, el ANC y el gobierno firmaron lo que fue conocido como el Acta de Pretoria, en la que el ANC aceptaba suspender la lucha armada. Los comentarios de Mandela a sus seguidores fueron que habían suspendido la acción armada, pero no le habían puesto fin. El acuerdo también puso fechas para las metas de la liberación de prisioneros políticos y concesión, por parte del gobierno, de cierta clase de indemnización. El proceso de indemnización estaba programado para que finalizara en mayo de 1991, y el gobierno también aceptó examinar la Ley de Seguridad Interna.

Aumenta la Violencia con Complicidad de la Policía

De todos los asuntos que dificultaron el proceso de paz, nada fue más devastador y frustrante que la escalada de la violencia en el país. Todos esperaban que en la medida en que las negociaciones avanzaran, la violencia disminuyera. Pero ocurrió lo contrario. La policía y las fuerzas de seguridad estaban haciendo pocos arrestos. Las personas en los pueblos acusaban a la policía de cooperar en la violencia. Se hacía cada vez más y más claro para Mandela que había connivencia de las fuerzas de seguridad. Muchos de los incidentes le indicaron que la policía, más que reprimir la violencia, la estaba fomentando.

Durante los siguientes meses, Mandela visitó pueblos a todo lo largo del triángulo donde se desarrollaba la violencia en la zona de Vaal, al sur de Johannesburgo, para hablar con los damnificados. Una y otra vez, escuchó la misma historia: la policía y las fuerzas de seguridad estaban desestabilizando el área. Contaban que la policía confiscaba armas un día en un área, y luego el ejército del Inkatha atacaba a las personas vinculadas al ANC con esas armas robadas al día siguiente. Relataban historias en las que la policía acompañaba a miembros del Inkatha a las reuniones y en sus ataques. La idea era generar caos encubierto desde el gobierno para hacer fracasar las negociaciones haciendo ver que es la parte reclamante la causante.

En septiembre de 1990, Mandela dio una charla en la que decía que había una mano escondida detrás de la violencia y sugería que había una “Tercera Fuerza” misteriosa, que estaba constituida por hombres renegados de las fuerzas de seguridad que estaban intentando afectar las negociaciones. No podía decir quiénes eran los miembros de la Tercera Fuerza, porque no los conocía, pero era cierto que existían y que eran violentamente eficaces en centrarse en el ANC y en los que estaban en la lucha de liberación.

Llegó a esta conclusión después de verse personalmente involucrado en dos incidentes específicos. A principios de julio de 1990, el ANC recibió la información de que residentes del hostal estudiantil que eran miembros del Partido por la Liberación Inkatha estaban planeando un ataque muy importante sobre miembros del ANC en el Municipio de Sebokeng en el triángulo del Vaal para el 22 de julio. A través de los abogados del ANC, notificaron al Ministro del Orden Público, al comisionado de policía, y al comisionado regional, advirtiéndoles de los ataques inminentes e instándoles a que tomen acciones apropiadas. Pidieron a la policía que impidiera a miembros armados del Inkatha a entrar en el pueblo para asistir a un mitin del Inkatha.

El 22 de julio, autobuses llenos de miembros armados del Inkatha, acompañados por vehículos de la policía, entraron en Sebokeng en pleno día. Tuvo lugar un mitin, después del cuál los hombres armados generaron un alboroto, asesinando a aproximadamente treinta personas en un ataque terrorista. Mandela visitó la zona al día siguiente. En la morgue había cuerpos de personas que habían sido hachadas hasta morir; una mujer tenía ambos pechos cortados con un machete.

Pidió una reunión con De Klerk al día siguiente. Cuando lo vio, exigió una explicación. Le dijo que él había sido advertido con anticipación, “y con todo no hizo nada. ¿Por qué? ¿Por qué no ha habido ningún arresto? ¿Por qué la policía se ha sentado sobre sus manos?” Le dijo que en cualquier otra nación donde hubiera una tragedia de esta magnitud, cuando más de treinta personas fueron asesinadas, el jefe de Estado daría un discurso de pésame, y aún no había pronunciado una palabra. De Klerk nunca dio una explicación.

La Vida Negra en Sudáfrica Nunca Había Sido tan “Barata”

El segundo incidente ocurrió en noviembre de 1990, cuando un grupo de miembros del Inkatha entró en un campamento ocupado ilegalmente, conocido como Zonkizizwe (en Zulú por “el lugar donde todas las naciones son bienvenidas”) fuera de la ciudad de Germiston, al este de Johannesburgo, y echó afuera a miembros del ANC, matando a un número de ellos en el proceso. Miembros del Inkatha pasaron a habitar las casuchas abandonadas y a confiscar toda la propiedad. Residentes de la zona dijeron que los miembros del Inkatha fueron acompañados por la policía. Otra vez, como consecuencia de esta tragedia, la policía y el gobierno no tomaron acción.

Otra vez Mandela se encontró con De Klerk y su Ministro del Orden Público, Adriaan Vlok. Le preguntó a De Klerk por qué no había sido tomada ninguna acción por parte de la policía en el período subsiguiente a estos crímenes. Los atacantes podían ser encontrados fácilmente porque estaban habitando las casuchas de las personas a quienes habían matado. De Klerk le pidió al Sr. Vlok una explicación y luego Vlok, en un tono descortés le preguntó a Mandela: ¿en la propiedad de quién estaban ubicadas las casuchas?, insinuando que estas personas eran ocupantes ilegales y no tenían, por lo tanto, ningún derecho. Mandela le dijo que la tierra había sido hecha asequible a estas personas por las autoridades locales. De Klerk le dijo que investigaría y respondería, pero nuevamente, nunca lo hizo. El gobierno abiertamente reconoce su actitud de desvirtuar las negociaciones aduciendo que lo que hacen los grupos que matan y ocupan, lo hacen con derechos.

Durante este tiempo, el gobierno llevó a cabo otra acción que añadió combustible a las llamas. Introdujo una regulación permitiendo que Zulus lleven supuestas armas tradicionales a mítines políticos y a reuniones en Natal y en otro lugar. Estas armas, eran lanzas, y cachiporras, que son palos con una cabecera de madera pesada, son armas verdaderas con las que miembros del Inkatha mataron a miembros del ANC. Esto le dio a Mandela serias dudas sobre las intenciones pacíficas de De Klerk.

Estalla la Violencia Cerca de un Convenio para Malograrlo

Aquellos que estaban en contra de las negociaciones se beneficiaron de la violencia, que siempre parecía estallar cuando el gobierno y el ANC se estaban acercando hacia un convenio. Esta fuerza trató de provocar una guerra entre el ANC e Inkatha, y muchos miembros del Inkatha también hicieron la vista gorda con esto. Muchos en el gobierno, incluyendo a De Klerk, decidieron mirar en otra dirección o hacer caso omiso de lo que ellos sabían que estaba ocurriendo bajo sus narices. No teníamos ninguna duda de que los hombres en los niveles más altos de la policía y las fuerzas de seguridad estaban ayudando a la “Tercera Fuerza”. Estas sospechas fueron confirmadas después por informes del periódico que revelaban que la policía sudafricana había financiado a Inkatha en secreto.

Cuando la violencia continuó disparándose, Mandela empezó a reconsiderar la suspensión de la lucha armada. Muchos en el ANC estaban inquietos, y en septiembre, en una conferencia de prensa, Mandela dijo que la continuidad de la violencia podría hacer necesario que el ANC tomara las armas otra vez. Cualquier entendimiento que había sido alcanzado con el gobierno parecía perdido. La idea parecía ser generar situaciones de forma tal de obligar al ANC a volver a la lucha armada de forma tal de justificar el abandono de las negociaciones y el inicio o la continuidad de la represión.

Diciembre 1990 Conferencia Consultiva del ANC

En diciembre de 1990 Oliver Tambo regresó a Sudáfrica después de estar exiliado de su tierra natal durante tres décadas. Regresó para una Conferencia Consultiva del ANC en Johannesburgo, a la que asistieron más de 1500 delegados de cuarenta y cinco regiones diferentes, locales y del extranjero.

Aunque Mandela criticó al gobierno por su campaña organizada de actividades contrarrevolucionarias, fue el discurso de Oliver Tambo el que provocó una verdadera tormenta. Abrió la reunión con un discurso controvertido en el que pidió que la política de sanciones planteada por el ANC fuera revaluada. El ANC, sostuvo, enfrenta una “marginalización internacional” a menos que tome la iniciativa de reducir las sanciones. La Comunidad Europea ya había empezado a reducir las sanciones. Los países occidentales, particularmente el Reino Unido y Estados Unidos, querían recompensar a De Klerk por sus reformas. Por otra parte, los diferentes gobiernos sudafricanos habían sido útiles a los intereses occidentales en el conflicto Este-Oeste, especialmente como puntales de la lucha anticomunista en la región africana, especialmente por la presencia de cubanos y soviéticos en Angola, por lo tanto muy convenientes, más allá de que no respetaron nunca los derechos humanos.

La mayoría en el ANC sentía que reducir las sanciones era la estrategia equivocada, aunque tenían que reconocer las realidades internacionales. Aunque el discurso de Oliver Tambo había sido discutido y aprobado por el NEC (Comité Ejecutivo Nacional), su propuesta fue recibida con indignación por militantes del ANC, que insistieron en que las sanciones deberían ser mantenidas igual. La Conferencia decidió conservar la política de sanciones tal cual estaba.

Mandela mismo fue objeto de quejas por aquellos que adujeron que los negociadores no tenían contacto con el pueblo y que pasaban más tiempo con los líderes del Partido Nacional que con su propio pueblo. También fue criticado en la conferencia por participar en la “diplomacia personal” y no mantener a las bases de la organización informadas. Como jefe de una organización masiva, es importante escuchar al pueblo, y Mandela estaba de acuerdo en que habían sido negligentes en no mantener informada a la organización del curso de las negociaciones. Pero también sabía lo delicado de las conversaciones con el gobierno; cualquier acuerdo al que llegaran dependía en parte de su confidencialidad. Aunque aceptó la crítica, creyó que no tenían ninguna alternativa excepto seguir en el mismo curso. Debió haberse establecido un sistema de Diplomacia “vía dos”, en la que se hace partícipe a otros sectores del pueblo para ver diferentes perspectivas 7.

Reunión Fallida con Buthelezi para Frenar la Violencia

Todos los días, todos los fines de semana, los periódicos estaban llenos de informes frescos sobre la nueva y sangrienta violencia en comunidades y pueblos. Estaba claro que la violencia era el asunto número uno en el país.

En muchas comunidades en Natal y sobre el arrecife alrededor de Johannesburgo, una mezcla de crimen y rivalidades políticas, de brutalidad policial, y escuadrones de la muerte hicieron la vida brutal e insostenible. Mientras la violencia no fuese resuelta, el progreso para una nueva administración sería irregular e incierto.

Para tratar de detener el espiral de la violencia, Mandela se contactó con el Jefe Buthelezi para organizar una reunión. En enero de 1991 se reunieron en el Royal Hotel de Durban. El Jefe Buthelezi habló primero a los delegados reunidos y a los medios de comunicación y en el proceso abrió viejas heridas más bien que curarlas. Catalogó los ataques verbales que el ANC había hecho sobre él y criticó sus demandas de negociación. Cuando fue el turno de hablar de Mandela, decidió no responder a sus comentarios sino agradecerle por sus esfuerzos durante muchos años para asegurar su liberación de la prisión. Citó y subrayó los muchos temas que unieron a las dos organizaciones más que dividirlas.

El progreso fue alcanzado durante las conversaciones secretas, y el Jefe Buthelezi y Mandela firmaron un acuerdo que contenía un código de conducta cubriendo el comportamiento de las dos organizaciones. Era un acuerdo justo, que si hubiera sido implementado habría ayudado a contener efectivamente la carnicería. Pero, Inkatha nunca hizo ningún esfuerzo para implementar el acuerdo, y hubo infracciones también de parte del equipo del ANC.

Continuó la violencia entre las dos organizaciones. Todos los meses morían personas por centenares. En marzo de 1991, miembros del Inkatha iniciaron un ataque en el Municipio Alexandra al norte de Johannesburgo en el que cuarenta y cinco personas fueron muertas en tres días de enfrentamientos. Una vez más, nadie fue arrestado.

Mandela pidió otra reunión con el Jefe Buthelezi. En abril de 1991 se fue a Durban y ambos, nuevamente fuertes declaraciones y firmaron un nuevo acuerdo. Pero otra vez, hubo violencia. Estaba más claro que nunca que el gobierno estaba detrás de gran parte de la violencia y la violencia estaba impidiendo las negociaciones.

Reunión del Comité Ejecutivo Nacional del ANC

En abril de 1991, en una reunión de dos días del NEC (Comité Ejecutivo Nacional), Mandela habló de sus dudas sobre De Klerk. El NEC creía que el gobierno estaba detrás de la violencia y que la violencia estaba desbaratando el clima para las negociaciones. En una carta abierta al gobierno, pidieron la renuncia de Magnus Malan, el Ministro de Defensa, y Adriaan Vlok, el Ministro del Orden Público; la prohibición para llevar armas tradicionales en público; la retirada progresiva de los trabajadores migrantes de los hostales, donde tantos miembros del Inkatha vivían en los pueblos alrededor de Johannesburgo; desmontar las unidades secretas de contrainsurgencia del gobierno; y la creación de una Comisión Independiente para explorar quejas sobre la mala conducta de las fuerzas de seguridad.

Suspensión de las Conversaciones con el Gobierno

En la carta abierta, le dieron al gobierno hasta el mes de mayo de 1991 para que satisficiera las demandas. De Klerk respondió llamando a una conferencia multipartidista sobre la violencia para el mes de mayo, pero le respondieron que esto carecía de sentido desde el momento en que el gobierno sabía precisamente qué tenía que hacer para terminar con la violencia. Llegado mayo, anunciaron la suspensión de las conversaciones con el gobierno.

Mandela Presidente del ANC

En julio de 1991, el ANC celebró su primera conferencia anual dentro de Sudáfrica en treinta años. Asistieron a la conferencia 2244 delegados con capacidad de voto que fueron elegidos democráticamente en secciones del ANC dentro y fuera del país. En la conferencia Mandela fue votado Presidente del ANC sin oposición.

En su discurso de aceptación expresó su agradecimiento, y habló de lo difícil que sería seguir en las grandes huellas de su compañero antecesor, Oliver Tambo. Aunque estaban enfrentados con el gobierno, dijo que las negociaciones en sí constituían una victoria. El simple hecho de que el gobierno estuviera comprometido en las negociaciones en absoluto era una señal de que no tenían la fuerza de mantener el apartheid. Continuaba con sus conductas “gatopardistas”. Reiteró que el proceso no sería tranquilo, ya que estaban tratando con políticos que no querían negociar afuera del poder. Mandela aclaró que “la idea que debe ser comprendida claramente es que la lucha no está terminada, y las negociaciones mismas son un teatro de la lucha, sujeto a las idas y reveses como cualquier otro formato de lucha”.

Transformar al ANC en una Fuerza Política Legal

Pero las negociaciones no podían esperar. No estaba en el interés del ANC prolongar la agonía del apartheid. Era necesario, crear un gobierno de transición lo antes posible.

La conferencia subrayó uno de las tareas más importantes y demandantes antes del ANC: transformar un movimiento de liberación subterráneo e ilegal en un partido político masivo legal. Durante treinta años, el ANC había funcionado clandestinamente en Sudáfrica; esos hábitos y técnicas estaban profundamente arraigados. Tuvieron que reorganizar una organización entera, de la ramificación local más baja hasta el ejecutivo nacional. Y tuvieron que hacerlo rápidamente.

Enfrentaron no sólo problemas logísticos sino también algunos filosóficos. Es una proposición relativamente simple mantener a un movimiento unido cuando se está luchando contra un enemigo común. Pero crear una política cuando ese enemigo está al otro lado de la mesa de negociaciones es totalmente otro tema. En el nuevo ANC, tuvieron que integrar no sólo muchos grupos diferentes sino también muchos puntos de vista diferentes. Tuvieron que unir a la organización alrededor de la idea de las negociaciones.

En los primeros diecisiete meses de actividad legal, el ANC había reclutado a 700,000 miembros. Este era un número grandioso, pero no había posibilidad para la autocomplacencia. Un proporcionadamente bajo número de estos miembros era de las zonas rurales, las regiones donde el ANC había sido más débil históricamente. Al mismo tiempo, el Partido Nacional estaba abriendo sus puertas a no-blancos y estaba reclutando afanosamente a personas de color descontentas e indios. El gobierno hacía una convocatoria para dividir a los insatisfechos y mantener el poder, a la vez que debilitar al ANC.

COMIENZAN LAS NEGOCIACIONES VERDADERAS

CODESA Convención para una Sudáfrica Democrática

El 20 de diciembre de 1991, después de más de un año y medio de conversaciones sobre las conversaciones, comenzaron las conversaciones verdaderas: CODESA -la Convención para un Sudáfrica Democrática- representó el primero foro de debate formal de negociaciones entre el gobierno, el ANC, y los otros partidos sudafricanos. Todas las discusiones bilaterales previas habían estado generando el trabajo preparatorio para estas conversaciones, que tuvo lugar en el World Trade Center, un centro de exposición moderno cerca del Aeropuerto Jan Smuts en Johannesburgo. CODESA comprendía dieciocho delegaciones que cubrían toda la gama de la política sudafricana, más observadores de las Naciones Unidas, la Commonwealth, la Comunidad Europea, y la Organización de la Unidad Africana. Era la más amplia gama de grupos políticos alguna vez reunido en un lugar en Sudáfrica.

La inauguración de tales conversaciones era una celebración histórica, indudablemente la Convención Constituyente más importante desde 1909 cuando las colonias británicas del Cabo y Natal y las ex repúblicas bóer de Transvaal y el Estado libre de Orange concordaron en formar una unión. Por supuesto, esa Convención no era un tributo para la democracia sino una traición a ella, ninguno de los representantes ese día allí era negro. En 1991, la mayoría de ellos lo era.

La delegación de el ANC, liderada por Cyril Ramaphosa, que incluía a Joe Slovo y Valli Moosa, había estado comprometida en las discusiones semanales con el gobierno sobre el asunto de las elecciones, la constitución, una Asamblea Constituyente, y un gobierno de transición. Delegados de veinte partidos diferentes incluyendo los gobiernos de territorios ya habían coincidido en las directrices para la Convención.

Había optimismo en la inauguración de las conversaciones. De todas formas, el Comité de Acción Política decidió boicotear las conversaciones, acusando al ANC y el Partido Nacional de conspirar para instalar juntos a un gobierno multirracial. Esto ocurrió a pesar de la formación, hacía un mes, del Frente Patriótico, una alianza del ANC, el Comité de Acción Política, y la Organización del Pueblo de Azania alrededor de una declaración de objetivos comunes. El Comité de Acción Política tenía miedo a las elecciones democráticas porque sabía que tal voto expondría su escaso apoyo popular. El Jefe Buthelezi también boicoteó las conversaciones debido a que no se permitió la participación de tres delegaciones: Inkatha, el gobierno de KwaZulu, y el rey Zwelithini. El ANC argumentó que el rey debía estar por encima de la política, y que si fuera incluido entonces cada tribu en Sudáfrica debía poder enviar a su jefe principal.

No solamente había un sentido de la historia en el World Trade Center, sino también de la independencia. A diferencia de las negociaciones que precedían a las nuevas exenciones en Estados africanos como Zimbabwe y Angola, que requerían de mediadores exteriores, en Sudáfrica estaban resolviendo las diferencias entre ellos mismos. De Klerk habló acerca de la necesidad de un gobierno de transición de “poder compartido” sobre bases democráticas. El delegado principal para las conversaciones del Partido Nacional, Dawie de Villiers, ni siquiera ofreció una disculpa por el apartheid.

En los comentarios iniciales, Mandela dijo que con el nacimiento de CODESA, el progreso en Sudáfrica por fin se volvía irreversible. Que los gobiernos obtienen su autoridad y legitimidad del consentimiento del gobernado, y se habían reunido para crear tal autoridad legítima. CODESA señalaba el origen del camino para una asamblea electa que escribiría una nueva constitución, y Mandela creía que una elección para crear tal asamblea podría darse en 1992. Pidió al gobierno que anunciara un gobierno interino de unión nacional para supervisar tal elección, controlar los medios de comunicación públicos y los ejércitos, y en general supervisara la transición a una nueva Sudáfrica no-racial y democrática.

Declaración de Intenciones

En el primer día de la Convención, la mayor parte de los partidos participantes, incluyendo el Partido Nacional y el ANC, aprobó una Declaración de Intenciones, que comprometía a todos los partidos a apoyar una Sudáfrica indivisible cuya ley máxima sería una constitución protegida por unos poderes judiciales independientes. El sistema legal del país garantizaría la igualdad ante la ley, y sería redactada una Declaración de Derechos para proteger las libertades civiles. En pocas palabras, habría una democracia multipartidista fundada sobre el sufragio universal adulto basado en una comunidad de votantes. En lo que al ANC se refería, este era el umbral constitucional mínimo aceptable para una nueva Sudáfrica. Inkatha se negó a firmar sobre el terreno la frase una Sudáfrica “indivisible” por que insinuaba que el sistema federal estaba prohibido.

La Convención creó cinco grupos de trabajo que debían encontrarse a comienzos de 1992 para preparar una segunda vuelta de CODESA programada para mayo de 1992. Los grupos analizarían la cuestión de crear un ambiente político libre, el futuro de los territorios, la reestructuración de South African Broadcasting Corporation, el examen de varios de los principios constitucionales como el federalismo, y la creación y la instalación de un gobierno interino. Los partidos estaban de acuerdo en que las decisiones serían tomadas por el “consenso suficiente”, que nunca fue definido, pero en la práctica representaba un acuerdo entre el gobierno y el ANC y una mayoría de los otros partidos.

Inauguración del CODESA 1

El primer día del CODESA 1 fue sin grandes incidentes, hasta que llegó el cierre. La noche anterior la Convención había estado negociando con De Klerk por teléfono. De Klerk le preguntó a Mandela si aceptaría que él fuera el orador final al día siguiente.

En el final de la sesión, Mandela habló de la importancia de las conversaciones y luego, como último orador, habló De Klerk. Subrayó el significado histórico de la ocasión y habló de la necesidad para superar la desconfianza mutua. Pero entonces De Klerk, curiosamente, empezó a atacar al ANC por no adherirse a los acuerdos que habían hecho con el gobierno. Empezó a hablar de la misma manera que un director cuando reprende a un niño desobediente. Reprendió al ANC por dejar descubrir la ubicación de escondites de armas y luego los reprendió por mantener un “Ejército privado”, Umkhonto we Sizwe (MK - La lanza de la nación), en violación al acuerdo nacional de paz de septiembre de 1991. En un lenguaje inmoderado, preguntó si el ANC era lo suficientemente honorable para cumplir con cualquier acuerdo que firmó.

Cuando terminó su discurso De Klerk, significaba que la reunión estaba terminada. Pero Mandela en lugar de admitir que el período de sesiones había terminado, fue al podio y le retrucó con cólera:

Estoy gravemente preocupado por el comportamiento del Sr. De Klerk hoy. Ha lanzado un ataque contra el ANC y en él ha sido menos que franco. Incluso la cabeza de un régimen de la minoría ilegítimo y desacreditado, como lo es el suyo, tiene ciertos estándares morales para defender. No tiene ninguna excusa sólo porque es la cabeza de tal régimen desacreditado por no defender los estándares morales… Si un hombre puede venir a una conferencia de esta naturaleza y jugar al tipo de política a la que ha jugado, a pocas personas les gustaría llegar a un acuerdo con tal hombre.

Los miembros del gobierno nos convencieron de que les permitiéramos que ellos hablen en último lugar. Estaban muy interesados por decir la última palabra aquí. Está ahora claro por qué lo hicieron. Ha abusado de su puesto, porque esperó que no respondiera. Estaba totalmente equivocado. Respondo ahora.

Es inaceptable que el Sr. De Klerk nos hable en tal lenguaje. El ANC, no el gobierno, fue el que empezó la iniciativa de las discusiones de paz, y el gobierno, no el ANC, fue el que dejó de vivir de acuerdo con sus acuerdos una y otra vez. Le había dicho al Sr. De Klerk antes que no servía a ningún propósito útil atacar al ANC públicamente, aún así continuó haciéndolo. Hemos suspendido nuestra contienda armada indicando nuestro compromiso con la paz, aún así el gobierno todavía está conspirando con aquellos que hacen la guerra. Le dijimos que entregaríamos nuestras armas solamente cuando fuéramos una parte del gobierno que recibiera esas armas.

Es evidente que el gobierno tiene una doble agenda. Está usando las negociaciones no para conseguir la paz, sino para anotar sus propias mezquinas ventajas políticas. Incluso mientras negociaba, estaban financiando organizaciones encubiertas que cometían violencia contra nosotros en secreto. Existen evidencias de pagos por alrededor de un millón de rand a Inkatha sobre los que el Sr. De Klerk afirmó no haber estado al tanto. Si un hombre en su posición no “está al tanto de tales cosas, entonces no es apto para ser la cabeza del gobierno.”

Le pido que ponga sus cartas sobre la mesa de cara hacia arriba. Trabajemos en conjunto abiertamente. No deje que haya agendas secretas. No nos persuada para ser el último orador porque quiere abusar de ese privilegio y atacarnos con la esperanza de que no respondamos. Estoy preparado para trabajar con Ud. a pesar de todos sus errores.

El Partido Nacional Pierde Elecciones

Seis semanas después de la inauguración del CODESA 1, el Partido Nacional contendió por una elección parcial importante en Potchefstroom, un conservador pueblo universitario en el Transvaal, tradicionalmente fortaleza del partido. En un resultado inesperadamente aplastante, los nacionalistas fueron derrotados por el candidato del Partido Conservador de la derecha. Los Conservadores se opusieron resueltamente a la política del gobierno de negociaciones con el ANC, y estaban compuestos principalmente de Afrikaners que sintieron que De Klerk estaba dando el poder. El resultado de la elección pareció poner en duda la política de De Klerk de reformas y negociaciones. El Partido Nacional estaba alarmado; éstos eran sus propios votantes en su propio corazón que rechazaban sus políticas. Se produce una fractura en el gobierno que genera una línea negociadora y una línea intransigente que traba la posibilidad de éxito.

Referéndum Sometiendo a los Blancos las Negociaciones

De Klerk decidió apostar. Anunció que como consecuencia de la elección parcial en Potchefstroom llamaría a un referéndum sólo para blancos a nivel nacional para el 17 de marzo de 1992 con el propósito de que el pueblo de Sudáfrica pudiera someter a votación su política de reformas y las negociaciones con el ANC. Dijo que si el referéndum fracasaba, renunciaría a su cargo. El referéndum preguntaba en forma lisa y directa a todos los votantes blancos mayores de dieciocho:

¿Usted respalda la continuación del proceso de reformas que el presidente del Estado Federal empezó el 2 de febrero de 1990 y que apunta a una nueva constitución a través de negociaciones?”

El ANC se opuso al referéndum bajo el principio de que era el voto el que excluía a todos los no-blancos. Al mismo tiempo, eran realistas: no querían, indudablemente, que votantes blancos rechazaran a De Klerk en los esfuerzos por proseguir las negociaciones. Aunque despreciaron la elección por principio, instaron a los blancos a que voten . Vieron al voto como un aviso de apoyo para las negociaciones, no necesariamente para De Klerk.

Al final, el 69 por ciento de los votantes blancos respaldaron las negociaciones, dando una fenomenal victoria a De Klerk. Se sentía reivindicado. Su mano fue reforzada, y por consiguiente, los nacionalistas endurecieron sus posiciones negociadoras. Esta era una estrategia peligrosa. Se daba un fortalecimiento de De Klerk frente a los blancos conservadores, pero también, peligrosamente, frente al ANC.

CODESA 2

Pocos días antes de que empezara el CODESA 2, el gobierno fue afectado por dos escándalos. El primero involucraba la revelación de una enorme corrupción y soborno en el departamento de ayuda para el desarrollo, que era responsable de mejorar la vida de los negros en sus territorios, y el segundo fue la implicación de altos funcionarios de seguridad del gobierno en el homicidio en 1985 de cuatro activistas del Frente Democrático Unido (UDF). Estas revelaciones fueron añadidas a las pruebas más recientes que implicaban a la policía en los homicidios en Natal y las sospechas de que el Departamento de Inteligencia Militar estaba dirigiendo las operaciones encubiertas contra el ANC. Estos dos escándalos en conjunto socavaron la credibilidad del gobierno y reforzaron la posición del ANC.

Durante los meses previos, el gobierno había hecho numerosas propuestas que fueron desestimadas. La mayoría de ellas, como la idea de una presidencia rotativa, trataban de retener su poder. Pero a través de las negociaciones durante los meses anteriores, el ANC y los equipos del gobierno habían alcanzado juntos un convenio provisorio que involucraba un período de dos etapas hacia la transición de una Sudáfrica completamente democrática.

En la primera etapa, sería nombrado un “Consejo Ejecutivo de Transición” multipartidista por las delegaciones de CODESA para funcionar como un gobierno temporal para “nivelar el campo de juego” para todos los partidos, y crear una constitución interina.

En la segunda etapa, las elecciones generales serían controladas por una Asamblea Constituyente y una legislatura en las que todos los partidos políticos que ganaran el 5 por ciento o más de los votos, participarían en el Gabinete. La mitad de los miembros de la Asamblea serían votados sobre una base nacional y la otra mitad sobre una regional, y la Asamblea recibía poderes de ambos para redactar una nueva constitución y aprobar la legislación. Una Comisión Independiente presidiría la elección y se aseguraría de que fuera libre y justa.

Todavía había muchos temas sobre los que el ANC y el gobierno no podían llegar a un acuerdo, como el porcentaje de votación necesaria en la Asamblea para determinar los asuntos constitucionales y coincidir en una carta de derechos. Pocos días antes de CODESA 2, el gobierno propuso un segundo cuerpo, un senado, compuesto de representantes regionales, como una manera de asegurar un veto de la minoría. También propusieron que antes de todo esto, CODESA 2 acordara una constitución interina, que tardaría meses en redactarse. El gobierno buscaba generar demoras para ganar terreno y mantener poder.

Todas estas negociaciones se llevaban a cabo entre bastidores y para ese tiempo, el CODESA 2 abierto el 15 de mayo de 1992, las posibilidades para un acuerdo parecían sombrías. En lo que no estaban de acuerdo amenazaba a todo lo que habían acordado. De Klerk y Mandela no se habían puesto de acuerdo para encontrar un consenso en la mayoría de los asuntos destacados. El gobierno parecía preparado a esperar indefinidamente; su idea era que cuanto más tiempo esperaran los del ANC, más apoyo perderían. La técnica de dejar que el tiempo pase para hacer que el oponente pierda apoyo o desista de sus objetivos.

La Convención estaba estancada al final del primer día. Los dos jueces que presidían las conversaciones les dijeron a De Klerk y a Mandela que se reunieran aquella noche para intentar encontrar un acuerdo. Se pusieron de acuerdo en que las negociaciones no debían irse a pique.

La tarde siguiente hablaron en el orden contrario con el que habían estado de acuerdo en CODESA 1: De Klerk primero y Mandela último. En sus comentarios, De Klerk insistió en que el Partido Nacional no buscaba un “veto de la minoría”, pero que quería un sistema de “controles y balances” con el propósito de que la mayoría no pudiera “abusar de su poder.” Esto sonaba indudablemente como una completa oposición a la idea del gobierno de la mayoría. Mandela dijo que tenían que trabajar de una manera constructiva y disipar las tensiones alrededor de las negociaciones.

Estancamiento de CODESA 2

En última instancia, CODESA 2 se debilitó sobre cuatro asuntos fundamentales:

1) la insistencia del gobierno sobre un inaceptablemente alto porcentaje de votos en la Asamblea para aprobar la constitución (esencialmente un veto disfrazado);

2) afianzar los poderes regionales que podrían ser obligatorios para una futura constitución;

3) un senado antidemocrático y no electo con poder de veto sobre la legislación de la cámara principal; y

4) una determinación para hacer que una constitución interina negociada por la Convención se transforme en una constitución permanente.

Cuatro trabas fundamentales en el proceso de negociación del CODESA 2.

Presiones Populares

Con las negociaciones demoradas, el ANC y sus aliados coincidieron en una política de “protesta masiva rotativa”, que demostraría la extensión de su apoyo al gobierno alrededor del país y mostraría que el pueblo de Sudáfrica no estaba preparado para esperar por su libertad para siempre. La protesta masiva constaba de huelgas, demostraciones, y boicots. La fecha elegida para el inicio de la protesta masiva fue el 16 de junio de 1992, el aniversario de la revuelta de Soweto de 1976, y la campaña culminaría en una huelga nacional de dos días prevista para el 3 y 4 de agosto de 1992.

Otra Vez se Empantanan las Negociaciones

Antes de que sucediera la “protesta masiva rotativa”, otro suceso ocurrió que movió al ANC y al gobierno a separarse aún más. En la noche del 17 de junio de 1992, una fuerza en exceso armada de miembros del Inkatha atacó en secreto el pueblo de Boipatong en Vaal y mató a cuarenta y seis personas. La mayoría de los muertos eran mujeres y niños. Era el cuarto asesinato masivo de personas del ANC esa semana. Personas a lo largo del país fueron horrorizadas por la violencia y acusaron al gobierno de complicidad. La policía no hizo nada para frenar a los criminales y nada para encontrarlos; ningún arresto fue hecho, ninguna investigación empezada. De Klerk no dijo nada. El gobierno estaba bloqueando las negociaciones y haciendo una guerra encubierta contra las personas del ANC al mismo tiempo. ¿Por qué continuar negociando entonces?

Cuatro días después de los homicidios, Mandela le habló a una multitud de veinte mil partidarios del ANC disgustados y les dijo que había ordenado al Secretario General del ANC Cyril Ramaphosa que suspendiera las negociaciones directas con el gobierno. También anunció una reunión urgente del Comité Ejecutivo Nacional para revisar las opciones del ANC. Mandela comparaba el comportamiento del Partido Nacional con los Nazis en Alemania, y advirtió a De Klerk que si trataba de imponer nuevas medidas para restringir las demostraciones o la libertad de expresión, el ANC lanzaría públicamente una campaña de desafío a nivel nacional con él mismo como el primer voluntario.

¿Abandonar la Negociación y Volver a la Lucha Armada?

En la concentración, vio carteles que decían, “Mandela, danos armas de fuego” y “La victoria a través de la lucha no de las palabras.” Comprendía tales opiniones; el pueblo estaba frustrado. No vieron ningún resultado seguro de las negociaciones. Estaban empezando a pensar que la única manera de lanzar lejos el apartheid era a través de un cañón. Después de Boipatong, estaban aquellos en el NEC que decían, “¿Por qué abandonamos la contienda armada? En cambio debemos abandonar las negociaciones; ellas nunca nos llevarán a nuestro objetivo.” Mandela estaba inicialmente a favor de este grupo de partidarios de la línea dura, pero gradualmente se dio cuenta de que no había ninguna alternativa al proceso. Era el que había estado urgiendo durante tantos años, y no le daría su espalda a las negociaciones. Pero era tiempo de enfriar las cosas. La protesta masiva en este caso era un punto intermedio entre la contienda armada y las negociaciones. Las personas deben tener una válvula de escape para su cólera y frustración, y una campaña de protesta masiva era la mejor manera de canalizar esas emociones.

Cuando informaron al gobierno que estaban suspendiendo las conversaciones, enviaron a De Klerk un memorandum para darle una idea general de las razones de la retirada. Además de resolver los puntos muertos constitucionales en CODESA 2, exigieron que los responsables de la violencia fueran buscados y llevados a la justicia y que fuera encontrado algún mecanismo para cercar y patrullar los hostales, los semilleros de tanta violencia. De Klerk les mandó una nota, que rechazaron, pidiendo por una reunión frente a frente con Mandela. Mandela sentía que tal reunión indicaría que tenían algo para hablar, siendo que en su momento no lo hicieron.

Campaña de Protesta Masiva

La “campaña de protesta masiva” culminó en una huelga general el 3 y 4 de Agosto de 1992 en apoyo de las demandas de negociación del ANC y en protesta contra la violencia apoyada por el Estado. Más de cuatro millones de trabajadores se quedaron en la ciudad en lo que fue la huelga política más grande en la historia sudafricana. El foco central de la huelga fue una marcha de cien mil personas a los Edificios de la Unión Sudafricana en Pretoria, el imponente asiento del gobierno sudafricano, donde llevaron a cabo una enorme concentración al aire libre sobre el gran césped en frente de los edificios. Mandela le dijo a la multitud que un día habitarían estos edificios como el primer gobierno de Sudáfrica votado democráticamente.

Ante esta protesta masiva, De Klerk dijo que si el ANC volviera ingobernable al país, el gobierno podría ser forzado a que considere algunas desagradables opciones. Mandela le advirtió a De Klerk que cualquier acción antidemocrática que hiciera tendría repercusiones serias. Debido a tales amenazas, le dijo que era sumamente indispensable establecer un gobierno de transición.

Inspirado por el éxito de la campaña de protesta masiva, un grupo dentro del ANC decidió manifestar en Bisho, la capital de la región de Ciskei en el oeste del Cabo, un bantustán liderado por el Brigadier Oupa Gqozo. El Ciskei tenía una historia de represión en contra del ANC y en 1991 el Brigadier Gqozo había declarado que un estado de emergencia en el Ciskei reduciría lo que llamó el terrorismo apoyado por el ANC. En la mañana del 7 de septiembre de 1992, setenta mil manifestantes partieron en una marcha al estadio principal de Bisho. Cuando un grupo de manifestantes intentó pasar por una abertura en una cerca y llevar una trayectoria diferente hacia el pueblo, los soldados de la región mal entrenados abrieron fuego contra los manifestantes y mataron a veintinueve personas, hiriendo más de doscientos. Bisho se encuentra en la misma lista que Boipatong como un sinónimo de la brutalidad.

Reinicio de las Negociaciones

De la misma manera que el viejo proverbio que dice que la hora más oscura es antes del amanecer, la tragedia de Bisho resultó en un nuevo inicio de las negociaciones. Mandela se reunió con De Klerk a fin de encontrar puntos en común y evitar una repetición de otra tragedia como la de Bisho. Los negociadores respectivos empezaron a reunirse con regularidad. Ambos lados estaban haciendo un esfuerzo de buena fe para poner las negociaciones de nuevo en marcha, y el 26 de septiembre de 1992, De Klerk y Mandela se reunieron en una cumbre oficial. El poder, a través de la manifestación, es el que permite tener “poder de negociación” en este caso.

Firma del “Registro de Entendimientos” entre Mandela y De Klerk

Ese mismo día, De Klerk y Mandela firmaron el Registro de Entendimientos, un acuerdo que estableció el molde para todas las negociaciones que seguirían. El acuerdo estableció un cuerpo independiente para examinar las acciones policiales, creó un mecanismo para cercar los hostales, y prohibió la exhibición de “armas tradicionales” en los mítines. Pero la importancia verdadera del Registro de Entendimientos fue que rompió el punto muerto constitucional de CODESA 2. El gobierno accedió aceptar finalmente, un voto simple para la elección de la Asamblea Constituyente, que adoptaría una nueva constitución y que serviría de legislatura de transición para el nuevo gobierno. Todo lo que restaba negociar era una fecha para la elección de la Asamblea y el porcentaje de las mayorías necesarias para que ella llegara a sus decisiones. Estaban alineados ahora sobre un marco básico que llevaría al país a un futuro democrático.

El Registro de Entendimientos instaba a que Inkatha anunciara su retirada de todas las negociaciones que involucraban al gobierno y el ANC. El acuerdo enfurecía al Jefe Buthelezi, que cortó las relaciones con el Partido Nacional y formó una alianza con un grupo de jefes de la región desacreditados y partidos de la derecha blanca únicamente interesados en obtener una patria Afrikaner. El Jefe Buthelezi pidió la abolición del Registro de Entendimientos, el fin de CODESA, y la disolución de Umkhonto we Sizwe (MK - La lanza de la nación).

PROPUESTA CONTROVERTIDA: UN GOBIERNO DE UNION NACIONAL

Las Negociaciones con el Gobierno no eran Conversaciones de Armisticio

Justo cuando Joe Slovo había tomado la iniciativa con respecto a la suspensión de la contienda armada, tomó la delantera otra vez en hacer otra propuesta controvertida: un gobierno de unión nacional. En octubre de 1992, Joe Slovo publicó un trabajo en el que escribió que las negociaciones con el gobierno no eran conversaciones de armisticio en las que podían dictar los términos a un enemigo derrotado. Eso espera cada gobierno respecto de los grupos armados insurgentes. Le tomaría probablemente muchos años al ANC controlar las palancas del gobierno, incluso después de una elección. Un gobierno del ANC todavía necesitaría que gran parte de la administración pública blanca dirigiera el país. Joe Slovo propuso una “cláusula de ocaso” proporcionando un gobierno de unión nacional que incluiría el poder compartido con el Partido Nacional por un período de tiempo fijo, una amnistía para oficiales de seguridad, y respetar los contratos de los funcionarios. El “poder compartido” era un término degradado dentro del ANC, considerado una frase-código para la búsqueda por parte del gobierno de un veto de la minoría. Pero en este contexto simplemente quiso decir que el Partido Nacional sería parte de un gobierno votado popularmente a condición de que obtuviera suficientes votos.

Después de mucha discusión, Mandela respaldó la propuesta de Joe Slovo y fue apoyado por el NEC (Comité Ejecutivo Nacional) el 18 de noviembre de 1992. El NEC aceptó respaldar el poder compartido, siempre que los partidos minoritarios no tuvieran un veto.

En diciembre de 1992, empezaron una nueva ronda de conversaciones bilaterales confidenciales con el gobierno. Las conversaciones probaron ser críticas, porque se basaron en el fundamento establecido en el Registro de Entendimientos. En esta reunión, estuvieron de acuerdo, en principio, sobre un gobierno de unión nacional de cinco años en el que todos los partidos que alcanzaran más de 5 por ciento en las elecciones generales tendrían representación proporcional en el Gabinete. Después de cinco años, el gobierno de unión nacional se transformaría en un gobierno de mayoría simple. En febrero de 1993, el ANC y el gobierno anunciaron un acuerdo en principio sobre el gobierno de cinco años de unión nacional, un gabinete multipartidista, y la creación de un consejo ejecutivo de transición. Las elecciones tendrían lugar al finalizar 1993.

Se Pone Fecha para la Votación Multirracial: 27 de abril de 1994

El 3 de junio de 1993, fue un hito en la historia sudafricana. En ese día, después de meses de negociaciones en el World Trade Center, el foro de debate multipartidista votó establecer una fecha para la primera elección nacional del país, no-racial, una-persona-un-voto: el 27 de abril de 1994. Por primera vez en la historia sudafricana, la mayoría negra iría a las urnas a votar a sus propios jefes. El acuerdo era que los votantes elegirían a cuatrocientos representantes para una Asamblea Constituyente, que redactarían una nueva constitución y serviría de parlamento. Después de reunirse, la primera tarea de la Asamblea sería elegir a un presidente.

Un mes después, en julio de 1993, el foro de debate multipartidista coincidió en un borrador sobre una constitución interina. Mantuvo a un parlamento bicameral con una Asamblea Nacional de cuatrocientos miembros electa por representación proporcional de las listas de los partidos nacionales y regionales y un senado votado indirectamente por las legislaturas regionales. Las elecciones para legislaturas regionales tendrían lugar al mismo tiempo que las elecciones nacionales, y los cuerpos regionales podían redactar sus propias constituciones compatibles con la constitución nacional.

El Jefe Buthelezi quería una constitución redactada antes de la elección y se marchó en protesta contra el establecimiento de una fecha para la elección antes de que la constitución fuera acordada. Una segunda constitución interina preliminar en agosto de 1993 dio poderes más grandes a las regiones, pero esto no calmó al Jefe Buthelezi o el Partido Conservador. El Partido Conservador describió las soluciones como hostiles para los intereses Afrikaner. Un grupo llamado el Afrikaner Volksfront, liderado por el General Constand Viljoen, un ex jefe de la Fuerza de Defensa Sudafricana, fue constituido para unir organizaciones blancas conservadoras alrededor de la idea de un volkstaat, una patria blanca.

El 18 de noviembre de 1993, una constitución interina fue aprobada por un período de sesiones plenario de la conferencia multipartidista. El gobierno y el ANC habían quitado los obstáculos que permanecían. El nuevo Gabinete estaría compuesto por aquellos que consiguieran más del 5 por ciento de los votos y adoptaría las decisiones por consenso, en vez de la mayoría de dos tercios propuesta por el gobierno; las elecciones nacionales no tendrían lugar hasta 1999 para que el gobierno de unión nacional pudiera servir durante cinco años; y finalmente, el gobierno cedió a la insistencia del ANC sobre una papeleta sola para la elección, en vez de papeletas distintas para legislaturas nacionales y provinciales. Dos papeletas confundirían a los votantes, la mayoría de los cuales estaría votando por primera vez en su vida. En el período que llevaría a la elección, un TEC (Consejo Ejecutivo de Transición) con miembros de cada partido aseguraría el clima adecuado para las elecciones. En efecto, el TEC sería el gobierno entre el 22 de diciembre y la elección del 27 de abril de 1994. Una comisión electoral independiente con poderes extensivos sería responsable de la elección del gobierno. Estaban en el umbral de una nueva era.

1993 Premio Nobel de la Paz junto a De Klerk

Aún durante los años más sombríos que Mandela pasó en Robben Island, Amnistía Internacional no hizo una campaña a favor de su lucha y la del ANC debido a que habían llevado a cabo una lucha armada, y AI no representaría a nadie que hubiera abrazado la violencia. Resulta un tanto incomprensible que Amnesty International que promueve la defensa de los derechos humanos, no acepte la lucha de liberación como medio de defenderse o alcanzar objetivos de justicia y derechos humanos.

De todas formas, el Comité Nobel se manejó con diferentes criterios, premiando al hombre que había empezado Umkhonto we Sizwe, para el Premio de la paz.

Paradójicamente Mandela usó su discurso en Noruega no solamente para agradecer al Comité Nobel y esbozar una visión de un futuro en Sudáfrica justo y equitativo, sino también para rendir tributo a su par laureado, F. W. De Klerk, que fue uno, aunque el último de los que participó del apartheid.

La posición de Mandela fue que De Klerk tuvo el valor de admitir que una injusticia terrible había sido hecha a Sudáfrica y a su pueblo a través de la imposición del sistema del apartheid. Tuvo la previsión de comprender y aceptar que todas las personas de Sudáfrica deben, a través de las negociaciones y como participantes iguales en el proceso, determinar qué quieren hacer de su futuro juntos. Cada pueblo tiene el derecho de elegir su destino, aunque los blancos sudafricanos se acordaron un tanto tarde y debido principalmente a ciertas condiciones internacionales que empujaron las cosas en esa dirección, sino, aún hoy habría apartheid en Sudáfrica y Mandela estaría luchando desde la cárcel.

Mandela consideraba, con un sentimiento y una inteligencia que muy pocos grandes tienen, que cuánto más débil fuera De Klerk, más débil sería el proceso de negociaciones. “Para firmar la paz con un enemigo uno debe trabajar con ese enemigo, y ese enemigo se hace socio de uno.” Para negociar y firmar la paz con el enemigo no se lo debe debilitar, porque hace más difícil las cosas.

PROGRAMA PARA LA RECONSTRUCCION Y EL DESARROLLO

Una Mejor Vida Para Todos

El ANC redactó el borrador de un documento de 150 páginas conocido como el Programa para la Reconstrucción y el Desarrollo, cuya idea general era:

a) crear trabajos a través de obras públicas;

b) construir un millón de nuevas casas con electricidad y cuartos de baño;

c) otorgar atención sanitaria primaria y diez años de educación gratis a todos los sudafricanos;

d) redistribuir tierras a través de un tribunal de reclamos de tierras; y

e) terminar con el impuesto al valor agregado sobre productos alimenticios básicos.

Estaban también dedicados a las medidas de acción afirmativa extensivas tanto al sector privado como a los sectores públicos. Este documento fue traducido en un manifiesto más simple llamado “una mejor vida para todos”, que se transformó en el slogan de la campaña del ANC.

Así como le dijeron al pueblo qué harían, sentían que también debían decirles qué es lo que no podían hacer. Muchas personas sentían que la vida cambiaría de la noche a la mañana después de una elección libre y democrática, pero eso estaría lejos del caso. No había magia por el mero hecho de alcanzar la democracia multirracial; había que luchar juntos y por mucho tiempo y, por sobre todo, no dejar las cosas en manos de un “líder-caudillo”, sino trabajar todo el pueblo por su destino.

Mandela les decía a las multitudes:

No esperen estar conduciendo un Mercedes al otro día de la elección o nadando en su propia piscina en el jardín trasero. La vida no cambiará dramáticamente, excepto que ustedes habrán incrementado su autoestima y se harán ciudadanos en su propia región. Ustedes deben tener paciencia. Ustedes podrían tener que esperar para ver los resultados, cinco años. Si ustedes quieren continuar viviendo en la pobreza, sin ropa y comida, vayan entonces a beber en los bares. Pero si ustedes quieren mejores cosas, deben trabajar mucho. No podemos hacer todo por ustedes; ustedes deben hacerlo por sí mismos.

Mandela era un “líder racional” en términos weberianos 8, orientador del destino de su pueblo, a diferencia de muchos “líderes carismáticos”, que plantean las cosas de forma tal que “después de mí, el caos”.

Le dijo a la audiencia blanca que los necesitaban y no querían que ellos dejaran el país. Eran sudafricanos al igual que los otros y éste era su país también. No midió palabras sobre los horrores del apartheid, pero dijo, una y otra vez, que debían olvidar el pasado y concentrarse en desarrollar un mejor futuro para todos. Coexistir y convivir blancos y negros a partir de un gobierno multirracial.

Persisten las Dificultades

El camino a la libertad estaba lejos de ser fácil. Aunque el Consejo Ejecutivo de Transición empezó a funcionar en 1994, algunos partidos optaron por no participar. Inkatha rechazó la participación en la elección y se dedicó a la política de la resistencia. El Rey Zwelithini, sostenido por el Jefe Buthelezi, llamó para un KwaZulu autónomo y soberano, y desanimó de votar a todos en su provincia. La derecha blanca llamó a las elecciones una traición y clamó por un volkstaat, pero por el momento todavía no habían propuesto dónde estaría ubicado o cómo trabajaría. No había distrito magistral en todo Sudáfrica donde los blancos constituyeran una mayoría de residentes.

El 12 de febrero de 1994, era la fecha límite para el registro de todos los partidos, y en ese día, Inkatha, el Partido Conservador, y el Afrikaner Volksfront decidieron no firmar. El gobierno de la región de Bophuthatswana también se negó a participar y resistió su reincorporación en una Sudáfrica unida.

Mandela estaba preocupado. Para traerlos abordo, propuso ciertos acuerdos importantes:

i) estuvieron de acuerdo con el uso de papeletas doble para legislaturas provinciales y nacionales;

ii) garantías de poderes provinciales más grandes;

iii) poner un nuevo nombre a la provincia de Natal como KwaZulu/Natal; y

iv) la afirmación de que el principio de autodeterminación “interna” sería incluido en la constitución para grupos que compartan una herencia común cultural y de lenguaje.

Mandela se preparó para conocer al Jefe Buthelezi en Durban el 1º de marzo. Mandela le dijo a un meeting antes de esta reunión: “Me arrodillaré para rogar a aquellos que quieran arrastrar a nuestro país al derramamiento de sangre”. El Jefe Buthelezi aceptó registrarse provisionalmente para las elecciones a cambio de la promesa de llevar las diferencias sobre asuntos constitucionales a la mediación internacional. Mandela asintió. Antes de la fecha límite del registro final, el General Viljoen 9 también se registró bajo un nuevo partido, conocido como el Frente de la Libertad.

El 13 de abril de 1994 llegó una delegación para la mediación, liderada por Lord Carrington, ex Ministro de Relaciones Exteriores británico, y Henry Kissinger, ex Secretario de Estado estadounidense. Pero cuando Inkatha fue informado de que la fecha de la elección no estaba sujeta a la mediación, se negaron a ver a los mediadores, que partieron sin hablar con nadie. El Jefe Buthelezi sabía que la elección tendría lugar pasara lo que pasara. Sobre el 19 de abril de 1994, apenas una semana antes de la elección, el Jefe Buthelezi aceptó la oferta de un papel constitucional para la monarquía Zulú y acordó participar.

Debate Pre-electoral Mandela-De Klerk

Diez días antes de las elecciones, De Klerk y Mandela tuvieron un debate en la televisión. Mandela atacó al Partido Nacional muy firmemente. Lo acusó de avivar el odio racial entre personas de color y africanos en Ciudad del Cabo distribuyendo una historieta cómica incitante que decía que la consigna del ANC era “mate a una persona de color, mate a un agricultor”. Mandela dijo que no había ninguna organización en Sudáfrica tan divisiva como el nuevo Partido Nacional.

Cuando De Klerk criticó el plan del ANC de miles de millones de dólares en programas para la vivienda y sociales, Mandela lo reconvino, diciendo que él estaba alarmado porque tendrían que destinar demasiados recursos a los negros.

Elecciones

Los sudafricanos fueron a las urnas el 27 de abril de 1994. Largas filas de personas pacientes que serpenteaban por los caminos de tierra y las calles de pueblos y ciudades; ancianas que habían esperado medio siglo para poner su primer voto diciendo que se sentían como seres humanos por primera vez en sus vidas; hombres y mujeres blancos que decían que estaban orgullosos de vivir por fin en un país libre. El humor de la nación durante esos días de votación era animado. La violencia y los bombardeos cesaron, y era como si fuera una nación renacida. Incluso las dificultades logísticas del voto, papeletas perdidas, puestos de votación pirata, y los rumores del fraude en ciertos lugares no pudieron atenuar la victoria abrumadora de la democracia y la justicia.

Tomó varios días para el conteo de los resultados. Los sondeos del ANC, le daban el 62.6 por ciento del voto nacional, ligeramente por debajo de los dos tercios necesarios si hubieran deseado introducir una constitución final sin el apoyo de otros partidos. Ese porcentaje los calificaba para 252 de los 400 escaños en la Asamblea Nacional. El ANC dominaba el Transvaal del norte y oriental, el noroeste, el Cabo oriental y el Estado Libre totalmente. Consiguieron el 33 por ciento de los votos en el Cabo occidental, que fue ganado por el Partido Nacional, que operó bien entre los votantes de color. Captaron el 32 por ciento en KwaZulu/Natal, que fue ganado por Inkatha. En Natal, el miedo a la violencia y la intimidación retuvo a muchos de los votantes en casa. Hubo cargos, también, de fraude y de manejo del voto. Habían subestimado la fuerza de Inkatha en KwaZulu.

Algunos en el ANC estaban desilusionados por que no cruzaron el umbral de los dos tercios. Mandela decía que si hubieran ganado los dos tercios de los votos y hubieran sido capaces de redactar una constitución libre de la influencia de otros, el pueblo argumentaría que habían creado una constitución del ANC, no una constitución sudafricana. Mandela quería un verdadero gobierno de unión nacional.

Terminan más de Tres Siglos de Poder de Minoría Blanca

En la tarde del 2 de mayo de 1994, De Klerk hizo un discurso de derrota. Después de más de tres siglos de reinado, la minoría blanca estaba reconociendo la derrota y traspasando el poder a la mayoría negra.

Desde el momento en que los resultados estuvieron y mostraban que el ANC formaría el gobierno, Mandela se planteó la misión de proclamar la reconciliación, de sanar las heridas del país, de suscitar la confianza. Sabía que muchas personas, particularmente las minorías, los blancos, personas de color, e indios, se sentirían muy preocupados por el futuro, y quería que ellos se sintieran seguros. Recordó a las personas que la lucha por la liberación no era una lucha en contra de ningún grupo o color, sino una lucha contra un sistema de represión.

A cada oportunidad, Mandela decía que todos los sudafricanos deben unirse ahora y unir sus manos y decir que somos un país, una nación, un pueblo, marchar juntos en el futuro.

Mandela Asume el Primer Gobierno Multirracial

En el día de la ceremonia de toma de posesión, Mandela estaba abrumado con una sensación de historia. En la primera década del siglo veinte, unos pocos años después de la guerra Anglo-Bóer y antes del nacimiento de Mandela, los pueblos de piel blanca de Sudáfrica arreglaron sus diferencias y establecieron un sistema de dominación racial en contra de los pueblos de piel oscura de su propia región. La estructura que crearon constituía la base de una de las sociedades más severas e inhumanas que el mundo alguna vez haya conocido. Ahora, en la última década del siglo veinte, y la octava década de vida de Mandela, ese sistema había sido derrocado para siempre y reemplazado por uno que reconoce los derechos y las libertades de todos los pueblos sin considerar el color de su piel.

Ese día había llegado a través de los sacrificios inimaginables de miles de personas, cuyo sufrimiento y valor nunca pueden ser contados o recuperados. Mandela sentía que era sólo la suma de todos esos patriotas africanos que se habían ido antes de él. Estaba dolido porque no podía agradecerles y porque ellos no podían ver lo que sus sacrificios habían conseguido.

La política del apartheid creó una herida profunda y duradera en el pueblo sudafricano. Todos pasarán muchos años, si no generaciones, recuperándose de ese profundo daño. Pero las décadas de opresión y brutalidad tuvieron otro efecto involuntario, y éste fue el que produjeron los líderes que trabajaron junto a Mandela en el ANC y el Umkhonto we Sizwe; hombres cuyo extraordinario valor, sabiduría, y generosidad nunca podrá conocerse otra vez. Quizás requirió tal profundidad de la opresión para crear tales alturas del carácter. Sudáfrica es rico en los minerales y las gemas que yacen debajo de su tierra, pero su riqueza más grande son sus personas, esas que han luchado en silencio por la liberación. La opresión y la brutalidad genera un efecto inadvertido de querer romperla y generar la libertad. Las dictaduras llevan dentro de sí la semilla de la rebelión.

Es de esos compañeros en la lucha que Mandela aprendió el significado del valor. Una y otra vez, ha visto hombres y mujeres arriesgar y dar sus vidas por una idea. Ha visto hombres recibir de pie a los ataques y la tortura sin quebrarse, mostrando una fuente de fortaleza y de resistencia que desafía toda imaginación. Ha aprendido que el valor no es la ausencia del miedo, sino el triunfo sobre él. Sintió miedo muchas veces, pero lo escondió detrás de la osadía. El hombre valiente no es el que no se siente asustado, sino el que conquista ese miedo.

Mandela nunca perdió la esperanza de que esta gran transformación pudiera ocurrir. No sólo debido a los fenomenales héroes con quienes compartió su lucha, sino también debido al valor de los hombres y mujeres comunes de su país. Sabía que muy profundo en cada corazón humano, hay piedad y generosidad siempre. Nadie nace odiando a otra persona debido al color de su piel, o su origen, o su religión. Las personas deben aprender a odiar, y si pueden aprender a odiar, pueden ser enseñados a querer, porque el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario. La bondad del hombre es una llama que puede ser escondida pero nunca extinguida.

Mandela pagó un alto precio de privaciones en su lucha por la libertad, pero su familia pagó un precio terrible, quizás demasiado caro un precio por su compromiso. Es el precio que se paga por las convicciones.

En la vida, cada hombre tiene obligaciones paralelas: las obligaciones con su familia, con sus padres, con su esposa y niños; y tiene una obligación con su pueblo, con su comunidad, con su país. En una sociedad civil y humana, cada hombre puede cumplir esas obligaciones de acuerdo con sus propias inclinaciones y habilidades. Pero en un país como el Sudáfrica del apartheid, era casi imposible que un hombre del color de Mandela y de muchos como él pudiera cumplir con esas obligaciones. En Sudáfrica, un hombre de color que intentaba vivir como un ser humano era castigado y aislado. En Sudáfrica, un hombre que trataba de cumplir con su deber a su pueblo era inevitablemente separado de su familia y su casa y era forzado a llevar una vida separadamente, una existencia en la penumbra y la rebelión y acusado de “terrorista”, no de luchar por la “liberación”.

Al principio Mandela decidió no poner a su pueblo por encima de su familia, pero al intentar servir a su pueblo, descubrió que estaba impedido de cumplir con sus obligaciones como hijo, hermano, padre, y marido. De ese modo, su compromiso para con su pueblo, los millones de sudafricanos que nunca conocería, fue a expensas de las personas a quienes mejor conoció y más quiso.

Mandela no nació con hambre de ser libre. Nació libre, libre en todos los sentidos que podía saber. Mientras obedeciera a su padre y cumpliera con las costumbres de su tribu, no estaba preocupado por las leyes del hombre o Dios. Fue solo cuando empezó a aprender que su libertad de niño era una ilusión, cuando descubrió como joven que su libertad ya le había sido quitada, que empezó a ansiarla. Al principio, cuando era estudiante, quería la libertad solamente para si mismo, la libertad temporal de ser capaz de quedarse fuera por la noche, leer lo que quería, e ir donde decidiera. Después, siendo joven, en Johannesburgo, anheló las libertades básicas y honorables de conseguir su potencial, de ganar su sustento, de casarse y tener una familia; la libertad de no ser obstruido en una vida legal. Pero luego vio que no sólo él no era libre, sino que sus hermanos y hermanas tampoco eran libres. Vio que no solo su libertad era reducida, sino que también la libertad de todos a quienes miraba lo era. Fue ahí cuando se hizo miembro del Congreso Nacional Africano (ANC), y fue ahí cuando el hambre por su propia libertad se hizo más grande por la libertad de su pueblo. Fue este deseo por la libertad de su pueblo de llevar sus vidas con dignidad y respeto las que animaron su vida, que transformaron a un joven asustado en uno atrevido, que hizo que un abogado respetuoso de la ley se hiciera un criminal, que convirtió a un amante marido padre de familia en un hombre sin casa. La libertad es indivisible; las cadenas sobre cualquiera en su pueblo eran cadenas sobre todos ellos, las cadenas sobre todo su pueblo eran cadenas sobre Mandela.

Fue durante esos largos y solitarios años que su hambre por la libertad de su propia gente se hizo un hambre por la libertad de todo el pueblo, blanco y negro. Lo sabía tan bien como sabía que el opresor debía ser liberado de la misma manera que el oprimido 10. Un hombre que se lleva la libertad de otro hombre es un preso del odio, está con llave detrás de las rejas del prejuicio y la estrechez de ideas. No se es realmente libre si se está llevando la libertad de otra persona, de la misma manera que no se es libre cuando la libertad nos es quitada. Tanto el oprimido como el opresor pierden su humanidad por igual.

Cuando salió de la prisión, esa era su misión, tanto liberar al oprimido como al opresor. Mandela pensaba que aún habiendo logrado el gobierno multirracial, no eran todavía libres; simplemente habían conseguido la libertad de ser libres, el derecho de no ser oprimidos. No se ha llevado a cabo el paso final del viaje, sino el primer paso en un camino más largo y aún más difícil. Porque ser libre no es simplemente romper las cadenas, sino vivir de manera que se respete y aumente la libertad de los otros. La verdadera prueba de esta dedicación por la libertad sólo estaba comenzando.

Mandela descubrió el secreto de que después de subir una gran colina, solamente se descubre que hay muchas más colinas por trepar. Asumiendo el gobierno multirracial, es como si hubiera tomado un momento para descansar, echar un visazo del glorioso panorama que lo rodeaba, mirar hacia atrás y ver la distancia que ha caminado. Pero la larga caminata no ha sido todavía terminada.


Foto Autor
Esta página fue hecha por Luis DALLANEGRA PEDRAZA

* Doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Grado, Postgrado y Doctorado en el país y en el exterior.  Director del Centro de Estudios Internacionales Argentinos (CEINAR) y de la Revista Argentina de Relaciones Internacionales, 1977-1981. Miembro Observador Internacional del Comité Internacional de Apoyo y Verificación CIAV-OEA en la "desmovilización" de la guerrilla "contra" en Nicaragua, 1990. Director de Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina, 2002-2005. Investigador Científico del "Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas" (CONICET).


© DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Modelo de Negociación Nelson Mandela-Gobierno Blanco Sudafricano: por un Gobierno Multirracial-Continuidad del Apartheid, Octubre del 2006.
Si querés opinar o consultarme, escribime a: luisdallanegra@gmail.com

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1 Este tema verlo más en profundidad en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Buenos Aires, Ediciones de la Universidad, 1998) ISBN: 950-99572-9-1, págs. 214-217.

2 El tema de la “democracia” como nuevo paradigma verlo en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Sistema Político Latinoamericano, en “Reflexión Política”, Vol. 5 Nº 10, Bucaramanga, Colombia, diciembre del 2003, ISSN 0124-0781, págs. 28-29.

3 Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Sistema Político Latinoamericano, en “Reflexión Política”, IEP-UNAB, Colombia, Vol. 5, Nº 10, diciembre del 2003, ISSN 0124-0781, págs. 28-30.

4 En esta Cumbre se establecen bases que dan lugar al fin de la segunda guerra fría; por lo que ya la URSS no es más el “enemigo” ni el problema es el comunismo. De esta forma, el gobierno blanco en Sudáfrica deja de constituir un bastión anti-comunista en el continente africano. Sin estas condiciones, difícilmente los gobiernos norteamericano o británico hubieran presionado al gobierno blanco sudafricano. Ver DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, El Orden Mundial del Siglo XXI, (Bs. As., Ediciones de la Universidad, 1998), ISBN: 950-99572-9-1, págs. 214-217.

5 Resulta válido para otros procesos, como el colombiano, por ejemplo.

6 Sistema al estilo británico.

7 Ver Documentos del Centro Carter y del Instituto de Diplomacia de Vías Múltiples, en “Perspectivas de Estados Unidos en Cuanto a la Solución de Conflictos”, Diciembre de 1996.

8 Weber, Max, Economy and Society: An Outline of Interpretative Sociology, (Berkeley, University of California Press, 1978).

9 Ex jefe de la Fuerza de Defensa Sudafricana, que quería unir organizaciones blancas conservadoras alrededor de la idea de un volkstaat, una patria blanca.

10 Sobre este pensamiento de Mandela ver también Freire, Paulo, Pedagogía del Oprimido, (Buenos Aires, Siglo XXI, 2002) ISBN: 987-1220-10-3.