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DIEZ
MANDAMIENTOS
DE LA POLITICA EXTERIOR
*
Se observan tanta cantidad de errores que cometen
los gobiernos, particularmente los latinoamericanos -sin perjuicio
de
otros- , en materia de política exterior, que, a
veces
parecen "jurídicas exteriores", otras "militares
exteriores";
en la mayoría de los casos son "reacciones" más
que
"acciones";
que creo resulta interesante tener en cuenta reglas básicas de
comportamiento
externo; al menos para tener en claro la diferencia que existe entre lo
que hacen la mayoría de los gobiernos latinoamericanos -y
otros-,
histórica o actualmente y lo que es en realidad política
exterior.
En este sentido hago una clara diferencia
entre
lo que es Política
Externa como "acción externa" y Política Externa
como
"solución de problemas".
En el primer caso se habla de acción
, a partir de los objetivos y las capacidades del actor emisor; en el
segundo,
se trata de una respuesta frente a impactos provenientes del
ambiente
internacional, que no han sido contemplados en los objetivos
básicos
ni en el proyecto de país. Obligan a reaccionar al actor, en
función
de objetivos que otros persiguen o de acciones que otros provocan. Los
paises subdesarrollados o en vías de desarrollo, en muchas
oportunidades
mantienen una política exterior que se funda en "reacciones"
más
que en "acciones"; aunque esto no es monopolio de los paises
subdesarrollados;
la forma en que el mundo industrializado debió "reaccionar"
frente
al "impacto OPEP" es un ejemplo de lo que quiero significar,
teniendo
desde ya -con cierto tiempo de demora-, la posibilidad de
revertir
el proceso -v.gr., el desarrollo de tecnologías
energéticas
alternativas-; posibilidad que generalmente -por incapacidad,
falta
de visión de sus dirigentes, carencia de alianzas
fortalecedoras,
etc .- no tienen los paises subdesarrollados o en vías de
desarrollo.
ACERCA DEL REALISMO
POLITICO
A. CUATRO REGLAS FUNDAMENTALES
1. La diplomacia debe despojarse de su
espíritu
de cruzada.
Si se quiere la guerra lo mejor es alimentar
una doctrina.
2. Los objetivos de la política
exterior
deben definirse en términos de interés nacional y deben
ser
apoyados con poder suficiente.
Se entiende que el poder es el propio
más
el de los aliados. (Los aliados son aquellos que tienen similares
capacidades
y valores y objetivos en común y manifiestan la voluntad de
actuar
en común. No existe alianza entre desiguales).
3. La diplomacia debe observar el escenario
político
desde el punto de vista de otras naciones.
¿Cuál es el interés
nacional
de otras naciones y cuál el grado de compatibilidad con el
nuestro?
4. Los Estados deben estar conformes en
negociar
en todos aquellos casos que no les son de vital importancia.
En aquellos temas en que los intereses de dos
o más Estados encuentran ciertos espacios comunes y/o mezclados,
debe cuidarse que la otra parte no absorba totalmente ese espacio
dentro
de su órbita.
Un Estado puede considerar objetivamente los
intereses
nacionales de la otra parte, sólo cuando está seguro de
sus
propios intereses.
Un compromiso, cualquiera que sea, es
imposible
de alcanzar, si cualquiera de las partes no está segura de
cuáles
son sus intereses.
En lo que hace a la ética
política,
el primer compromiso de un gobierno es con su pueblo y no con los
pueblos
del mundo.
B. CINCO PRERREQUISITOS DEL COMPROMISO
5. Ceder la sombra de derechos sin valor
por
la sustancia de una verdadera ventaja.
Una diplomacia que piensa en términos
legalistas y propagandísticos, está particularmente
tentada
a insistir en la fraseología de la ley en términos que se
ajusten a la forma en que ella la interpreta y en perder de vista las
consecuencias
que dicha insistencia puede llegar a tener en su país.
La alternativa no está en la
"legalidad"
o "ilegalidad" sino entre la necesidad y la prudencia política.
El primer compromiso de un gobierno es con su pueblo y no con los
pueblos
del mundo.
6. No colocarse nunca en una posición
de
la que no se pueda regresar si no es con pérdidas y en aquella
de
la que no se pueda avanzar si no es con grandes riesgos.
Las actividades de un gobierno deben medir
siempre
las consecuencias políticas.
7. No permitir jamás que un aliado
tradicional
u ocasional tome decisiones por nosotros.
Se pierde la libertad de acción al
identificar
el interés nacional con el del aliado, ya que la política
exterior terminará orientándose en el sentido que
éste
imponga, ejerciendo un control peligroso.
8. Las fuerzas armadas son instrumentos y no
dirigentes
de la política exterior.
La política exterior no puede basarse
en técnicas o instrumentos militares ni centrarse en
hipótesis
de conflicto exclusivamente militares.
La guerra es un instrumento de la
política
exterior, pero no el único ni el más importante
9. El gobierno es el dirigente de la
opinión
pública, no su esclavo.
Los objetivos de la política exterior
deben orientarse en el terreno de lo racional, las preferencias de la
opinión
pública se manejan con argumentos emocionales.
El objetivo de la política exterior
no
es obtener el aplauso de las masas sino lo mejor para la nación.
10. La política exterior -como la
política
interna- no puede ser la expresión de un mero pragmatismo,
sino
la "praxis" de un plan concientemente elaborado que atienda al
interés
nacional.
Quienes no cumplen o desprecian los anteriores
principios, caen en el error que plantea éste y tienen una gran
tendencia a manejarse con el "intuicionismo", en un mundo en el que las
relaciones entre los actores es cada vez más compleja,
sometiendo
al país a un destino en el que el azar predomina por sobre la
posibilidad
real de logro de los objetivos.

Esta
página fue hecha por © Luis
DALLANEGRA
PEDRAZA
Doctor en Ciencia
Política y Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de
Rosario, Argentina). Profesor y Evaluador en Cursos de Postgrado y
Doctorado en el país y en el exterior.
Investigador Científico del
"Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas" (CONICET).
Si querés opinar o
consultarme, escribime
a: luisdallanegra@netizen.com.ar
*
Hans
J. MORGENTHAU, Política de Poder entre las Naciones: La
Lucha
por el Poder y por la Paz, (Buenos Aires, Sudamericana, 1963), Cap.
XXXI.
El punto 10. fue incluido por mí, siguiendo el mismo criterio
realista.
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